El 11 de septiembre nos ha dejado una lección que es obligatorio no olvidar: “Primero se siembra el terror –el miedo a la muerte/a la inseguridad– y luego, con el terreno allanado por el pánico, se doblega a cualquier sociedad a la sumisión y a la obediencia”.

Así sucedió el 11 de septiembre de 1973, cuando a partir del golpe de Estado de Augusto Pinochet se sometió a la sociedad chilena al laboratorio del neoliberalismo diseñado por Milton Friedman. Como lo explicó Naomi Klein: en el momento en que una sociedad vive aterrada, obligada a pensar meramente en su sobrevivencia, en “estado shock”, ahí es cuando se aprueban medidas que le son claramente perjudiciales.

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Una vez probado el experimento neoliberal en Chile, el modelo se replicó, primero, en Estados Unidos (Reagan) y el Reino Unido (Thatcher) para luego imponerse en el mundo entero.

Lo mismo sucedió hace 15 años, el 11 de septiembre de 2001, aunque no fue un ensayo económico sino de control y sometimiento de la voluntad social.

Recordemos los hechos: luego del atentado, en apenas un mes y medio, el Congreso aprobó y el presidente George Bush (hijo) promulgó la llamada Acta Patriótica. Fue un trámite tan rápido que varios legisladores admitieron luego no haber leído lo que votaron. Se trata de una de las leyes de vigilancia interna más abusivas en la historia de EE UU. Autoriza a hacer allanamientos sin autorización; a obtener datos financieros o médicos; a vigilar los libros que sacan los estudiantes de las bibliotecas; a pinchar los teléfonos, en fin, a espiar a organizaciones e individuos por cualquier sospecha.

El subtexto que deslizaban los medios y los políticos al pueblo norteamericano en aquel momento era: “Si Ud. quiere vivir seguro debe ceder libertades”. Así es como los ciudadanos empezaron a aceptar ser investigados y los inmigrantes a ser arrestados sin causa aparente y por tiempo indeterminado.

Si miramos la historia queda claro que la decisión de un mayor control interno antecede a los atentados del 11-S. Con la llegada de Bush II a la Casa Blanca, el 20 de enero de 2001, el uso de la fuerza pasó a ser un punto central de la política interior y exterior norteamericana. Y así se inició la era del militarismo unilateral que tenía como objetivo imponer los intereses y modelo norteamericanos a nivel global.

Como en el caso de Chile, este ensayo de dominación interna también fue exportado y busca imponerse en el mundo entero. En Francia y el resto del Europa, el disparador fue el ataque a la redacción de Charlie Hebdo, el 7 de enero de 2015. El día 11, el ministro de Justicia norteamericano, Eric Holder, estaba en París reunido con los ministros de Interior europeos y haciendo declaraciones como dueño de casa.

Esta es la lección que nos dejó el 11 de septiembre y que es obligatorio no olvidar: “Se siembra la inseguridad para avanzar sobre nuestros derechos y libertades”. El nuevo modelo adopta el nombre de “Estado de emergencia o estado de excepción”. ¡Cuidado! También quiere instalarse en Argentina.

*Autora de Territorios Vigilados. Cómo operan las bases militares norteamericanas en Sudamérica.