La organización madre del yihadismo sigue en pie. A pesar de que su nombre haya pasado a un segundo plano en los medios occidentales, el accionar de Al Qaeda continúa golpeando en el mundo. Si bien el asesinato de Osama Bin Laden, hace más de diez años, y el surgimiento del Estado Islámico después, disminuyeron tanto sus filas como su capacidad operativa, y también que nunca pudo replicar un atentado de la magnitud del 11-S. Pero el mayor poder de Al Qaeda reside en la vigencia para inspirar a otros y sacar provecho de realidades convulsas.

“Al Qaeda, que tenía una presencia territorial muy clara en Afganistán, se disgregó tras el ataque militar de EE UU en 2001. Hizo que se convirtiera en una especie de franquicia y comenzaran a aparecer sedes en el Magreb y en la Península Arábiga. Y aquellos que se sentían atraídos por la organización y sus ideales, sin parte ser parte, realizaron atentados en nombre de Al Qaeda”, señala Paulo Botta, analista especializado en el llamado Gran Medio Oriente.

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Dos décadas atrás, cuando una célula de Al Qaeda concretó el ataque que el entonces presidente George W. Bush insistía en atribuirle a la supuesta mente brillante y los dólares de Bin Laden, algo despertó en muchos musulmanes. La posibilidad de una guerra santa contra Occidente parecía al alcance de la mano. Una euforia sacudió a los radicalizados. La posterior invasión de EE UU a Afganistán, donde los talibanes daban refugio a los líderes de Al Qaeda, sólo alimentaría el fuego. “Si Al Qaeda es un punto, de ahí parte un primer anillo de los que se sienten cercanos, y un segundo anillo de aquellos que se sienten inspirados”, asegura Botta. Por su parte, el politólogo Julián Aguirre la considera “una organización de organizaciones”. “Es una red con muchos núcleos. No se expande, sino que acuden grupos ya constituidos. Frustrantes para los paradigmas que buscaron enfrentarla, bajo la lógica del control territorial para un grupo que no tiene una base territorial y la eliminación de liderazgo para un grupo con liderazgos descentralizados”.

La red terrorista impuso sus términos e inauguró un lenguaje que hablaba de combatir infieles: un proyecto de yihad global, absoluto y capaz de redimir a la humanidad. Ese deseo apenas se aquietó porque “perduran las condiciones que permiten a las organizaciones insurgentes ser vistas como una alternativa válida por muchos sectores sociales”, continúa el experto que enumera “la represión política, las redes aceitadas de financiamiento y contrabando de armas, la injerencia de actores extranjeros, estatales o privados, y el rol contenedor de las instituciones religiosas en contextos de colapso del Estado, marginalización y pauperización de la vida”.

Sin embargo, hay más que mística para consumo de los fieles. Grupos como Al Qaeda ganaron músculo durante la invasión soviética a Afganistán, que congregó a los fundamentalistas formados en la visión ultraconservadora del islam. Estos muyahidines como Bin Laden, un multimillonario heredero saudí, recibieron entrenamiento y dinero de la CIA en los 80. Era la guerra fría y Washington buscaba frustrar a cualquier costo la ofensiva de Moscú. En efecto, Al Qaeda es producto de las redes de contactos, donantes, predicadores y reclutadores que construyó en tierra afgana.

Los fundamentalistas tenían un mensaje vencedor y un método legitimado que ofrecer. Podía tomarlo quien estuviese comprometido con la yihad. El modelo Al Qaeda, guió a los grupos yihadistas que irónicamente hoy desafían su predominio. “Los tres grupos fundamentalistas más importantes son los talibanes, Al Qaeda y el Estado Islámico-Khorasan. Todos confluyen una vez más en Afganistán. Los talibanes recuperaron Kabul a finales de agosto y esta semana Al Qaeda les expresó su respaldo. Al respecto, el profesor de la UCA destaca que “los talibanes están mucho más contentos pensando en convertirse en un Estado con legalidad y legitimidad internacional, y Al Qaeda va a aprovecharse de eso para fortalecer su estructura”.

Para ambos, el enemigo en común es el EI-K, la facción afgana del grupo que logró fundar un efímero emirato en partes de Siria e Irak, y que atentó contra el aeropuerto de Kabul (mató a unos 170 civiles y 13 soldados de EE UU). Aguirre apunta una diferencia estratégica: mientras  EI se propuso edificar un orden islamista y construir poder territorial, Al Qaeda se mostró siempre más reactivo. Pero el proyecto del EI fracasó, y fortaleció la estructura descentralizada de Al Qaeda”, opina.

“Estos tres grupos son el paradigma de lo diverso del fenómeno yihadista. Al Qaeda es más bien una alusión a un discurso que una estructura firme, que le permitió sobrevivir y reorganizarse. EI nace de Al Qaeda, encontró un nuevo orden territorial nuevos límites de brutalidad, con legado destructivo. El movimiento talibán disputa algo específicamente afgano a diferencia de la guerra global de Al Qaeda o el califato universal del EI”, dice Aguirre. Pese a los competidores y los repliegues tácticos, Al Qaeda capitalizó una historia que coronó con el 11-S. La espectacularidad de la acción se debía, a ojos de los fanáticos, a la osadía de los mártires. Bastó para alentar una guerra global, normalizar el terrorismo y nutrir a expresiones sanguinarias como el EI. En respuesta, los países se previnieron adaptando políticas de seguridad y defensa a la lucha antiterrorista y sofisticaron sus aparatos de inteligencia y vigilancia. El ataque más certero de Al Qaeda también impuso sus propios límites.   «

Spike Lee y las teorías conspirativas

¿Hubo un ataque terrorista el 11-S? Son muchos los que se tomaron su tiempo para analizar los datos, los videos y rechazan la versión oficial de los hechos. En EE UU hay dos grupos importantes, Arquitectos e Ingenieros por la Verdad del 9/11 y el Comité de Abogados por una Investigación del 9/11, que buscan información creíble de lo que ocurrió.

La sospecha de que hubo demoliciones controladas en ambos edificios parte del testimonio de William Rodríguez, que era el conserje del World Trade Center y logró salvar la vida de casi medio centenar de personas atrapadas en el derrumbe. Él asegura que escuchó explosiones en el sótano antes del impacto de los aviones.

Algunos de ellos hablaban en el documental NYC Epicenters 9/11 2021½ (Nueva York epicentro del 9/11 y la pandemia) dirigido por Spike Lee. La plataforma HBO le exigió cambiar el capítulo donde les da cámara a esas voces. “Estoy de vuelta en la sala de montaje y examino el octavo y último capítulo de NYC. Les pido respetuosamente guardarse cualquier juicio hasta ver la versión final”, pidió el director de Haz lo correcto.