Los discursos de odio en Argentina y el resto del mundo, algunos de ellos muy añejos, adquieren nuevas formas de reproducción social. Diferentes colectivos sociales, etarios, políticos, o simplemente la otredad, padecen persecuciones, estigmatizaciones y diversas formas de violencia, azuzadas por usinas que intentan generar legiones de odiadores.

“¿Qué hacemos con los discursos de odio?”, fue la pregunta de fondo que planteó Agenda Argentina, iniciativa conjunta de una nueva generación de colectivos de pensamiento crítico, para organizar un foro virtual, a través del canal de Youtube del espacio, dividido en ocho bloques, con más de cinco horas de trabajo y debates, y que contó con alrededor de cinco mil participantes de manera remota.
Así, parte de las respuestas giraron en torno a la necesidad de una mayor convivencia democrática, acciones dirigidas a las usinas generadoras de odio, y un llamado a la responsabilidad a referentes, funcionarios, comunicadores y referentes del debate público.
En este marco, el Jefe de Gabinete Santiago Cafiero, durante el cierre de la actividad, planteó: “El discurso de odio busca anular al otro. Este discurso en redes sociales tiene un tono impersonal, pero el problema es cuando se traslada a la arena pública, donde ya no son anónimos y hay muchos y muchas con responsabilidades institucionales. En democracia esto es riesgoso, más con un país que tiene una historia de violencia política muy fuerte. Cuando sembrás odio, vas a cosechar odiadores, y es lo que termina pasando en las calles, donde todo se empieza a agravar”.

En esta línea, el funcionario nacional recordó que el peronismo resultó, en más de una ocasión, objeto de odio a lo largo de la historia argentina. “La particularidad que tiene este tipo de práctica en Argentina es que estos discursos son violentos hacia las mayorías, como el peronismo y los feminismos. Buscan confrontar con sujetos sociales muy amplios. Por eso tenemos que tener en cuenta a las juventudes, que tienen cierta permeabilidad, son vulnerables y pueden ser un campo muy fértil sobre el discurso del odio porque son discursos simples pero peligrosos”, alertó. “Al discurso de odio en democracia se lo contrapone con más democracia, más debates, más propuestas y más ideas”, definió.

Llamado a la responsabilidad

La ministra de Seguridad nacional y antropóloga, Sabina Frederic, efectuó un llamado a la responsabilidad de los funcionarios, referentes políticos, periodistas y moderadores del debate público, para evitar la circulación de esos discursos. “Hay una responsabilidad superior de estos actores que hay que subrayar, para que no se reproduzca la virulencia del discurso, para que haya una narrativa más inclusiva, más tolerante, más plural, que habilite el intercambio de ideas y, sobre todo, el reconocimiento de los intereses que están atrás de esos discursos”, alertó.

En la misma línea, la socióloga e historiadora feminista Dora Barrancos sostuvo que “es importante distinguir a los y las emisores” de estos discursos. “Las derechas odiadoras han propuesto dos cosas nuevas: el anti feminismo y el odio a las disidencias. Hay que ver los escenarios para entender al odio”.

“Lo que tenemos que proponer es una acción, que se determine a quien sabe minar los cauces profundos de ciertas frustraciones, que hacen un efecto psicosocial. Tenemos una gran responsabilidad gubernamental. Los odios en nuestro país transitan en formas personalizadas”, completó la asesora presidencial.

La titular del INADI, Victoria Donda, se refirió a los dichos de la ministra de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, Soledad Acuña, contra los docentes de las escuelas públicas: “El racismo es un modelo político y económico. Después viene acompañado de la cuestión cromática. Cualquier tipo de expresión que estigmatice a un determinado grupo de la sociedad, lo que busca es que se odie a ese sector, que tiene que ver con el modelo económico y político de quien está hablando”.

Convivencia democrática
El antropólogo y asesor presidencial Alejandro Grimson remarcó que “la necesidad que tenemos en el presente, es la de un futuro colectivo, para lograr un objetivo central, que es tener una alta intensidad de convivencia democrática en contra de los discursos de odio”.

En la misma sintonía, el filósofo, escritor y docente Darío Sztajnszrajber convocó a “no caer en la paradoja: no odiar a los que odian, porque si odiamos a los que odian, gana el odio”.  Agregó, a su vez, que “si bien el odio es la anulación del otro, también preocupa cuando el amor, que se supone lo inverso, termina anulando al otro”.

Nahuel Sosa, sociólogo y referente de Agenda Argentina, explicó los motivos de la convocatoria: “Organizamos está jornada porque el odio, los discursos de odio, y sus prácticas, crecen día a día como fenómeno social, y atacan muchas de las conquistas de nuestra democracia”.

“Los discursos de odio niegan al otro, cuestionan cualquier tipo de igualdad y justicia social, y estigmatizan a grupos sociales. El mayor éxito de un odiador es que su víctima también odie, por eso debemos desplegar respuestas alternativas. Estamos discutiendo si la salida de esta pandemia es con más discursos de odio, o con más Estado, democracia e igualdad”.  La legisladora porteña del Frente de Todos, Ofelia Fernández, remarcó la “degradación de los debates” a través de los discursos de odio, que tienen a la mentira como un componente fundamental.

“Es una forma de aleccionarme a mí, pero que sirve para aleccionar a todas las pibas y los pibes que piensan en animarse, en participar, en ser líderes”, expresó. Fernández, también, propuso dejar de confrontar y legitimar esos discursos, para evitar que se “corra con éxito” el debate de ideas de la agenda pública.