A pocas semanas del escándalo que desembocó en la renuncia de Valentín Díaz Gilligan al cargo de subsecretario de la Presidencia, por haber sido acusado de tener una cuenta no declarada en Andorra por 1,2 millones de dólares, otro funcionario del gobierno de Mauricio Macri quedó en el ojo de la tormenta por un potencial caso de corrupción. En este caso se trata del jefe de los espías, el titular de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), Gustavo Arribas, hombre de confianza y amigo personal del presidente. 

Al igual que en el caso Gilligan, los problemas de Arribas vienen desde el exterior. La Policía Federal de Brasil reiteró la acusación que en su momento había hecho el arrepentido Leonardo Meirelles, que lo había acusado al jefe de la AFI de haber recibido 850 mil dólares por parte de la empresa Odebrecht. 

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El escándalo produjo un efecto político inesperado: el Frente para la Victoria y Elisa Carrió coincidieron, por distintas vías, en impulsar una investigación sobre uno de los hombres del gobierno más cercanos a Macri, al punto de que alquila el departamento personal del presidente.   

Los diputados nacionales del FPV- PJ, por su parte, presentaron un pedido de interpelación al director general de la AFI, «a fin de que proporcione explicaciones sobre su supuesta vinculación con la «Operación Descartes», derivada del megacaso de corrupción Lava Jato, en la que, según la Policía Federal de Brasil, habría recibido un depósito de 850 mil dólares provenientes de operaciones ilícitas».

Y Elisa Carrió, mientras el jefe de Gabinete, Marcos Peña, respaldaba al jefe de Inteligencia, presentó dos escritos en Tribunales para solicitar que se investiguen las noticias policiales que llegaron desde el país vecino. «