Ping pong con Fabián Vena: “Cuando juega River me transformo en un ser infrahumano”

Por: Nicolás Peralta

Fabián Vena repasa una carrera atravesada por la televisión y su obsesión por el teatro. También habla su forma de sentir el fútbol, la docencia y la cocina.

Su carrera comenzó en la pantalla de Canal 9 en Socorro, quinto año, que se emitió a principios de los ’90. Pero Fabián Vena tuvo a lo largo de su carrera muchos éxitos: La banda del Golden Rocket, Verdad consecuencia y Resistiré, entre tantos otros títulos que lo volvieron un actor muy popular.

Su compromiso con la profesión lo llevó a ser parte de más de 50 obras de teatro, a involucrarse en profundidad en la docencia y trabajar siempre, sin detenerse. “Actuar es mi vida, una obsesión hermosa que me mantiene siempre activo”, afirma.

-Empezaste a trabajar muy joven.

-A los 13 o 14 años ya estudiaba teatro. Me empecé a formar profesionalmente a los 17 y ya debuté ese mismo año. En mi segundo año de estudios hacía tres obras en el mismo día, dos infantiles y una de adultos. Al año siguiente tuve la posibilidad de hacer un casting para televisión y ahí empezó mi carrera. Tuve la suerte de que se me apareciera una vocación muy joven.

-¿La televisión fue muy importante para vos?

-Fue un lugar extraordinario para poner de manifiesto lo que me gustaba hacer, en términos de contar una historia y de actuar. Es un medio alucinante, aunque puede que esté en sus últimas horas de vida. En su momento había un prejuicio de que el buen actor era solo de teatro, pero me di cuenta de que podía actuar de la manera que yo quisiera o de la que me proponía, y que solamente salía por televisión, y que hay que estar atento a algunas cuestiones técnicas propias del lenguaje de cada formato. Igual, si tengo que elegir, lo tengo muy claro: el teatro siempre ha sido mi motor, mi guía y el lugar en el que siempre estoy y estaré.

-¿La docencia también te apasiona?

-Hace diez años que tengo mi propio estudio de actuación. Dar clases me hace sentir bien. Me reconforta, me apasiona, tanto como actuar. Me hace pensar en teatro todo el día.

-Por fuera de lo teatral, ¿qué te gusta hacer?

-Tengo una deformación profesional. Todo lo veo siempre con ojos de actor. Todo lo veo como si fuera una obra o una peli. El teatro ha disciplinado mi forma de vida. Todo se hace sabiendo que tengo una obra a la noche o que tengo que dar clases. Soy medio un embole (risas). Al ser actor hay que cuidar el cuerpo, la voz, la mente y hasta tu emocionalidad. Pero con los años me di cuenta de que no todo pasa por ahí.

-¿Pero qué te gusta?

-Me gusta cocinar en familia. Hace no mucho me detectaron celiaquía y eso también me cambió. Yo era totalmente caótico a la hora de comer. Hoy es muy importante prepararme en ese aspecto. Me gusta cocinar para mis hijos, mis hijas, y tengo la obligación de cocinarme a mí mismo. Entonces ahí hay una conexión. Como en otras cosas…

-¿Qué cosas?

-Escucho mucha música, soy del jazz clásico, pero también Ástor Piazzolla, Sui Generis y alguna que otra cosita. Me informo, trato de leer todo lo que puedo, pero leo mucho teatro. Hay lecturas inevitables: Shakespeare, Chejov, Tennessee Williams. Pero están, por ejemplo, Bertolt Brecht, Enrique Santos Discépolo o Tito Cossa.

-¿Qué libro te marcó?

-Siempre digo lo mismo: Rayuela apareció en un momento clave de mi vida, en un momento de búsqueda, y me permitió encontrarle el gusto a descubrir cosas nuevas. Me dejó una fascinación por lo mágico. Fue lo primero que leí de Cortázar.

-¿Cine o series?

-Las dos cosas. Veo series, me encantan; veo películas; cada vez que puedo veo teatro también. Siempre es una gran salida.

Foto: Archivo Tiempo Argentino

-¿Cómo te llevás con la fama?

-Te acostumbrás. Y hoy en día tampoco es que no puedo caminar por la calle. Soy conocido, pero tampoco tanto. Por suerte viví toda esa época de locura de joven. Es la época en la que se está formando tu personalidad, tu carácter, tu manera de ver la vida, y me agarró bien parado. Yo ya sabía que, pasara lo que pasara con mi laburo, tenía claro qué era lo importante: tenía reglas éticas del trabajo. Me las enseñaron muy bien. Y nunca perdí el foco.

-¿La pasaste bien?

-Por supuesto. Tenía 20 años e hice un millón de quilombos y viví lo que tenía que vivir, con errores y con aciertos, pero nunca se movió mi objetivo. Pero yo también soy fan, entonces los entiendo. Yo me cruzo con Enzo (Francescoli) o con el Muñeco Gallardo y me derrito, no sé qué decir, les pido una foto y les agradezco por lo que me dieron.

-Sos muy hincha de River.

-Sí, sí. Soy medio loco. Para mí es un sufrimiento total. Prefiero estrenar una obra con poco ensayo antes que ver un clásico o que mi equipo esté en instancias de definición. Cuando juega River me transformo en un ser infrahumano (risas). No me funciona ninguna conexión neuronal cuando empieza a rodar la pelota. Ahí todo es esoterismo y emocionalidad. Me encanta dedicarme a ser hincha. «

Ping pong con Fabián Vena

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