El Banco Central dice que la morosidad en la Argentina está en cifras récord: que los pagos atrasados en tarjetas de crédito y préstamos personales llegaron a 11,7 y 14,2% del total respectivamente en marzo. Un reporte de la Cámara Argentina Fintech muestra que la morosidad en préstamos de billeteras virtuales superó el 30 por ciento. Otro, de JP Morgan, refleja que los atrasos en pagos de más de 90 días escalaron al 8,7% en créditos de Mercado Pago: un año antes estaban en el 1,8 por ciento.

Un informe de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia advierte que la irregularidad bancaria en créditos a familias se cuadruplicó en un año y que ya son más de 6 millones los adultos con dificultades para pagar sus créditos, préstamos y tarjetas. Pero detrás de los números están las historias y los pesares invisibilizados por el Gobierno que solo habla de una «macro» cada vez más ficcional.

Dice el refrán que mal de muchos, consuelo de tontos. El dato de que deudas millonarias afectan a millones de personas desdibuja el impacto concreto que tiene el aumento de la morosidad en la vida cotidiana de los hogares. Cuando lo que empieza con el pedido de un extra para llegar a fin de mes crece hasta convertirse en una rueda que aplasta solo a fuerza de intereses, el endeudamiento penetra en la lógica familiar y la resquebraja. Como les pasó a Paola Relea y Vanina Lescano.

Familias endeudadas: un drama social al borde de estallar
Foto: Diego Martínez

«Ya es imposible de pagar»

Paola alquilaba un departamento en Caballito. Lo compartía con su hija adolescente y con una hermana. Trabaja en relación de dependencia como administrativa desde hace seis años, pero desde que comenzó el gobierno de Javier Milei el sueldo dejó de alcanzarle. La primera vez que tomó deuda fue para pagar alquiler y expensas. La rueda empezó a crecer. “Me endeudé con el banco donde cobro el sueldo y con billeteras virtuales como Ualá. Más que nada, con la tarjeta. Hoy debo arriba de 7 millones de pesos”, lamenta. Con ingresos fijos de 500 mil pesos y sin cuota alimentaria por parte de su exesposa, debió dejar el departamento que rentaba y mudarse a la vivienda familiar.

La casa era de su mamá, quien falleció de cáncer y pasó su última etapa reclamando para conseguir su medicación, cuenta Paola. En esa vivienda de Mataderos ya conviven 13 personas, entre hermanos, sobrinos e hijos. “Estamos todos con deudas. Mi hermano con discapacidad tuvo que empezar a trabajar como bachero porque no le alcanza con la pensión. Otro hermano labura prácticamente 24 horas haciendo viajes con Didi para mantener a sus hijos. Hay peleas a diario y ya notamos cambios en el estado de salud por trabajar tanto”, describe Paola. Además de su empleo formal colabora en un comedor comunitario. Ahí la ayudan con una ración de comida.

Para ella y los suyos, el endeudamiento llevó al hacinamiento. Para la familia de Vanina Lescano, en cambio, se tradujo en distanciamiento y desamparo. Vive en la capital de Santiago del Estero junto a su hijo Cristian, de 13 años. El nene tiene síndrome de Prader-Willi, un trastorno genético poco frecuente, y es electrodependiente. Solo se alimenta con una leche especial cuyas latas cuestan más de 180 mil pesos. Cada lata dura un día y medio. Desde que se interrumpió la entrega por parte de Incluir Salud, la familia comenzó a hacer rifas, pedir donaciones… y endeudarse.

“Tenía un maxikiosco. Lo tuve que cerrar. Salía a hacer Uber, pero me chocaron y no tenía seguro. Perdí el auto. Tuve que sacar préstamos con Tarjeta Naranja, con Dinámica y otras así, además de Mercado Pago. La situación se fue agravando. Ya son incontables las deudas. Seis millones solo con una tarjeta. Es imposible de pagar. Y la prioridad sigue siendo mi hijo, que necesita sus leches todos los días”, remarca la mujer.

Su marido y uno de sus hijos no tenían trabajo en Santiago del Estero. Se mudaron a Mar del Plata, donde consiguieron empleo como ayudantes de albañilería. Otro se fue a México a probar suerte y otro se mudó a la casa de su abuela. Ella quedó sola con su nene de 13. “Hemos tenido que disolver la familia porque era imposible sostenernos. No podíamos comer. Hemos tenido que decidir cosas que nunca pensamos que haríamos. Dentro de todo, antes vivíamos bien. Hoy estamos en la clase más baja. La situación es dolorosa. Sobre todo porque he votado a este presidente, creyendo que podía hacer algo mejor”, confiesa Vanina. Y llora.

Familias endeudadas: un drama social al borde de estallar
Foto: Diego Martínez

Derrumbados

El informe de Estudios Económicos Banco Provincia resume que el aumento de la irregularidad de la cartera de las familias no se explica por malas decisiones individuales, sino como un resultado de la dinámica macro: «menos poder de compra, menos puestos de trabajo y más desempleo traen más problemas para repagar deudas”.

Según ese reporte, 4 de cada 10 jóvenes de hasta 25 años que tomó un crédito bancario y no bancario tiene problemas para repagarlo. Su morosidad más que duplica a la media de la sociedad. Se trata del grupo etario con mayor aumento del desempleo en el último tiempo. La tasa de desocupación creció 3,7 puntos porcentuales entre varones menores a 24 años, llegando a 16,2% en el cuarto trimestre de 2025, y 3 puntos en las mujeres (16,8%).

Fernando Pérez tiene 58 años y sacó su primer préstamo en 2025. Le pidió tres millones de pesos a su banco, porque no llegaba a fin de mes. Lo usó para compras de supermercado. Paga 300 mil pesos por mes para devolverlo con intereses. Hace tres meses, el cuadro se agravó: perdió el empleo que tenía desde hacía 21 años en una pyme. La indemnización se está yendo en devolver el préstamo y comer. “Espero que salga algún trabajo. Soy de los que hace cuatro o cinco cuadras de fila cuando hay un puesto, y me la paso mandando currículums. Pero a mi edad es difícil”, suelta. De sus ingresos dependen su esposa y su hijo con discapacidad.

En otros casos, el endeudamiento crece aún sin pérdida de empleo. Cuando una situación inesperada obliga a gastos que hacen colapsar presupuestos sin margen. Como le pasó a Gerardo Subero. Cumplió 40 años el día después del derrumbe en el complejo Estación Buenos Aires, en Parque Patricios. Al drama se sumaron las deudas.

“La situación ya venía compleja. Nos daba cierta estabilidad estar pagando un crédito bajo. Pero todo se complicó. Para cuidar nuestra salud mental, sobre todo la de mi nene de siete años y por recomendación de su psicóloga, buscamos otro departamento para alquilar. Ahí nos empezamos a endeudar con la tarjeta”, relata. También le pidió prestado a un familiar, y va devolviendo de a poco. En otros casos el círculo vicioso supera la línea de familiares y amigos y caen en prestamistas.

Gerardo es empleado de comercio con 20 años de antigüedad. Gana menos de un millón y medio de pesos. Paga 850 mil entre alquiler y expensas. Antes complementaba sus ingresos con viajes para plataformas los fines de semana, pero su auto quedó sepultado por el derrumbe. Su compañera tiene un local de manicuría: “Mantiene su clientela, pero bajó mucho. Con la gente que hablo, está complicada. Se perdió mucho poder adquisitivo, mucha gente quedándose sin trabajo. Quien antes tenía un manguito, ya no. Quien antes se hacía las uñas con mi señora, hoy no. Nos vamos perjudicando todos”.

Paola, Vanina, Fernando y Gerardo son parte de las 6 millones de personas con problemas de endeudamiento hoy en Argentina. Ellas y ellos aceptaron contar sus historias para visibilizar la situación. Otros tantos prefieren reserva. Como si cargar con el peso de un modelo que endeuda se transfomara, encima, en una cuestión vergonzante. «

Familias endeudadas: un drama social al borde de estallar
Foto: Antonio Becerra
«Vemos gente desesperada»

Claudia Collado, presidenta de Acción del Consumidor (Adelco), dice que hay demasiadas mediciones sobre morosidad, que algunas son muy parciales y por eso solo se basa en registros propios para describir: “Tenemos un termómetro. Cuando la gente escribe, llama, empezamos a ver que hay un problema. No puede ser que recibamos tanta cantidad de consultas, más de diez por día. Tenemos las redes y el mail explotados”.

“Hay gente que se endeuda teniendo capacidad de pago, pero se queda sin trabajo y ya no puede pagar la cuota del electrodoméstico. Otro ejemplo extremo: muchas consultas de gente que venía pagando bien, pero se enferma un familiar y tiene que destinar todo al tratamiento médico”, plantea. “Vemos casos de gente desesperada, que llama porque ya no sabe qué hacer. Por enfermedades y despidos hay un montón. Hay más oferta de crédito, mucha gente perdió su trabajo, las emergencias familiares no se pueden manejar. Es un combo y la gente se endeuda”, resume.

Además del aumento de endeudamiento, ve una suba del hostigamiento en los reclamos de devoluciones. “Es lógico que una empresa dé su cartera de morosos a un estudio jurídico porque quiere cobrar. Pero una cosa es que llamen en un horario coherente, y otra es que llamen a cualquier hora, a distintos miembros de la familia. Hay hijos que no saben cuáles son las deudas de sus padres y los llaman al trabajo. Va en contra del trato digno que plantea la Ley de Defensa del Consumidor”, afirma Collado.

Cuenta el caso extremo de una persona que fue abordada en un negocio cercano a su vivienda, por alguien que le reclamaba que salde sus deudas bajo amenaza de quitarle casa y auto. Desde Adelco ([email protected]) instan a denunciar esas prácticas en espacios de defensa del consumidor: los hostigamientos pueden ser multados. También existe la vía judicial, pero suele ser inaccesible para quien ya está en una situación de morosidad.

 

Kit moroso

El presidente del Banco Central (BCRA), Santiago Bausili, aseguró semanas atrás que el Gobierno no tomaría medidas para auxiliar a las familias endeudadas. Pero los datos de aumento de morosidad son inocultables y preocupan. A tal punto que el Banco Nación lanzó un paquete de herramientas financieras para clientes con dificultades para cumplir con sus compromisos económicos. El “kit de soluciones” incluye opciones de refinanciación, consolidación de deudas y extensión de plazos de pago.

En tanto, hay proyectos de ley en el Congreso que apuntan a darle un abordaje general a la situación, como el que presentaron recientemente Itaí Hagman y Natalia Zaracho, de Patria Grande. La iniciativa Régimen Esencial para el Desendeudamiento (RED) propone crear un régimen especial para auditar y reestructurar deudas familiares, con un fondo público financiado en parte por el sector financiero. Se basa en la concepción de que el aumento de endeudamiento y morosidad no tiene que ver con dificultades individuales, sino con una problemática masiva y social.