Faltan cinco días para un nuevo aniversario del primer Ni Una Menos y nos enteramos del femicidio de Agostina Vega. No sólo eso. Hemos visto durante casi una semana desde que se conoció su desaparición, todas las falencias de una Justicia y un Estado que se niegan a mirar los hechos con perspectiva de género, que conciben la vida de mujeres y diversidades como descartables. También hemos escuchado al fiscal Raúl Garzón, a cargo de la investigación, ensayando monólogos dignos de un stand up, para retar a la prensa, negar el claro componente de género en este crimen y felicitar a la policía. El mismo fiscal que atacó el sistema de Alerta Sofía, fundamental en la búsqueda de menores de edad.

Como argentinas, argentines y argentinos estamos viviendo la tragedia de un retroceso en Derechos Humanos y el femicidio de Agostina se inscribe en esa tragedia. Mientras, la desigualdad avanza a pasos agigantados recortando derechos y acorralando a los sectores populares en un entramado de hambre y creciente violencia. Porque nada es ameno cuando falta el trabajo y sobran las deudas. Fue el transfeminismo el que había anticipado esta situación cuando el gobierno del actual presidente no había llegado al mes. Es el transfeminismo el que el próximo miércoles confluirá en una nueva marcha con la consigna “Unir las luchas es la tarea”.

Con la acusación de una excesiva “ideología de género”, el odio a las consignas de este movimiento y a su agenda de reclamos fue una de las acciones más acabada del gobierno. Con argumentos falaces crearon un sentido común cuya base es el añejo patriarcado, y ahí confluyen muchos sectores. Por ejemplo, el ataque infantil flojo de datos que esgrimió hace poco el actual presidente de la Argentina mezclando información sobre interrupción voluntaria del embarazo y la natalidad. No es más que una estrategia distractiva pero aporta al sentido común «antigénero».

Y en el medio de los datos falsos y la arenga violenta, están las mujeres criminalizadas por eventos obstétricos, están las diversidades atacadas una y otra vez por su identidad sexual, están las víctimas que por un pelito lograron zafar de su femicidio, están las mujeres asesinadas, están sus hijxs que cargan un dolor para siempre.

Es una época oscura. En el Senado de la Nación hace un poco más de un mes, dos mujeres se sintieron triunfantes al lograr dictamen para un proyecto de ley que criminaliza a otras mujeres víctimas de violencia. Es imposible no pensar en la senadora Losada, diciendo los mismos argumentos que escuchó la mamá de Agostina cuando no quisieron tomar la denuncia por la desaparición de su hija. Mientras crecen las tentativas de femicidio en todo el país, la pregunta que se repite es “¿sirve denunciar?”. La respuesta que se dan a sí mismas muchas mujeres es “no”. Porque son revictimizadas, tienen miedo, no les creen y además, ahora las criminalizan.

Mientras termina el sábado, decenas de mujeres salen a las calles del barrio cordobés Ampliación Ferreyra para pedir justicia por Agostina. “No quiero que les pase a nuestras hijas”. Es el germen del Ni Una Menos, es la cosecha de estar en las calles tejiendo redes y creando espacios de amor feminista. La construcción está ahí y mientras haya conciencia de derechos habrá esperanza de igualdad. «