Venía siendo el Mundial de las grandes figuras, de los goleadores, de las “bestias sagradas”. Llegaban los piratas contra los vikingos a una de las semifinales. Los 640 goles del londinense Harry Edward Kane, quien a fin de mes cumplirá 33: el «Ciudadano», el «Huracán» por un lado. Los 359 del noruego nacido en Leeds (Inglaterra), Erling Braut Haaland que va por los 26 años: el «Androide», la «Bestia», Majin Buu, por el otro. Había 999 goles entre los dos. Nada menos… ¿Cuál de los dos daría el millar?

No fue así. Debió aparecer un morocho muy habilidoso de apellido bien británico, Jude Victor William Bellingham, que acaba de cumplir los 23, y que reparte sus mejores dribblings en la Casa Blanca del Madrid. Doblete para dar vuelta el resultado y poner a Inglaterra en semis. Jugadón para igualar el encuentro antes de que acabara el primer tiempo, oportunismo para tomar un rechazo en el arquero noruego, Nyland, apenas comenzado el suplementario.

Quedó demostrado que el inglés, con su juego tradicional, físico, ordenado, sin estridencias pero intenso y constante, no es dependiente de su impresionante centro delantero, sino que tiene en Bellingham un factor muy pesado de desequilibrio, como lo demostró  el 10, entrando al área, pura gambeta y potencia en el primer gol y el toque sutil en el tanto definitivo. Pero además el equipo tiene una columna vertebral muy eficiente que se asienta en el arquero Jordan Pickford (Everton), los zagueros John Stones y el marfileño Marc Guéhi (ambos del Manchester City); una dupla de volantes centrales, como Declan Rice (Arsenal) y Elliot Anderson (también del City). Y los creativos: el mencionado Bellingham y también un puntero encarador que parece rioplatense, pero que nació en el barrio londinense de Ealing: Bukayo Saka (Arsenal).

Un equipo a la medida de su entrenador, el alemán Thomas Tuchel, quien llegó a este partido contra Noruega, enfatizando que no cambiaría la esencia de los «Tres Leones», sino que se centraría en “fomentar su espíritu de lucha”. Así fue. Así consiguió que los británicos fueran otra vez semifinalistas.

Los británicos, que ostentan una sola Copa del Mundo, la que se jugó en su país en 1966, arriban a semifinales una nueva vez. En Qatar se habían quedado en octavos, donde se toparon con la Francia que sería finalista. Y antes, en Rusia: accederían a semis tras 28 años, pero en esa instancia fueron superados por Croacia y en el partido por el tercer puesto cayeron ante Bélgica.

En el Miami Gardens, ayer, ingleses y noruegos se habían pasado un cuarto de partido, en una especie de round de estudio. Toqueteaba el medio de Inglaterra, Noruega esperaba: bostezo por ahí y por allá. Pero bastó que un rubiecito de apellido difícil, Andreas Rædergård Schjelderup, que acaba de cumplir los 22, que juega en el Benfica, que clavó un centro en un ángulo, para abrir la puerta. Ni Haaland ni Kane aparecían. Luego el partido se abrió y fue de dominio intermitente. Al artillero noruego le cobraron una infracción en el área, un empujón muy leve, que el árbitro vio en el VAR y coartó la sanción del segundo de su equipo, cuando el partido estaba empatado. Al goleador inglés, el arquero Nyland le sacó dos envíos que buscaban ser goles.

Inglaterra había debutado en este Mundial con un 4-2 a Ucrania, que fue más peleado de lo que indica el resultado (2-2 en el primer tiempo, con sendos goles de Kane, pero Belligham y Rashford definieron en el segundo. La dureza del segundo partido, con Ghana, se refleja en el 0-0, de los pocos marcadores en blanco de esta Copa. No le resultó sencillo el tercer partido, ante Panamá, pero otra vez Billingham y Kane, con una media vuelta exquisita, marcaron el 2-0. Ya en 16avos, los británicos perdían ante Congo con un gol tempranero de Cipenga, pero otra vez apareció Kane con dos golazos y dio vuelta el resultado: 2-1. Así debió ir a enfrentar a uno de los huéspedes, México, en el mítico Azteca al que no regresaba desde el ’86, cuando Maradona le metió dos goles: partidazo de dominio cambiante en el que Bellingham, en dos minutos hizo dos goles, descontó Quiñonez poco después, y Kane, quién sino, marcaría el tercero, faltando media hora: Jiménez haría un penal para el 3-2 final.

Habían llegado dos equipos que conviven con la riquísima historia de sus respectivos pueblos. Tanto los piratas como los vikingos cobraron fama y prestigio poniendo el pellejo: fueron famosos guerreros y navegantes. Los antecesores de los noruegos atacaron Inglaterra por primera vez en el año 793 d.C. en el monasterio de Lindisfarne. El rey Alfredo el Grande, del reino de Wessex derrotó al Gran Ejército Pagano en el año 878 en la Batalla de Edington. Así frenó el avance vikingo. 

Ayer, el equipo británico llevó esa historia al partido de cuartos del Mundial. «