En los días del imperio de la ponderada “seguridad jurídica” por la que tanto pujan las corporaciones y que se plasma, por ejemplo, en el texto de la reforma laboral, la contraparte es la incertidumbre económica que viven las familias de a pie y el estado de vulnerabilidad que resulta de tener que afrontar la vida cotidiana con ingresos miserables.
La enorme mayoría de los hogares destina la parte más preponderante de su salario o ingreso a pagar los alimentos que necesita para subsistir, el transporte en el que se traslada a su lugar de trabajo y saldar las deudas que contrajo con alguna entidad de crédito, billetera virtual o prestamista informal.
Mucho antes de fin de mes, el magro dinero que ingresó al hogar se va por alguna de esas canaletas y deja a la familia en una suerte de intemperie, sin posibilidad de ahorrar y sin chances de elaborar algún tipo de táctica de protección capaz de sosegar un poco el estresado trajín de cada día.

No tienen paz
Los informes que dan cuenta de esa vulnerabilidad se amontonan, a contramano de la hipótesis de que las políticas del gobierno sacaron a 14 millones de personas de la pobreza.
Un estudio que difundió Focus Market esta semana reveló que el 40% de las familias dispone de ingresos variables a la par de un 32% que consignó que no tiene ingresos propios y de un 4% que respondió que depende de varios ingresos.
El informe que procesa esa consultora es una iniciativa del economista Massimo Pastore, responsable del proyecto EconoChori. Esta encuesta en particular se realizó en un comedor del partido de Florencio Varela.
El 93% de las familias que sufre esa inestabilidad económica reveló también que su gasto prioritario son los alimentos, a la par de un 44% que aseguró que lo primero que hace cuando cobra es pagar deudas y un 38% que señaló que el transporte es su gasto número uno.
Las deudas (que en la mayoría de los casos se toman para comprar alimentos o para viajar) fueron percibidas como el gasto que más dolió pagar por el 62% de los consultados. A su vez, el 53% aseguró que si recibe dinero extra, lo destina a cubrir una deuda, contra un 19% que lo puede invertir o usar para consumo y un 2% que lo ahorra.
Una respuesta del informe ilustró el impacto psicológico de semejante apremio sobre las familias de los barrios: el 55% de los consultados aseguró que nunca en todo el mes percibió un momento “tranquilo”.

Círculo vicioso
Los elementos del tridente se articulan en forma negativa y complican el panorama.
El Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (ISEPCI) consignó que, por la presión de las deudas, el 43% de los hogares reconoció que comió menos. Su estudio procesa información de unos 1300 hogares consultados en mayo en 30 distritos bonaerenses. El 79% de los jefes y jefas de hogar consultados admitió también que alguna vez durante el año por falta de recursos uno de los hijos de la familia prescindió de una alimentación saludable, adecuada o variada. El 41% de esos jefes de familia indicó que ese problema les ocurre muy frecuentemente.
Puntualmente, el 77% de las familias refirió que se privó de consumir lácteos, carnes, verduras, frutas, cereales o legumbres por falta de plata, en un contexto en el que los precios de muchos productos esenciales suben por encima del promedio de cada rubro: “La pérdida de poder adquisitivo sin pausas se traslada aceleradamente a un permanente deterioro de su calidad alimenticia, con las inevitables consecuencias negativas presentes y futuras”, analizó el director del ISEPCI, Isaac Rudnik.
El transporte aumentó 5,7% en junio respecto a mayo de este año y acumuló subas del 40,3% en el primer semestre y del 75% desde junio del año pasado, proporciones que explican que el gasto es de los más ingratos para los que salen a la calle a buscar el sustento necesario. «
