Cielos Hostiles (El Cazador) reúne las memorias de David Morgan, ex piloto de la Royal Navy británica, durante la Guerra de Malvinas. Si bien la guerra generó y aún hoy genera un gran caudal de textos que responden a toda clase de enfoques (históricos, políticos, culturales, entre otros), la traducción al español de testimonios británicos es siempre reveladora. No se trata solo de poder acceder a figuritas difíciles de conseguir. Si toda guerra tiene por lo menos dos miradas enfrentadas, en el caso de Malvinas los textos británicos tienen el potencial de complementar, problematizar y por qué no enriquecer la comprensión que tenemos sobre los sucesos históricos (en especial cuando se trata de hechos tan dolorosos aún hoy). Publicado originalmente en inglés en 2006, Cielos Hostiles trae ante el lector una mirada descarnada, por momentos inquietante y desencantada sobre los momentos altos y bajos del combate. Con el portaaviones HMS Hermes como centro de la guerra, Morgan recorre las acciones de los Sea Harrier en un análisis meticuloso, severo, aunque no exento de contradicciones. A su vez, desde un lenguaje directo narra los afectos y las impresiones de la guerra desde los cielos. En tiempos donde se intenta nuevamente cuestionar la soberanía argentina desde la desinformación, el libro de Morgan se vuelve relevante porque trae herramientas útiles para entender mejor la importancia de las islas como suelo argentino.

Una situación recurrente al leer memorias y testimonios sobre la Guerra de Malvinas es cierta atomización, la sensación de que hay muchas guerras dentro de la guerra. Así, los paracaidistas cuentan historias muy diferentes a las de civiles o pilotos, por ejemplo. ¿Cómo describiría su experiencia sobre la Guerra de Malvinas? ¿Cómo fue vivirla desde los cielos?

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-Habíamos practicado combate aire-aire y combate a tierra durante años, pero siempre habíamos asumido que nuestros enemigos serían países del Bloque del Este. Hasta cierto punto, el conflicto fue una extensión de nuestra práctica, pero por otra parte, también fue muy diferente. Cuando realizás los ejercicios de guerra, conocés al oponente luego del combate e incluso contás con algún momento para charlar –generalmente con varias cervezas de por medio–, donde intentás aprender lecciones que te vuelvan más efectivo. Durante la guerra, no hay diálogo posible luego de la batalla y aquellos que pierden en la pelea suelen morir. Yo estaba muy al corriente de que cada misión podía ser mi última misión y que quizás no volvería a ver a mi familia nuevamente. De forma interesante, solo estuvimos asustados un par de veces en el cielo; la mayoría de nosotros se sentía complemente seguro cuando volaba. Fue cuando nos encontrábamos bajo ataque en el Hermes que sentimos miedo.

La guerra se encuentra atravesada por una serie de valores que invierten o trastocan aquellos de la vida cotidiana (por ejemplo, no matar). Considerando el constante entrenamiento realizado a lo largo de años de formación, ¿qué significa ser el piloto que más derribos contabiliza en la guerra?

-La diferencia entre las prácticas y la guerra es que en la guerra la gente muere cuando disparás tus ametralladoras o misiles. Profesionalmente, fue muy satisfactorio ganar las batallas, pero a nivel humano fue extremadamente triste. Sabíamos que los pilotos argentinos eran muy parecidos a nosotros, con hogares y familias como las nuestras. Y con valores similares a los nuestros. Así que mientras celebrábamos nuestras victorias, también lamentábamos la muerte de otros pilotos.

¿Cambió su lectura de la guerra a lo largo de los años?

-Mi mirada sobre la guerra no ha cambiado mucho a lo largo de los años. Todavía la veo como un enorme fracaso de la diplomacia pero también como una gran hazaña de las armas. Fue una triste y evitable pérdida de vidas, para ambos bandos.

¿Cómo fue tu experiencia durante la posguerra? La primer edición del libro (en inglés) ya cuenta con unos 15 años. ¿Qué impulsó su escritura?

-Luego de la guerra, sufrí de Trastorno por Estrés Postraumático y pasé algunos años difíciles. En principio, escribí el libro como forma terapia, para elaborar y poner en orden mis sentimientos. Por otro lado, lo hice para que mis hijos puedan comprender lo que vivencié en la guerra.

¿Y cómo fue recibido en el Reino Unido?

-En su momento [2006] había solo dos libros escritos por pilotos de Sea Harrier (el otro es Sea Harrier Over the Falklands: A Maverick at War, escrito por Nigel “Sharkey” Ward en 1992; aún inédito en español). Ambos han sido ciertamente bien recibidos.

¿Cómo surgió la posibilidad de traducir Cielos Hostiles al español? ¿Qué expectativas le genera? ¿Qué recepción imagina para la edición argentina?

-La posibilidad de publicar en español llegó desde los editores, desde El Cazador (el libro se puede adquirir desde la página web de la editorial). Estoy bastante seguro de que algunas personas van a molestarse porque fui publicado en la Argentina, pero espero que este libro pueda aportar una mirada desde el otro bando de la guerra y que quizás ayude a que nuestros países se puedan acercar más.

A lo largo del libro, el acto de escribir reaparece de forma casi constante: ya sea a través de la transcripción de cartas, epitafios o pasajes del diario de guerra; a través de poetas como John Pudney y Richard Bach (autores que literalmente le acompañan a la guerra a través de los libros); o incluso mediante referencias a la obra de Monty Python. ¿Qué representa la escritura (y podríamos decir, el arte en general), para usted durante la guerra y la posguerra?

-Mi padre me regaló la poesía de John Pudney. El había llevado una copia de los poemas de Pudney cuando voló aviones Seafire para la Armada Real durante la Segunda Guerra Mundial. Ese tomo y los escritos de Richard Bach y Saint-Exupéry me ayudaron a tratar de darle sentido a mis emociones durante la guerra. Tengo un gran amor por la poesía y la música y fue de enorme ayuda cuando estaba sufriendo el Trastorno por Estrés Postraumático.

¿Cómo fue el proceso de reconstruir la historia, las memorias y las experiencias de la Guerra de Malvinas? El libro se compone de una mirada sumamente personal pero también muy rigurosa de la guerra. ¿Se remitió a otras fuentes o publicaciones?

-Una parte importante de la información provino de mi diario personal de la guerra, así como de mi bitácora de vuelo. También recurrí a muchas otras fuentes para intentar reconstruir la guerra lo más precisamente que me fue posible. Esto incluyó las bitácoras del HMS Hermes, así como otras publicaciones.

¿El libro cuenta con alguna modificación para su publicación en español?

-La única modificación para la traducción española fue la adición del “Prologo a la edición Argentina” (en español). Sentí que era importante no cambiar nada más. Me percaté que algunos pasajes podían molestar o incomodar a los lectores argentinos pero sentí que era significativo conservar todo lo más fielmente posible a como fue originalmente escrito.

David Morgan es ex piloto de la Royal Navy británica, a la que se une en 1964. Durante la Guerra de Malvinas realiza más de cincuenta misiones, derriba cuatro aviones y es nombrado como el máximo As de la guerra, mérito que le vale la Distinguished Service Cross. Posteriormente se dedica a la instrucción de diversos Squadrons. Se retira en 1992. Cielos Hostiles (2020) es la primer traducción al español de sus memorias de la guerra del Atlántico Sur.