El uruguayo Federico Valverde asistió con un buscapié al brasileño Vinícius en el gol de la final de la Champions que Real Madrid le ganó a Liverpool en París, la ciudad de PSG, el club de Kylian Mbappé, campeón del mundo con Francia en Rusia 2018. “En Sudamérica –había encendido la mecha Mbappé– el fútbol no está tan avanzado como en Europa”. Pero la figura fue el arquero belga Thibaut Courtois. Y Real Madrid llegó a la final de la Champions, el torneo de clubes más atractivo del mundo, gracias al francés Karim Benzema, candidato puesto a Balón de Oro 2022. Cuatro días más tarde, en Wembley, la catedral de los inventores del fútbol, Argentina, sin embargo, bailó a Italia. El campeón de la Copa América al de la Euro. Mbappé pudo haber pecado de soberbia. Eurocentrismo. Pero también, memes y chicanas al margen, lo asiste la razón. Brasil y Argentina mordieron el polvo en los últimos cuatro Mundiales ante selecciones europeas. Y Europa levantó la Copa. La paradoja es que Brasil y Argentina exhiben sensación de equipo y juego colectivo como muy pocas selecciones a 168 días del comienzo de Qatar 2022.

En la entrevista televisiva que casi nadie vio y que la mayoría recibió a través de declaraciones levantadas por los medios, Mbappé dijo que Francia es la candidata. “Y Brasil”, dijo, cortés ante TNT Sports Brasil, para luego agregar que hay otros europeos, porque “la ventaja que tenemos es que siempre jugamos partidos de mucho nivel” antes del Mundial, no como Brasil y Argentina. Francia clasificó a Qatar después de ganar cómodo su grupo ante Ucrania (27° en el ranking FIFA), Finlandia (57°), Bosnia y Herzegovina (59°) y Kazajistán (125°). Pero en los últimos dos años, entre Euro y Liga de las Naciones, Francia se midió ante Alemania, Bélgica, España y Suiza. Y dos veces contra Croacia y Suecia y tres frente a Portugal. La última imagen fue de este viernes: a pesar de presentar a Mbappé y Benzema, Francia perdió 2-1 como local ante Dinamarca en su debut en la Liga de las Naciones. En la Finalissima Europea-Sudamericana, Argentina se enfrentó a una potencia europea (Italia) después de más de dos años y medio, cuando empató 2-2 ante Alemania el 9 de octubre de 2019 en Dortmund. La selección de Lionel Scaloni jugará hoy un amistoso ante Estonia (110°, ninguna participación mundialista). Será su tercer rival europeo en el ciclo que suma 32 partidos invicto, récord en la historia de Argentina.

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Brasil aún es el máximo ganador con cinco Mundiales. Pero Europa (12) supera a Sudamérica (9), que no gana desde Japón-Corea del Sur 2002 (Brasil). El poderío europeo es moderno. Equiparó a Sudamérica en Alemania 2006. Y sacó la diferencia. Ganaron Italia (Alemania 2006), España (Sudáfrica 2010), Alemania (Brasil 2014) y Francia (Rusia 2018), una seguidilla sin precedentes con apenas un finalista sudamericano (Argentina en Brasil 2014). Desde Chile 1962 hasta 2002 se habían intercalado los campeones. En el último Mundial ni siquiera hubo un sudamericano en las semifinales: todos europeos (13 de los últimos 16 semifinalistas). Los últimos cuatro planteles campeones mundiales estuvieron además integrados en su totalidad por jugadores de las cinco ligas top de Europa. “Brasil, como Argentina –avisó Lautaro Martínez–, tiene un plantel en el que la mayoría de los futbolistas juegan en Europa. Y todos los días, hasta en cada entrenamiento, te medís con ellos”. No fue el único que le respondió a Mbappé. O, mejor, a las variadas interpretaciones de lo que dijo Mbappé.

Lionel Messi, el capitán de la selección argentina, es compañero de Mbappé en PSG. Mbappé se convirtió en la última temporada en el líder del ataque, por encima del propio Messi y, sí, de Neymar. “No vi cómo lo dijo ni qué dijo”, se sinceró Messi. Pero contó que hablan entre los jugadores de las diferencias entre las clasificaciones a los Mundiales. “Colombia, la altura, el calor, Venezuela… -enumeró Messi-. Todos tienen condicionantes diferentes que hacen que sean muchísimo más difíciles. Nosotros estamos preparados para jugar contra cualquier europeo”. El brasileño Fabinho recorrió la misma línea. “No lo escuché a Mbappé –dijo–. Pero es diferente. Tenemos que viajar 12 horas para jugar en Sudamérica. Tenemos que jugar en Bolivia, que no es fácil. No sé si Francia jugó alguna vez en Bolivia”. Viajes, geografías, climas y rivalidades históricas en 18 partidos durante dos años. Y nueve de las diez selecciones de la Conmebol entre las mejores 60 del ranking FIFA. Pero Sudamérica suele meter el 50% de sus países, como en Rusia 2018, a diferencia de Europa, que tendrá 13 de sus 55 selecciones en Qatar (23%). “Los europeos –ironizaron en las redes sociales minutos después de la exhibición de Argentina en Wembley, que incluyó una jugada de 41 toques en 126 segundos– dicen que las Eliminatorias sudamericanas son fáciles porque jugamos contra Bolivia o Venezuela, pero ellos juegan contra Luxemburgo o Italia”.

Europa no solo avanzó casilleros en el juego del Mundial por el poder del dinero. Las selecciones de la clase media europea ganaron en organización y orden. Se asumieron menos y crecieron en técnica. Y estudiaron y “robaron” ideas para sus proyectos de formación, que a largo plazo depositan a sus futbolistas en las ligas top. Portugal, cuarto en Alemania 2006, jugará su sexta Copa del Mundo consecutiva. Suiza, su quinta. Bélgica, tercera en Rusia 2018, su tercera. Croacia, subcampeona en Rusia y tercera en Francia 1998, solo se ausentó en Sudáfrica 2010. Países Bajos, subcampeón en Sudáfrica 2010 y tercero en Brasil 2014, volverá en Qatar tras no clasificarse a Rusia.

“En los últimos 20 años aumentaron las ventajas financieras de las grandes ligas de Europa, donde acaban casi todos los mejores talentos. Al mismo tiempo, ha habido una gran inversión, casi una industrialización, en la producción de juveniles, inicialmente en Francia a través de Clairefontaine. Pero después en Alemania, España e Inglaterra (y en menor medida, Italia) –cuenta Jonathan Wilson, periodista inglés, autor de La pirámide invertida–. Los jugadores emergen e inmediatamente juegan al más alto nivel. Un argentino talentoso puede no moverse hasta los 18 años y luego tiene que adaptarse a un nuevo estilo de vida y a una nueva forma de jugar. Y Argentina ya no tiene las ventajas que tenía cuando Pekerman dirigía el desarrollo juvenil. La profundidad del talento es mayor en Europa porque la educación y las oportunidades son mayores”.

Con los herederos de José Pekerman en las selecciones juveniles, desde la Sub 15 (Diego Placente) hasta la mayor (Scaloni, Pablo Aimar y Walter Samuel), Argentina debió mirar a Europa. En 2021, la AFA abrió la oficina de Scouting Internacional en Madrid. La selección argentina Sub 20 que juega el Torneo Esperanzas de Toulon en Francia forma con tres atacantes “europeos”: Matías Soulé, Alejandro Garnacho y Luka Romero juegan en Juventus, Manchester United y Lazio. Este sábado cayó 6-2 ante Francia. En las últimas dos décadas, Europa incorporó la gambeta a su juego más físico. El arte del engaño, patrimonio orgulloso de Sudamérica. “Cuando yo era chico, se decía que para jugar con los europeos había que esconder la pelota, porque ellos nos mataban en dinámica –le decía Alejandro Sabella a El Gráfico en 1988–. La selección de Menotti probó lo contrario en el Mundial 78. Fue la primera vez que vi a un equipo argentino jugar de igual a igual con los europeos. Demostró que la movilidad siempre evita la fricción”. Sabella dirigió a la selección argentina que perdió la final de Brasil 2014 ante Alemania. Y Menotti es hoy el director de selecciones de la AFA, una decisión clave de Claudio Tapia.

Las palabras de Sabella las rescata el periodista Damián Didonato en El árbol genealógico del fútbol argentino. “Siempre, en diferentes momentos de la historia, estuvo la influencia europea, más allá de que acá se renegara. Había una mirada eurocéntrica y otra que la respondía. En esa discusión se fue formando el fútbol argentino”, dice Didonato. El fútbol argentino fue inglés en sus orígenes. Y de la élite. Pero cuando salió de los colegios british y pasó a los potreros, se impuso el toque –había que cuidar la pelota– ante el pelotazo. Y la gambeta. “Pero no hay una sola ‘nuestra’, es mentira. Hay diferentes estilos y concepciones y todos ganaron. Sí hay una idea, relacionada con la picardía de la calle, que se repite en el fútbol argentino –marca Didonato, y explica–. Otro momento importante fue en 1929, con la visita de los húngaros, que maravillaron con su fútbol de más pase, que maridó muy bien con lo criollo y fue un paso adelante en la evolución. Después del ‘desastre’ de Suecia 58 con el 6-1 contra Checoslovaquia, se puso en cuestión la idea hegemónica de la nuestra. Se empezó a mirar hacia a Europa para modernizarnos. El cimbronazo valorizó a los entrenadores. A partir de allí, los técnicos argentinos siempre miraron más hacia afuera, abrieron la mente, como Menotti, que en el cuerpo técnico del 78 tenía al croata Rodolfo Kralj”.

Ahora Menotti invitó a Mbappé a jugar en Chacarita, después de que un periodista le dijera –mal– que no había puesto como candidato a Brasil. “Son cosas para la prensa –dijo Menotti–. El fútbol es fútbol: una pelota, jugadores, la gente. Y nosotros hemos invadido con jugadores los grandes tesoros del fútbol de Europa”. Mbappé no jugará en Chacarita. Tampoco en Real Madrid. Seguirá en PSG, donde ganará en un año más que 15 equipos de la Premier League y hasta decidirá DT y fichajes. Fue el máximo goleador (28) y asistidor (17) con el equipo de Messi y Neymar en la Ligue 1. En la renovación con PSG hasta 2025 intervino desde el presidente liberal Emmanuel Macron hasta Anne Hidalgo, la alcaldesa socialista de París, sede de los Juegos Olímpicos 2024. “No tenemos que vernos mejor de lo que somos, pero tampoco avergonzarnos –dijo Mbappé en tono político en la conferencia de prensa de su renovación–. Francia ocupa un lugar importante. En otros países están orgullosos de su fútbol”. A los 23 años, Mbappé irá por su segunda Copa del Mundo en Qatar, Estado-dueño de PSG.

Francia podrá cruzarse en el camino a revalidar el título de Rusia 2018 con Argentina y Brasil, que a partir de 2024 podrán sumarse a la Liga de las Naciones en Europa junto al resto de las selecciones de la Conmebol, ya invitadas por la UEFA. La Finalissima entre Argentina e Italia sirvió como broche de oro a la inauguración de una oficina conjunta de Conmebol y UEFA en Londres. La alianza se fortaleció después de que se opusieran a Gianni Infantino, el presidente de la FIFA que se ahogó en la propuesta de un Mundial cada dos años. Sudamérica y Europa recordaron que son los únicos ganadores de la Copa del Mundo. Que solo Estados Unidos en la primera edición de Uruguay 1930 y Corea del Sur como local en 2002 llegaron a una semifinal por fuera del duopolio. “¿Vamos a tener dificultades por no enfrentar a seleccionados europeos?”, se preguntó Tite, el entrenador de Brasil, después del sorteo del Mundial en Qatar. “Sí –respondió–. Pero también los europeos tendrán dificultades porque no enfrentaron a Brasil y a Argentina”. Wembley fue testigo.