El Newcastle podría quedar en manos del príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed Bin Salmán. De aprobarse la venta por más de 350 millones de euros, el jeque de 34 años, señalado por Amnistía Internacional por distintos crímenes, manejaría el 80% de las acciones del club. Frenado por pandemia, el fútbol recién volverá el 17 de junio a Inglaterra para completar los 92 partidos restantes de la temporada. La Premier League está paralizada. Pero el negocio no descansa. Aunque por lo bajo emergen otras experiencias, asoman otros ejemplos impulsados por hinchas que vuelven a los orígenes: crear y gestionar ellos mismos los clubes. Son equipos de los socios, que recorren algo así como el camino inverso a la liga argentina. Acá, las asociaciones civiles resistieron a la ola privatizadora del último tiempo sin que se abriera paso a nuevas formas jurídicas. En el Reino Unido, 25 clubes se fundaron o pasaron a ser administrados por sus fanáticos -así se definen- en los últimos 20 años.

Uno de ellos es el Clapton CFC, cooperativa fundada en febrero de 2018 por un grupo de hinchas que se alejaron del histórico Clapton FC, uno de los clubes más antiguos de Londres, cuando el dueño decidió vender el estadio para llevar adelante negocios inmobiliarios en la zona. “Acá hay dos colegas que crecieron apoyando al Newcastle. Lo que ha sucedido en ese club en los últimos años es la razón por la que ahora siguen a Clapton”, explica Rob Cowan, miembro de la junta deportiva del club organizado bajo un sistema igualitario: cada socio tiene un voto en la institución que se pronuncia a favor de la diversidad sexual y de género y en contra del acoso racial, sexual o cualquier otro acto discriminatorio. Tienen equipos masculinos y femeninos. “Todo está nivelado. A partir de cinco libras se pueden comprar membresías, lo que te da una acción”, detalla Cowan, quien todavía desconoce cuándo volverá a rodar la pelota en el estadio Wadham Lodge. El último juego fue el 14 de marzo. La temporada de la Essex Senior Football League (novena categoría) fue cancelada por el avance de la pandemia y no hay fecha oficial de regreso ni siquiera para el próximo año.

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Gran parte de los nuevos clubes que aparecieron desde 2002 forman parte o mantienen relación con la Football Supporters’ Association (FSA), organización que representa, defiende y busca generar mejores condiciones para los hinchas de Inglaterra y Gales. “Nuestro trabajo -explican- ayuda a cientos de fanáticos cada año que sienten que han sido maltratados por sus clubes o la policía. Les damos voz, el mejor consejo posible e incluso apoyo legal cuando sea necesario”. Las Leonas, selección inglesa femenina semifinalista en la Copa del Mundo de Francia 2019, recibió el asesoramiento de la FSA al igual que Clapton CFC, que recurrió a ellos al hacerse cargo de la administración. Cowan, de hecho, asegura que no podrían haber estructurado el club sin su ayuda.

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Es uno de los soportes que los incentivó a crecer. Pero no fue el único. “Clubes como AFC Wimbledon y FC United mostraron a mucha gente el poder de otras formas de organización colectiva”, enumera Cowan. El FC United es un desprendimiento del Manchester United: sus hinchas -ahora conocidos como los Rebeldes Rojos- lo fundaron en 2005 cuando el multimillonario estadounidense Malcolm Glazer compró las acciones de los Diablos Rojos. Desde el año pasado, están en la séptima división del fútbol inglés. Acaso AFC Wimbledon es el club más grande de todos los fundados en los últimos años y también creció como integrante de la FSA. Su origen autogestivo data de 2002 cuando el histórico Wimbledon FC cambió su nombre a Milton Keynes Dons FC y se mudó a más de 100 kilómetros de Londres. Los hinchas, sin embargo, decidieron empezar a competir desde cero para rescatar la historia del equipo que ganó la FA Cup en 1988 ante el poderoso Liverpool en Wembley. En el mismo estadio, 28 años más tarde, protagonizó otra jornada memorable al ganarle 2 a 0 al Plymouth Argyle para escalar hasta la tercera categoría del fútbol inglés, donde hoy permanecen. Fue nada menos que su sexto ascenso en menos de quince años desde su (re)fundación.

“Lo que representa AFC Wimbledon es la buena sensación de darle vida a un club y a toda una comunidad. Lo más importante es devolverle a los hinchas un equipo del que pueden estar orgullosos”, dice uno de sus fundadores, Ivor Heller. Plough Lane, en el barrio de Merton en el suroeste de Londres, es el nombre del nuevo objetivo del AFC Wimbledon: su estadio, con capacidad para 10 mil espectadores, volverá a estar a solo 230 metros de la cancha original en la que vivió desde 1912 hasta 1991. Para reunir los 15 millones de dólares que faltan para levantar el nuevo estadio, decidieron evitar los bancos y sus préstamos. Pero no solo eso: apelaron a las donaciones para contribuir con el club controlado en forma mayoritaria por los socios (75%) y con límites claros para que las acciones nunca puedan caer en manos de una sola persona.

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“Nosotros tenemos el control de nuestro destino. Esa es nuestra principal diferencia”, dice Heller, desde la isla al otro lado del Atlántico. “Nadie puede -agrega- comprarnos como institución o gastar mucho dinero e irse dejando al club en la nada. Es decir estamos protegidos porque creemos lo más importante es el club”. Es el estilo que guía a los 25 clubes fundados y gobernados por sus socios.

El Manchester City, último campeón de la Premier League, aprovechó el receso para ejercer su poder de lobby y se presentó ante el TAS para revertir un fallo que le impide competir durante dos años en los torneos europeos. Según la UEFA, cometió “graves infracciones” al Fair Play Financiero. Pese a la suspensión por el Covid-19, las finanzas del Clapton CFC se mantienen estables. Los fondos de sus más de 1400 socios permitieron confeccionar unos 600 tapabocas para donar a grupos comunitarios. Eso no los corona campeones de la Premier, pero sí los llena de orgullo.