Madrid es blanca y radiante como un merengue. La coqueta capital española luce sus oropeles madridistas en la tarde asfixiante del viernes. Del Rastro hasta Malasaña, de Sol hasta Lavapiés, de Plaza Mayor hasta el Bernabéu y mucho más allá no se habla de otro tema. Caliente previa a la finalísima de la Champions que enfrenta al gigante blanco contra los ingleses del Liverpool. “A por la 14” es la consigna tatuada en diarios, remeras y pantallas de televisión hasta el hartazgo. El Real levantó la copa en 13 oportunidades. Insaciable, va por una más. Entonces, Madrid y el partido son sólo una excusa para contar historias.  

“Ni me va ni me viene. Prefiero la ropa guay al fútbol”, dice Conchita, una dama digna de film de Almodóvar que hace la cola para entrar en un local de ropa de segunda mano pero primerísima calidad en el barrio de Chueca. “Eso sí, hay jugadores bien guapos en el Madrid. Enhorabuena si ganamos”, se despide antes de perderse en una montaña de telas. 

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Alejandro Molina se gana el pan vendiendo agua cerca del Museo del Prado. Su elegante bigote le da un aire de aristócrata digno de cuadro de Velázquez. Madridista de pura cepa, tiene fe ciega en los dirigidos por el tano Carlo Ancelotti. “Yo creo que la cosa va a estar apretada, pero de seguro ganamos. 1-2, una cosa así”. Después de la miserable pandemia, Molina dice que los madrileños se merecen un buen festejo: “Hay esperanza, que es lo último que se pierde”.

Cabulero, Armando Muñoz viene a ver cuadros de Picasso al Reina Sofía antes de cada partido importante del Merengue. Ataviado con la camiseta del Madrid, dedica largos minutos a meditar frente al “Guernica”. Suspira y dispara sin modestia: “El Madrid y este cuadro tienen algo en común. No tienen igual”.

Antimadridista es el barrendero Juan. “Es el equipo de la élite, del gobierno, lo hizo Franco”, sentencia al tiempo que barre la mugre que dejan los turistas en la calle Fuencarral. Juan prefiere el grana y azul catalanes del Barcelona. ¿Algún pálpito para la final? “Que le den por culo al Madrid”. 

En una tabaquería a pasitos de la Gran Vía labura Santiago. Fumando espera la final. “Estamos cerca de la Plaza de Cibeles, donde el Madrid celebra los títulos. Esperemos repetir”. Nervioso, cala hondo el pucho y reflexiona: “Estamos parejos, pero es favorito el Liverpool, que viene bien armado para el duelo. Nosotros tenemos al mejor jugador del mundo. Para mi gusto, Benzema. Y si alguien puede romper las previsiones, ese es el Real Madrid”.

Nuria Herrera vende poemas en el Parque del Retiro. Es de Ávila, tierras de los místicos escritores San Juan y Santa Teresa de Jesús. De fútbol, cero. Ni enterada está de la gran final. Dice que la poesía está en todas partes. Hasta en el balón pié. En un buen pase, en las grandes jugadas, en un bonito gol. Regala un poema a este cronista. Una delicia que anticipa la partida de este sábado. Se titula “Madrid era una fiesta”. Que lo disfruten: “Busquemos en el poema este rayo blanco / que anda cruzando las aceras / quieren mañana su pan /del cielo dicen / histórico número de nuevo y / ya se huele entre versos / el toque que dará el pase / que hará ese cielo, / es una rima suave pero flecha y / tantitos años jugando en las calles / y todas las canciones que esta tarde suenan / ahí, en el hilo invisible magia adelante / algún gol abrirá junio como un coco fresco / ese blanco alegrará las vidas de los muertos y/ la felicidad será todo un día entero / la copa / la  copa es un milagro / entre cristales / la estoy viendo.”