-Pepe, ¿vos creés en Dios?

-Sí, soy católico.
-¿Y cómo es ser Dios para los hinchas de Lanús?
 José Sand se sonroja, lo niega y dice que no va en su personalidad creérsela. Sabe, igual, que para los Granates es un ser todopoderoso. El correntino de 35 años logró una conexión única con los hinchas de Lanús que lo veneran desde hace casi una década: en 2007, en su primer campeonato con el equipo del Sur, se consagró goleador y fue una de las figuras del plantel que logró el primer torneo local en la historia y el segundo en el club luego de la Conmebol de 1995. A partir de aquél 2 de diciembre en el que se elevó para marcar un tanto de cabeza en La Bombonera para que Lanús pudiera dar la vuelta olímpica, Pepe dejó de ser un simple mortal para los que cada domingo van a alentar al equipo a Arias y Guidi.
«Nuestro Dios vuelve a su casa». El 16 de diciembre del año pasado, Nicolás Russo, presidente de Lanús, bajó ese mensaje desde su cuenta de Twitter como un rezo para los fieles. Muchos recuperaron la fe; otros enloquecieron. Seis años después de su salida, Sand regresaba a su casa y en la presentación oficial tardó pocos segundos en largarse a llorar por la emoción de reencontrarse con su viejo amor. «Me quebré por un montón de razones. Empecé a pensar en todo lo que tuve que luchar para volver y no me pude contener. Cuando me fui dije que en el único club de Argentina en el que iba a jugar iba a ser en Lanús y después por asuntos que no fueron sólo míos no pude cumplir con esa promesa. . Se me cerraron las puertas muchas veces…», dice Pepe, emocionado, sentado en la platea de La Fortaleza, mientras un grupito de pibes lo empieza a corear y a pedirle fotos. También, claro, más goles. 
El día de la presentación, los fieles – esos hinchas enamorados de sus goles, su juego, su personalidad, su estilo – colmaron el estadio para darle la bienvenida y Sand respondió la gratitud alimentando aún más su figura casi divina. Porque después de muchos años de angustias, desilusiones, rachas negativas y frustraciones, volvió a Lanús como el goleador letal que supo ser. Y que es. Porque hoy Sand es el máximo artillero del torneo doméstico, recuperó toda la confianza perdida y lidera a un Lanús que es la sensación del certamen: tras una campaña impecable en la que ganó 13 partidos y sólo dejó puntos en el camino tras dos empates (San Martín de San Juan y Argentinos) y una derrota (Racing), el Grana se impuso muy cómodo en su zona y dos fechas antes se aseguró un lugar en la final. «Hay algo especial entre este club y yo. Es algo muy hermoso el cariño que nos tenemos con la gente y ojalá puedan seguir las alegrías. Estamos trabajando bárbaro, uno los ve a todos con mucha ilusión y cada vez se acerca más el final y seguimos ahí arriba», cuenta, orgulloso, el delantero  que cambió su estadística desde que volvió a Lanús: pasó de hacer 31 goles en los 132 partidos que jugó desde que se fue en 2009 a meter 14 en los 15 que disputó en el actual certamen. «Muchas cosas pasaron hasta que me pude liberar. Son cosas que me guardo y que  en algún momento las voy a contar. Pude entrenar y trabajar en muchos aspectos que me llevaron a rendir otra vez», afirma, guardándose el secreto de la clave del éxito.
Tras el Mundial 2014, Sand recayó en Boca Unidos. En la B Nacional, en su provincia y tras tres fracasos personales en Racing, Tigre y Argentinos. Después de jugar siete partidos en el Bicho y no poder convertir ni un gol, comenzó a entrenarse en un centro deportivo y, a su vez, arrancó con el psicólogo. «Hubo un momento en que no encontraba mi funcionamiento, no encontraba mi rendimiento y obviamente algo tenía que cambiar en mí para volver a ser un poquito de lo que era. Estaba incómodo. Traté de encontrar gente profesional que me ayude y por suerte me siguen ayudando, porque esto no es que pasó una vez y listo: esto sigue día a día. Continúa. Intensifiqué mi físico en un 100%, tuve que modificar mi alimentación y busqué tranquilizarme con el apoyo de mi familia. Estar en el lugar que uno quiere también ayuda. Esto no tiene que parar porque la carrera continúa y tengo que seguir. No puedo parar», revela y se convence a pura repetición, casi como un mandamiento de su religión que veneran los hinchas de Lanús, que no quiere mirar al pasado para no sentirse mal por lo que pasó. «Siempre fui un luchador, pero la cabeza a veces me jugó una mala pasada, me bajoneó y  me hizo hacer cosas que no quería. En eso me ayudó el psicólogo, que me decía que esté siempre mirando para adelante. Tuve momentos malos de los que no pude salir. Por eso me costó tanto tiempo volver a Lanús, pero son cosas que pasan. No quiero volver más al pasado porque quiero mirar al futuro».
Y en el horizonte de Sand y en el de todo Lanús está la ilusión de lograr otro campeonato. Pepe no quiere adelantarse a nada, pero a la vez es consciente de la expectativa que tiene todo su pueblo Granate. Por eso cuando convirtió de pecho ante Aldosivi en La Fortaleza y Lanús se aseguró su lugar en la final -hoy entre Godoy Cruz y San Lorenzo saldrá el rival-, el correntino levantó su dedo índice y lo hizo girar, gesticulando que quiere la vuelta olímpica. «La situación que estamos viviendo es muy diferente a la de 2007. Ahora es más difícil. En aquel momento era todo distinto porque veníamos de atrás, de atrás, de atrás y faltando cuatro fechas quedamos punteros. Ahora es distinta la presión y la ilusión de la gente es otra porque ya logramos algo importante y los hinchas quieren, empujan, hablan y eso un poco te va jugando en contra. ¿Cómo le sacás la ilusión a la gente? Es difícil, pero contamos con un grupo con mucha experiencia y la estamos llevando bien. Y, sobre todo, el equipo sabe a lo que juega y lo hace bien. Los chicos nos siguen mucho y eso es lo importante», explica partiendo de la certeza – o la confianza – de que siempre le va a quedar alguna pelota para definir cerca del área. “Para un delantero el gol es mucho. Muchísimo. Vivimos del gol y necesitamos convertir para poder tener confianza y estar bien. Entro a la cancha sabiendo que el equipo juega bien y que tengo que estar preparado para la que me toque porque creamos muchas situaciones. Lo importante es que el nueve tenga hambre. Hambre de estar ahí en el área, de estar cerca del arco. Si no tenés hambre, hacer goles es muy difícil”, agrega como parte de otro de sus mandamientos de goleador.
En su vida, Sand tuvo que pasar momentos duros. Desde dolorosos golpes familiares, hasta atravesar rachas muy extensas sin convertir. Como en Racing, donde llegó con muchas expectativas de la mano de Luis Zubeldía –el ayudante de campo de Ramón Cabrero, técnico campeón con el Granate en 2007 –y sólo pudo marcar dos goles en su temporada en La Academia. Ambos a Independiente. “Tírenselas todas a Sand. Él es nuestro Dios y les va a hacer ganar platita”, se escuchó que dijo el por entonces entrenador en una práctica en el Cilindro. En ese ciclo en su primer partido debutó ante Atlético de Rafaela errando dos penales y haciendo un gol lícito que no se lo cobraron. En ese momento el destino quiso que fuera más Diablo que Dios. Lentamente, el ídolo Granate logró reponerse hasta llegar a este presente en el que disfruta del día a día. “Todo se puede trabajar: el gol, la defensa, el mediocampo. Este cuento, mi cuento, todavía no terminó y espero el mejor final: sigo trabajando para que lo negativo que viví no pese en mi cabeza. Trato de no pensar en eso porque necesito estar bien para lo que viene que es muy importante. Es lindo ver gente que uno quiere y que a uno lo quieran. Todo eso es hermoso, pero sabía que con eso sólo no basta en el fútbol. Todo lo bueno tenés que ratificarlo siempre y estamos tratando de hacer eso: mejorar día a día y que el cariño sea cada vez más amplio”, asegura el goleador del campeonato, mientras sigue escuchando cómo un grupo de chicos habla de él y espera por la foto con su ídolo, con su Dios.

Su hobby son los caballos de carrera

Sumate y apoyá el periodismo autogestivo

ASOCIATE

Sand tiene un hobby: coleccionar caballos de carrera e ir a verlos cada vez que puede en competencias en hipódromos del interior del país.

–¿Cómo describirías a ese mundo de los caballos?

–Es un ambiente para conocer amigos, para conocer el interior y gente con la que uno a veces no tiene contacto, como el gaucho, el que vive en casas de chapa, de cartón o gente que tiene mucho dinero como hay en el mundo de los caballos, de las cuadreras. Es una mezcla rara.

–¿Tenés muchos caballos?

–Sí, bastantes. Tengo varios en Corrientes con mi hermano. Mamé esa cultura de chiquito y a él le gusta mucho todo eso. Sabe cuidarlos, entonces armamos algo lindo con eso.

–¿Y te vas a pasear después con tu gente?

–Sí, a veces los caballos corren en  Córdoba, en Corrientes o en Santa Fe, y cuando puedo ir, voy. 

–Como admirador que sos de Batistuta, ¿no pensaste en ponerle Batigol a alguno de los caballos?

–No… pero en cualquier momento le vamos a poner a uno.

Solidario con los inundados

Hace dos semanas, cuando Lanús le ganó a Aldosivi y llegó a la final, José Sand habló para todo el pueblo granate segundos después del pitazo final. Y entre tanta emoción, decidió dedicarle su gran momento personal y colectivo a los afectados por las inundaciones en el Litoral, a quienes sigue ayudando.

-Estuviste al lado de los afectados desde el primer momento.

-Fue algo que salió hablando con un amigo de toda la vida. Me contó que en el Norte estaban re mal porque habían desbordado dos arroyos. Le pregunté si necesitaban algo y me puse en contacto con la gente del club para empezar a ayudar. Vino el Laucha al otro día, me dijo que en Libertador -Corrientes- también estaban muy mal. Y empezamos a juntar cosas. Ahora le tocó a mi ciudad, Bella Vista, que está mal también. Cada vez que pienso en eso me pongo triste de verdad porque es mi pueblo, mi gente, mi lugar y vamos a tratar de juntar también para ellos. Me da cosa también que la gente común como nosotros ponga cosas, teniendo políticos y gente que debería dar la cara y no lo hace. Si se da una mano al ser humano es bueno. Vamos a ver lo que juntamos. De Bella Vista me vine de muy joven, pero quiero mucho a mi pueblo. Ojalá que estén todos bien.