El consumo de bienes de primera necesidad está perdiendo el vigor que había recuperado después de la pandemia y hasta podría estar otra vez en retroceso. Así lo sugieren diferentes informes elaborados en las últimas semanas que dan cuenta de un estancamiento en ese rubro.

El que prendió la luz amarilla con más intensidad fue un organismo oficial, el Indec. En su encuesta mensual sobre supermercados, difundida en la última semana, concluyó que en marzo las ventas a precios constantes en todo el país bajaron un 0,1% con relación al mismo mes del año pasado. Aunque la caída es mínima, se trata de un cambio de tendencia importante, porque hacía diez meses (desde mayo de 2021) que la variación interanual era positiva. El dato es más preocupante si se tiene en cuenta que en marzo del año pasado la comparación con la misma época de 2020, último mes de relativa normalidad previo a la pandemia, había sido negativa en un 8,8 por ciento.

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También es llamativo un informe algo más actualizado de la consultora Scentia, realizado en supermercados y comercios de cercanía. El relevamiento detectó que en abril la evolución interanual de las ventas en productos de consumo masivo, si bien positiva (4,7%), fue bastante más débil que el 6,2% de incremento acumulado en el primer cuatrimestre. También encontraron que en el AMBA la variación fue negativa (-1,2%) y que fueron los buenos números del interior del país los que permitieron mantener el indicador por encima del cero. Una vez más, la comparación es relativa porque se realiza sobre una base en la que la actividad estaba debilitada por la pandemia de coronavirus. «Todo este crecimiento del año viene asociado a bases más bajas. En junio se va a empezar a ver una desaceleración», dijo el director de la compañía, Osvaldo del Río.

La grieta

Esa grieta entre lo que pasa en el interior y en el AMBA también fue reflejada por el índice de confianza del consumidor que elabora el Centro de Investigación en Finanzas (CIF) de la Universidad Torcuato Di Tella. La metodología es completamente diferente, porque no mide compras efectivamente realizadas sino que evalúa las respuestas de los consumidores en base a su situación económica personal, su sensación sobre el momento actual y sus expectativas hacia el futuro. Ese índice de confianza creció en mayo un 3,5% en el interior y un 2,8% en el Gran Buenos Aires, mientras que en CABA directamente disminuyó un 0,6%. La dicotomía también se nota entre los grupos socioeconómicos: «Por nivel de ingresos del individuo, la confianza cayó 0,5% en el grupo de consumidores de ingresos más bajos, y subió 3,5% en los consumidores con nivel de ingresos más altos, siempre con respecto al mes de abril», agrega el estudio.

Estos claroscuros pintan un cuadro en el que el consumo de bienes masivos, como mínimo, se ha debilitado. Para la mayoría de los analistas, el combo de elevada inflación más caída de los salarios reales es el que explica esta tendencia.

«Crecen los riesgos de que se debiliten los drivers que explicaron la recuperación del poder adquisitivo y, por ende, del consumo», señala un estudio de la consultora Ecolatina. «Para empezar, la marcada aceleración inflacionaria, que desde el segundo semestre de 2021 fue contrapesada en materia de ingresos por la reapertura de paritarias, posiblemente comience a hacer mella en el poder adquisitivo en adelante: el salto de inicios de año y las perspectivas de registros elevados para los próximos meses pueden poner en jaque la continuidad en la recuperación del ingreso disponible», detalla el trabajo.

La cuestión es sensible para un gobierno cuya orientación siempre fue la de priorizar el consumo privado y la demanda interna como motores de la economía y que levantó esos principios para oponerse a la teoría del «derrame» de ganancias de los sectores más concentrados hacia el resto. «Hay un crecimiento del país con cifras como no veíamos hace muchos años; pero en ese crecimiento todavía nos quedan desfasados los asalariados informales. Estamos en un momento muy complejo, sobre todo para las clases media y media baja, con respecto a los precios y a los salarios», reconoció la portavoz presidencial, Gabriela Cerruti.

Quizás a eso se deben las medidas tomadas por el gobierno en los últimos meses: refuerzos de ingresos para jubilados y trabajadores no registrados, elevación del piso de paritarias, aceleración del cronograma de adecuación del salario mínimo y, este último viernes, la suba del mínimo no imponible para el Impuesto a las Ganancias. Se verá si estas acciones sirven para revertir la tendencia en el futuro inmediato.