Su figura es una referencia ineludible en la cultura pop y sigue desafiando al tiempo. David Bowie murió el 10 de enero de 2016 tras luchar durante 18 meses contra un cáncer. Tenía 69 años y dejó una obra descomunal, que sigue influyendo a colegas y conmoviendo a fans de todo el mundo. A cinco años de su partida, su creatividad continúa funcionando como un faro artístico global. 

David Robert Jones (su verdadero nombre) nació en Brixton el 8 de enero de 1947. Tanto en sus primeras incursiones como músico folk-psicodélico; como en su etapa glam con la creación del personaje Ziggy Stardust, una estrella de rock andrógina y extraterrestre; o su alter ego “El Duque Blanco”, Bowie dio un paso más allá respecto a las tendencias de cada época y marcó el camino a seguir en los años siguientes.


Sus diferentes discos pueden caracterizarse además por los músicos y los productores que trabajaron con él, entre los que cabe destacar a Mick Ronson, Adrian Belew, Robert Fripp y Carlos Alomar, en el primero de los casos, y a Tony Visconti, Brian Eno y Nile Rodgers, en el segundo grupo.

Pero además, sus inquietudes artísticas lo llevaron a desarrollar una interesante carrera como actor, con algunos hitos como su protagónico en El hombre que cayó a la Tierra (1976), en El ansia (1983) o la recordada Laberinto (1986).


Su aspecto físico también lo ayudó a diferenciarse del resto de sus colegas, a raíz de un accidente que tuvo en el colegio, cuando un compañero lo golpeó en el ojo con un anillo y le provocó una lesión que hizo que contara con una mirada bicolor, lo cual aportó un rasgo más enigmático a su fisonomía.

El versátil músico mostró desde sus años como escolar particulares dotes para el canto, el baile y la escritura. Fascinado por el rock and roll de Little Richard, Chuck Berry y Jerry Lee Lewis, entre otros, y el jazz, a los 13 años inició estudios de saxo, aunque su personalidad camaleónica, la misma que demostró a lo largo de toda su carrera, hizo que su dedicación a ese instrumento no fuera por tiempo completo.

Al frente de diferentes bandas que no lograron alcanzar mayor éxito, este músico decidió adoptar su nombre artístico a mediados de los ’60 para evitar confusiones con Davy Jones, de The Monkees, para lo cual tomó prestado el apellido de Jim Bowie, un personaje histórico estadounidense famoso por su destreza en el uso del cuchillo.

En 1967, lanza su debut discográfico con una placa que lleva su nombre, pero su folk psicodélico no logra llamar la atención del público, que en esos años contaba con una oferta musical demasiado amplia como para deslumbrarse con un artista más en ese estilo.

Su primer éxito llegaría en 1969, cuando su atracción por el espacio exterior lo lleva a crear “Space Oddity”, una fábula en donde un Major Tom desilusionado ante la ausencia de vida en otros planetas pierde todo contacto con la Tierra. La BBC utilizó esta canción como cortina cuando transmitió la llegada del hombre a la Luna, en julio de ese año.

En esa época, el músico se casó con Angela Barnett, con quien tuvo su único hijo Zowie Jones, actualmente conocido bajo el nombre de Duncan Jones, quien se destaca como director de cine.

La relación con Angela resultó fundamental debido a que se convirtió en una gran inspiración para su obra, al margen de que dicha pareja también resultó ser la comidilla para los chimentos roqueros de la época. Sobre todo, luego de que Mick Jagger le dedicara la emblemática canción «Angie», grabada con Los Rolling Stones.

Los primeros años de los ’70 consagraron a Bowie a partir de la aparición de Ziggy Stardust, una de sus reencarnaciones musicales más recordadas, una estrella de rock andrógina proveniente de otro planeta, acompañada por The Spiders of Mars, la banda otrora llamada The Hypes, que contaba entre sus filas al fundamental guitarrista Mick Ronson.

Para su creación, el músico siguió los consejos de un amigo que le dijo que hiciera todo lo contrario a lo que estaba de moda. Ante la proliferación de bandas con músicos melenudos, viriles y vestidos con jeans gastados y camisas hippies, Bowie se corta el pelo, se declara bisexual y elige ropas con brillos y lentejuelas.

Es en esta etapa donde se suceden algunas de sus producciones discográficas más recordadas como Hunky dory, The rise and fall of Ziggy Stardust and The Spiders of Mars y Aladdin Sane, verdaderas bíblias del glam rock, que dieron un carácter de héroe de la guitarra a Ronson.

Hastiado de la adoración pública y las giras interminables; y acosado por un creciente abuso de drogas, Bowie decidió matar a su personaje Ziggy Stardust para darle paso a “El Duque Blanco”, otra de sus creaciones.

En 1975, Bowie logró su primer éxito en el mercado estadounidense con el lanzamiento del single “Fame”, para el cual contó con la colaboración de John Lennon y en su disco Youngs Americans, en donde realizó una relectura del soul americano.

En la segunda mitad de los ’70, logra otro de los hitos de su carrera cuando, entre 1977 y 1979, lanza Low, Heroes y”, también conocida como “la trilogía de Berlín”, ciudad que lo acogió por esos años y que le sirvió de plataforma también para producir a sus amigos Iggy Pop y Lou Reed en memorables trabajos como The idiot y Lust for life, en el primero de los casos; y Berlin en el caso del ex Velvet Underground.

Los años ’80 encontraron a Bowie en una posición de superestrella del mundo de la música, con conciertos en grandes estadios alrededor del mundo y una rotación permanente en las principales radios, con un pop orientado para adultos, con una excelente versión de funky blanco de la mano de Carlos Alomar. Sus discos Let’s Dance y Tonight, lo llevaron a liderar los ranklings con grandes canciones.

En 1981 se unió a Queen para grabar la canción «Under pressure», que integró el disco Hot space de la formación liderada por Freddie Mercury. El nuevo golpe de timón lo dio hacia finales de los ’80 cuando se asocia a Tin Machine, una banda de hard rock y blues en la que eligió refugiarse y dejar de lado su figura como solista. Sin embargo, esta postura no fue del todo bien recibida por sus fans, quienes aplaudieron su música pero no apoyaron la propuesta integral.

En este contexto, Bowie se presentó en 1990 por primera vez en Sudamérica, incluida la Argentina, ocasión en la que interpretó por última vez en vivo muchas de las canciones de su época como Ziggy Stardust. Su otra visita al país la realizó en 1998, en el marco de la presentación de su disco Earthling (1997).

Un nuevo golpe de timón se produjo en su carrera en la década del ’90 cuando fusionó su música con elementos del rock industrial, en tanto que acompañó esa tendencia con videoclips dirigidos por la italo-canadiense Floria Sigismondi, responsable de trabajos como “The beautiful people” de Marilyn Manson.

En 1992, Bowie se casó con la modelo somalí Imán, con quien tuvo en el año 2000 una hija llamada Alexandria, y quien lo acompañó hasta sus últimos días.

En la primera mitad de 2000, el músico se retiró paulatinamente de los escenarios al sufrir un ataque al corazón que lo llevó a realizar una vida mucho más reposada, hasta que en 2006 anunció que no volvería a salir de gira ni planeaba nuevos álbumes para los próximos años.

El silencio se rompió en 2013 cuando, a diez años de publicado su último disco Reality, lanzó The Next Day un excelente disco en donde reflotó su sociedad con Visconti que, por un lado hacía un guiño al Bowie de la trilogía alemana incluso desde su portada y, por otro, desplegaba un rock potente y moderno. A pesar de ello, el músico siguió con su reclusión y apenas se dejaba ver en público.

Otra vez la sorpresa se apoderó de los fans cuando se conoció hace pocos meses que un nuevo disco de estudio que llevaba la marca Bowie-Visconti estaba por ver la luz. La ilusión de estar en presencia de un Bowie más vigente que nunca con Blackstar sólo hizo que el estupor ante la muerte del genial artista fue aún mayor.

A pocas horas del lanzamiento mundial de su disco número 25, el hombre que cayó a la Tierra, se reinventó, marcó el camino en cada una de sus producciones e influyó a miles de músicos en todo el mundo dio el último paso necesario para convertirse en mito.