Los ’70 no podrían haber sido mejores para Freddie Mercury, Brian May, John Deacon y Roger Taylor: formaron una de las mejores bandas de rock de la historia y, como si eso fuera poco, sostuvieron ese estatuto a fuerza de discos y giras cada vez más superadoras. Queen pasó de ser una banda de pubs a un fenómeno global a caballo de su prepotencia de trabajo, un sonido inconfundible y una catarata de canciones que pronto se transformaron en himnos de la cultura popular y masiva. Sin embargo, luego de sus lanzamientos de 1980 (The Game y la banda de sonido Flash Gordon), algo aún más avasallante sacudió la escena: la música disco y el funk. Y, fieles a su grandilocuencia, Queen no quiso quedarse afuera de esa ola y la intentó surfear. Es así que el 24 de mayo de 1982 lanzó Hot Space, un álbum que fue éxito de ventas y fuente de interminables debates en torno a la interrogación: ¿es el peor disco del grupo?

Se trata de una obra de once canciones condensadas en menos de 45 minutos, que no podría empezar de una forma más polémica: “Staying Power” parece una concatenación de sonidos pregrabados de algún teclado eléctrico, con los cuales Mercury hace lo posible por dialogar y el bajo de Deacon es el único instrumento que parece mantenerse con fuerza ante lo sintético de la guitarra y la batería. Luego es el turno de “Dancer” y “Back Chat”, en las cuales al menos aparece la inconfundible guitarra Red Special de May. “Body Language” cuenta con una base de bajo y batería formidable… que pronto es opacada con capas de más sonidos electrónicos, los cuales también son la tónica del próximo track, “Action This Day”. Hasta aquí, las primeras cinco canciones del disco, digamos que la mitad, porque la número once merece un párrafo aparte.

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La segunda parte continúa con “Put Out The Fire”, una rock balad fiel al espíritu de la banda (¡por fin!), seguida de “Life is Real (Song for Lennon)”, una balada que también resume el andamiaje sonoro previo del grupo. Cuando parecen haber encontrado nuevamente el rumbo llega el turno de la desganada “Calling All Girls” y “Las Palabras De Amor (The Words Of Love)” que -claro- (nos) genera sentimientos encontrados: porque es nada más ni nada menos que un homenaje al fervoroso público argentino (luego de su visita a nuestro país, pero editado en paralelo al desarrollo de la Guerra de Malvinas) pero… enmarcado en una canción cantada en inglés y español poco lograda, sobre todo si se compara con “Teo Torriatte (Let us Cling Together)”, un experimento superador en inglés y japonés incluida en la placa de 1976 A Day at the Races. El décimo tema, “Cool Cat”, se pretende como una pieza seductora que termina perdida en un fade out, lo que sería una trágica metáfora del disco… si hubiera finalizado en este punto.  

Hasta ahora se podría concluir que Hot Space fue un gran paso en falso, un intento fallido de sumarse a las escenas disco y funk mostrando sus credenciales, peor perdiendo el peso característico de Queen. Incluso el arte de tapa parece errático: una cuadrícula de colores, en la que cada cuadrado incluye un retrato dibujado de cada integrante. Fríos, separados, mirando al frente, sin interactuar. 

Pero cuando todo parece perdido aparece el último tema de Hot Space: “Under Pressure”, donde cualquier análisis hecho hasta el momento estalla por los aires. Aquí, el cuarteto alcanza uno de los puntos más altos de su carrera, pero no lo hace en soledad: la voz invitada y el alma siempre presente de David Bowie irrumpe con una fuerza arrolladora, un huracán de aire fresco que resignifica la pregunta acerca de si se trata del peor álbum del grupo: ¿puede un disco contener “Under Pressure” y no pasar a la historia?