«Llevar la peña al escenario», dijo un periodista cordobés. Y eso es un poco lo que está pasando en las últimas dos ediciones del festival. Una camada de músicos, compositores e intérpretes que transitan el under folklórico –patios, peñas, encuentros, casas culturales– y autogestionan sus proyectos están consiguiendo un merecido espacio en el escenario principal. 

La coscoína Paola Bernal, impulsora de la peña El Sol del Sur, fue una de las que dijo presente en la Próspero Molina. Con una súper banda integrada por Martín Mamonde de La Cruza en guitarra, la cantora Mery Murúa en coros y voz, Rufo Cruz en acordeón y Lucia Rivarola en voces rapeadas, Bernal mostró su propuesta moderna y vibrante, y también le dijo no a la modificación de la Ley de Bosques. 

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La noche de apertura su pico máximo con la actuación de José Luis Aguirre, otro cordobés que viene pisando fuerte y de a poco se va convirtiendo en faro para cantores màs jóvenes. Oriundo de Traslasierra, Aguirre presentó en la Plaza su nuevo disco de composiciones propias, Amuchado, y enmudeció al público cuando recitó su poesía «Poema de las estrellas», escrita tres días antes de la presentación. Un compañero de camino, el poeta y cantautor riojano Ramiro González, también tuvo una gran actuación y demostró que se puede conmover al público festivales con nuevas canciones. De hecho, González presentó tres inéditas: «El ojo de la tormenta», «Es chango de allá» y «Chaskañawicita».También desde La Rioja, Mariano Luque se mostró sólido y entregó las canciones de Cosecha, disco eléctrico y contundente, pero atento a la raíz de su lugar.

Desde Jujuy, el charanguista y compositor Pachi Herrera (ex Inti Huayra) tuvo un muy buen debut como solista en el escenario Atahualpa Yupanqui. El jujeño invitó a un hermoso ballet andino y cerró su concierto con su pequeño hit: «Pachamama». En esta sintonía, los cantautores bonaerenses Seba Cayre y Javi Caminos y el barilochense Fran Lanfré unieron sus canciones y energías en el espectáculo Tierra de canciones. «Que estemos acá es un mensaje de esperanza para otros músicos independientes», dijo Lanfré. En tanto, el dúo Che Joven fue otra bocanada de aire fresco para el festival. Marino y Pablo Coliqueo también se animaron a mostrar canciones nuevas y compartieron el escenario con muchos amigos (Josho González, Murúa, Rubén Patagonia, Ariel Arroyo, Milena Salamanca, entre otros). El firme contenido político de las letras y el cruce con el rock pesado hacen que Che Joven se distinga del resto. Juan Iñaki, Pennisi, Emiliano Zerbini y Milena Salamanca también forman parte del recambio.

Lo que no se ve por televisión

Como ya se dijo, Cosquín excede lo que sucede en la Plaza Próspero Molina. A los alrededores, una infinidad de propuestas retroalimentan la mística del festival. Un lugar infaltable es el Patio de la Piri, un espacio que tiene dos momentos: una original programación con conciertos a la tarde, con mesitas y cierta intimidad. Y a la mañana, el lugar en el que confluyen todos los que quieren tomar un sorbo más y ya no queda ningún bar ni peña abierta.

 La escena de este año en lo de la Piri: Juan Quintero con guitarra desnuda cantando «Grito santiagueño» en el medio del patio frente a las miradas conmovidas de cientos de personas que hacían un esfuerzo sobrehumano para encontrar un lugarcito. ¿El marco? El recuerdo a Raúl Carnota organizado por su hija, Guadalupe. 

Entre las peñas más concurridas y recomendadas, se encuentran La Salamanca (un lugar gestionado por el músico Luis Salamanca, ideal para cenar y bailar), la Fiesta del Violinero (encabezado por Néstor Garnica, esta peña familiar es el refugio de la música santiagueña) y El Sol del Sur (ideado por Paola Bernal, es la peña alternativa, la que eligen los más jóvenes y los que andan a la búsqueda de sonidos nuevos y no tan tradicionales).

«Cosquín, un festival con nuevas generaciones»

«Algunas postales de la edición 57»