¿El mundo necesitaba un documental sobre Val Kilmer? A una respuesta apresurada le resultaría bastante difícil eludir el escepticismo. El actor estadounidense es, en mayor o menor medida, un viejo conocido para quienes fueron contemporáneos con su carrera. La progresión de ¡Súper secreto!, Top Gun, The Doors y Batman eternamente, entre otras, le dieron fama global, millones en su cuenta bancaria y proyectaron la sensación de que estaba a una gran película de convertirse en una de las máximas estrellas de Hollywood. Sin embargo, la actuación realmente consagratoria nunca llegó, algunas decisiones apresuradas lo alejaron de los primeros planos y su presencia se fue desvaneciendo frente a sus competidores generacionales y nuevos talentos. En un mundo agobiado por la exposición y la autorreferencialidad, un documental sobre un actor que no terminó de confirmar lo que alguna vez prometió podría perderse como una gota de agua en el océano. Pero Val, el film de Ting Poo y Leo Scott, se convierte en una propuesta movilizante porque funciona como un drama sobre la imposibilidad, sobre lo que fue y lo que nunca volverá a ser.

“Tuve que elegir entre comer y respirar, y sin respirar no se puede comer”, confiesa el propio Kilmer en la película. No es una metáfora. El actor estadounidense sufrió un cáncer de garganta que logró dejar atrás luego de múltiples tratamientos, pero las secuelas son determinantes. La traqueotomía a la que debió someterse condiciona drásticamente su capacidad de hablar: cada palabra que pronuncia le demanda un enorme esfuerzo físico que incluye tapar un orificio en su cuello con la mano. Su voz suena pastosa, metálica y le resulta muy difícil comunicarse. Salvó su vida, pero en el camino naufragó la posibilidad de continuar desarrollando su verdadera pasión: actuar.

Val está construido en base a filmaciones caseras que el propio Kilmer realizó a lo largo de su vida con una cámara portátil –algo poco usual en los ’70 y ’80–, fragmentos de sus películas, la voz en off de uno de sus hijos –que asume el rol de su padre– y el presente repleto de dificultades de Kilmer. Por momentos funciona como un enorme ejercicio catártico. Un repaso ampuloso de lo que fue y lo que nunca más será. Nadie podría negarle a Kilmer la legitimidad de los sentimientos de nostalgia y hasta de desesperación. Pero el documental se las arregla para ir un poco más allá. El contraste físico entre el Kilmer joven –casi un Ken hollywoodiano– con su presente agobiado es brutal. Pero no se trata de apenas un juego de las diferencias. Es una parábola un poco más caustica, pero plena de verdad: el deterioro y la enfermedad –en mayor o menor medida– son constitutivos de la naturaleza humana. Acaso la mayor audacia de Val es que se desarrolla de la mano del mismo Kilmer bajo el formato de una biografía pre mortem, con su protagonista repasando luces y sombras con una honestidad brutal y –por momentos– incisivas dosis de humor.

La película –como no podía ser de otra manera– también incluye un repaso por los mejores momentos de su carrera, un recorrido que sus fans disfrutarán particularmente, e incluso ofrece algunas perlas imperdibles para los cinéfilos. En el primer lote se destacan su sueño eterno de hacer Hamlet, su devoción por el escritor Mark Twain, las internas en Top Gun, el imposibilitante traje que debió usar en Batman eternamente y los motivos por los que decidió no seguir con el personaje: “Todos los niños quieren ser Batman, pero no creo que quieran ser el actor que interpreta a Batman”. Ocupan un lugar significativo en el rubro de imperdibles para cinéfilos sus fallidas audiciones autoregistradas para el casting de Full Metal Jacket y GodFellas, y los casi desopilantes entretelones de la filmación de La isla del doctor Moreau, con su admirado Marlon Brando y un doble.

La vida de Kilmer también fue impactada por otras desgracias. A esta altura un divorcio doloroso funciona casi como un impuesto a la vida, pero la muerte temprana de su hermano menor –se ahogó en el yacuzzi familiar– y que su propio padre lo estafara por millones de dólares resultan hechos de un impacto ineludible. Sin embargo, su presente –en el que no falta el cariño de sus hijos– es el más perturbador. Sus enormes dificultades físicas y sus necesidades económicas, esas que lo obligan a girar por EE UU para participar de compulsivos y bizarros ejercicios de nostalgia, hacen todavía más visible su fragilidad.

Exiliado drásticamente de su vieja normalidad, Kilmer encarna y casi conduce un repaso de su vida que oficia como mucho más que eso. Val retrata –sobre todo– el lado B de la fama, la crueldad de Hollywood, su lucha por sobrevivir y algunas de las verdades incómodas de la vida. No es poco. «


VAL

Documental. Directores: Ting Poo y Leo Scott. Disponible en Amazon Prime Video.