Es una figura emblemática y única de la cultura nacional. Fernando Noy es todo y nada específico al mismo tiempo: trasciende todo tipo de etiquetas y prejuicios. Expresa su talento, sensibilidad y creatividad como poeta, actor, cantante, escritor, dramaturgo, letrista, performer, dibujante y representante.

Nació en San Antonio Oeste, Río Negro, el 17 de noviembre de 1951, pero su infancia transcurrió en Ingeniero Jacobacci, al sur de la provincia patagónica. Llegó a Buenos Aires para hacer la secundaria y entró en la actividad cultural por curiosidad y deseo. Fue amigo de Tanguito, Miguel Abuelo, el grupo Manal, pero también se acercó a la intelectualidad del Instituto Di Tella, a partir del cual construyó una gran relación con Marta Minujín y Alejandra Pizarnik, con quien tuvo una profunda relación durante los últimos tres años de vida de la escritora. Vivió el tropicalísmo en su exilio en Brasil que duró diez años y volvió a Buenos Aires, luego de probar dos años en París, en pleno estallido el underground porteño de los ’80. En cine trabajó bajo la dirección de María Luisa Bemberg, Jorge Polaco, Edgard Navarro, Luis Ortega y Néstor Frenkel. Produjo shows de Mercedes Sosa, Gilberto Gil, Jimmy Cliff, Elis Regina, Egberto Gismonti y Leda Valladares, entre otros.

–¿Qué es lo que más te gusta hacer?

–Vivir. Y me gusta mucho corregir escritos que tengo guardados, terminar libros inesperadamente. Pocas veces trabajo por encargo. A veces escribo por escribir y lo guardo para darle su tiempo de maceración. Hasta cinco años de fragua tienen algunos de mis poemas.

-¿Algún tipo de poesía te gusta más que otra?

Ahora estoy poseído por el haiku, un tipo de poesía japonesa. Consiste en un poema breve de diecisiete moras o sílabas, escrito en tres versos de cinco, siete y cinco sílabas, respectivamente. Pero depende. Son etapas.

Foto: Télam

-¿Cómo conviven en una persona tantas maneras de expresarse?

-Lo que hay en mí es lo tendría que tener cualquier obra de arte que se precie de tal. Soy pura poesía, desde niño. Lo transmito dibujando, en el teatro o por escrito, pero es lo mismo. Tengo necesidad de dejar testimonio de lo que me ocurre. Sigo desarrollando la Ariadna poética que tengo adentro, con un hilo imaginario que me marca el camino. En todas las versiones posibles.

¿Cómo fue tu infancia?

Vivíamos en un pueblo más pequeño que mi apellido. Pero fui muy feliz, escribiéndole a mis abuelas una carta por día encontré mi vocación. Ellas me dijeron que escribía lindo y me motivaron a seguir. Hacía poemas para la escuela, mi maestra Nilda era poeta y me ayudó. Obvio que recitaba poemas para las fechas patrias y actos del colegio.

Foto: Facebook

-¿Eras la estrella de los actos escolares?

-Algo así, bailaba, actuábamos. Hasta los 11 años, que me vine a Buenos Aires. En secundario tenía una profesora que me hacía escribir delante de ella porque creía que yo me los copiaba, pero no. Estaba entrenado. Después fui uno de sus alumnos favoritos.

-¿Charly García fue a tu colegio?

-Sí, era del mismo año, pero cursaba en otra división. Recuerdo como tocaba el piano y a veces a la salida nos íbamos todos a tomar cerveza a una confitería. Luego me tuve  que cambiar de colegio.

-¿Por?

Debido a mi mariconería. Me fui a otro, pero siempre llevando mi arte conmigo.

Foto: Laura Tenenbaum

-Siempre te rodeaste de gente muy talentosa. ¿Por qué pensás que se daba?

-Estaba donde ellos estaban. Nos juntábamos los creadores, solos. Nos gustaban los viajes artificiales, nos gustaba expresarnos. Eran tiempos difíciles, de hecho, mi padre me dijo: “Andate que se viene jodido el tema”.

-¿Por qué elegiste Brasil?

-Iba a ir a Europa o a México, pero terminé en Brasil. Salvador de Bahía era el paraíso para un puto perfumado de pelo largo como yo. La libertad absoluta para ser la loca que era me deslumbró. Fui tan feliz, era como un Woodstock permanente.

-¿Cómo fue la vuelta?

-En el ’84 me vine y ya pasaba de todo. Mi amiga Katja Alemann vino a mi casa para decirme que iba abrir un lugar llamado Cemento: por ahí pasaron Vivi Tellas, Batato Barea, La Organización Negra, Los Redondos, Sumo, Los Abuelos de la Nada, Enrique Symns. Además estaba el Parakultural y yo curtía todo eso. Ibas porque sabía que te ibas a encontrar algo maravilloso o increíble. Bueno tuve la suerte de estar ahí. Fue hace tanto, pero fue hermoso.

-¿Sos de pensar en el paso del tiempo?

El tiempo no me pesa, el tiempo me besa. El pasado lo rememoro como presente y el futuro es consecuencia de ese pasado. No hay límites temporales para mí. Soy un privilegiado por el destino.

-¿Le temés a la muerte?

No considero la muerte como una pérdida o un final. Para mí es un encantamiento que te lleva a otra dimensión, con la que podes conectar. A los amigos que ya no están los siento cerca. Cuando yo parta quiero que canten y bailen, y estaré ahí en una vibración que conecta los mundos. Viva la muerte, muera la muerta.

-¿La poesía nace mejor de la tristeza o de la alegría?

-De las dos y de ninguna. Nace del trance poético, que es incomparable, que está más allá de todo. El trance poético es pariente del orgasmo, pero mucho más poderoso.

-¿Todo tiempo pasado fue mejor?

-Ese es un comentario derrotista. Todo tiempo pasado será futuro, digo yo. Él ahora es todo . «

Foto: Marcos López