Elvira y María son dos jubiladas coquetas. Charlan en el acceso al predio de La Rural. «Yo vengo a ver si hay aceite o crema, me lo dijo el oncólogo por el tumor», dice Elvira, de capelina negra y unos guantes finos de lana rosa. María llegó por su madre, que anda con reuma. «¿Vos dónde lo conseguís?», pregunta. «Como cualquier otra crema que traigo de afuera, querida… Pagando». Sobre su cabezas, el cartel anuncia «Expo Cannabis. Bienvenidos. Hoy comienza una nueva historia».

La primera feria masiva sobre la planta de la marihuana es un éxito de público (calculan treinta mil personas), que empezó el viernes y terminó el domingo. No sólo por ser algo inédito en su escala y en su temática –la ley aún prohíbe cultivar y hay personas que continúan detenidas– sino también por el tipo de público: la mitad llegó por consultas relacionadas al uso medicinal, sobre todo adultos. Es el caso de Elena, de 72 años, de San Justo, que padece artrosis. «Vine a ver si hay aceites. Mi vecina le dio unas gotas a su perro, porque no caminaba. ¡Y ahora hasta salta!». Para su incipiente Parkinson, Teresa, de 79, aceptó la recomendación de su arquitecto: «Dicen que funciona para la epilepsia».

La pregunta se repitió en casi todos los stands: «¿Acá venden aceite?» Pero en la Expo, como en el resto del país, está prohibido, al igual que el cultivo y comercialización de semillas. Apenas se permite el aceite de cannabis para tratar la epilepsia refractaria, «a pesar de que sólo el 8% lo usa para eso, según una encuesta que realizamos. El 70% lo usa por dolor crónico o neuropático, y en su mayoría adultos mayores», revela Esteban Serra, ex decano de la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), que hace tres años analiza componentes de aceites como servicio para organizaciones y pacientes, especialmente la cantidad de THC y CBD, los elementos clave del cannabis, para determinar si el producto es el indicado para cada patología.

«Si buscás tratar la epilepsia te conviene que tenga CBD, en cambio el THC sirve más para combatir la artrosis o la depresión, porque es psicoactivo», resalta Manel Reig. Desde el stand de Cultivo Urbano Grow Shop, agrega que «el problema de comprar en el mercado negro es que quizás te trae más THC del necesario, o a veces diluyen mucho los aceites o le ponen morfina. Al no ser legal, nadie sabe lo que compra. Y un frasco de 30 mililitros lo están pagando 2500 pesos».

En Expo Cannabis se entrecruzan los progresos en uso terapéutico, las novedades en tecnología y las oportunidades económicas de una industria en auge, con puestos de acceso a la justicia y a la salud, espacios de arte y de saber indígena, y 30 pósters científicos con las novedades en investigación de los últimos años, como por ejemplo, las mejoras significativas en chicos con autismo, o un estudio del Conicet sobre el uso medicinal en Bahía Blanca, donde comprobaron que la mayoría consume productos con exceso de THC. Serra, de la UNR, participó hace un mes de un congreso de la ANMAT: «Les pedimos que otorguen al cannabis un estatus particular de ‘complemento medicinal’, con normas de calidad y estándares de producción».

La exposición motivó la presencia de especialistas de todo el mundo y casos vecinos como el de Uruguay, donde a partir de la legalización florecieron los clubes o membresías de cultivos colectivos. Ana María Gazmuri, directora de la Fundación Daya, en Chile, una de las principales activistas por la legalización en la región, pidió por un «nuevo modelo inclusivo de desarrollo, con una industria nacional a precios éticos y que genere empleo. Y que, cuando se legalice, los grandes actores industriales no avancen sobre los cultivadores, que la lucharon todo este tiempo y son los que más saben».

A ese tren se subió la feria, incluyendo talleres sobre cómo cultivar. Nicolás Geniso habló de la importancia de «planificar el tamaño que puede tener la planta, que puede llegar a los 6 metros en condiciones buenas», del riego «que debe ser como cebar un mate, lo más lento y espaciado posible, y sólo cuando la planta lo pide», y de «trasplantarla de cubículo reiteradamente hasta antes de que florezca, cuando la altura ya es el doble o triple de la maceta; si no, se atrofia».

No faltó el mercado especializado. Ulises, de Exodus, exhibe fertilizantes minerales, otros de «guano de murciélago y gallina», macetas «geotextiles», turbinas, ozonificadores, reflectores y temporizadores: «Es abismal la gente que entra a pedirnos semillas. Decimos que es ilegal y nos marcan la contradicción: ‘Vendés de todo para que la planta crezca pero no me das la semilla'».

La firma Cultivarg vende invernaderos de interior desde 100 dólares. A unos metros, Universal Growing parece un Garbarino del cannabis, con su flamante producto importado de EE UU: por U$S 500, una máquina que fabrica el aceite «en 40 minutos», con ocho gramos de hierba vegetal. «Apuntamos a los usuarios de cannabis medicinal», asegura Ezequiel Ugarte, su director ejecutivo. Otra novedad del mercado es el Grow & Bloom «All-in-one», patentado por un grupo de empresarios e investigadores argentinos. Se trata del «primer nutriente completo a nivel mundial» que combina los 13 micro y macro elementos que requieren las plantas durante su ciclo completo de crecimiento y floración, en un solo producto.

En la Argentina ya existen más de 200 locales especializados. Matías, de Lugannabis Green Shop, subraya que «seis de cada diez clientes no son tradicionales, preguntan si vendemos semillas o aceite para algo de salud. Hay un vacío legal que es urgente remediar».

La Expo, con su masividad en un lugar icónico como La Rural, servirá de antecedente ineludible para la discusión que, tarde o temprano, habrá que dar. Por eso, Sebastián Bassalo, el director de la revista THC, organizadora del evento, resalta que la idea surgió «para empoderarnos sobre los enormes beneficios que trae el cannabis, para hacer la vida más digna, y para que entre todos y todas construyamos una nueva realidad del cannabis en la Argentina». La exposición habrá marcado entonces un antes y un después en una historia que ya está en marcha hace tiempo. Es cuestión de darse cuenta y no mirar para otro lado. «

Ahora hay que empezar a estudiarla en la facultad»

El aspecto sanitario del cannabis es esencial. De hecho, en la Expo hay 20 médicos y médicas en puntos de acceso a la salud. Una de ellas es Celeste Romero, psiquiatra de 36 años, que en su etapa de estudiante escuchaba y leía una relación entre el uso de cannabis y la psicosis, que en la vida real no sucedía. «Cuando empezó el fenómeno del cannabis empezamos a notar que no teníamos la suficiente formación al respecto –cuenta a Tiempo–. No se analiza en las carreras. Yo misma me enteré por primera vez del sistema endocannabinoide gracias a una revista THC«.

Romero explica que «el sistema endocannabinoide es un sistema de receptores y ligandos endógenos, moléculas que producimos con similitudes estructurales a los de la planta. Esto hace que, cuando el sistema colapsa, pueda usar fitocannabis exógenos de la planta. Se trata de un sistema que lleva al organismo al equilibrio, porque controla funciones básicas como la coordinación motora, el control del dolor, los ciclos de sueño, el sistema digestivo, el apetito. Tiene mucha presencia en el sistema nervioso central. Eso hace que las neuropatologías como el Parkinson, la parálisis cerebral, la esclerosis múltiple, el autismo o la epilepsia refractaria puedan ser tratadas con cannabis. Es un universo nuevo sobre el conocimiento de nuestro cuerpo y de las plantas».



...
(Foto: Pedro Pérez)



«La posibilidad de trabajar con plantas, los médicos la teníamos bastante olvidada –acota la profesional–, porque estamos acostumbrados al modelo monomolecular de la industria farmacológica, y en cambio acá lo interesante es la combinación de moléculas. El cannabis abre la posibilidad de recuperar saberes ancestrales de la medicina y, por suerte, eso está avanzando un montón en la formación académica. El mayor desafío ahora es que se instale en la formación de grado. Los fitocannabinoides derivados de la planta deberían estudiarse en Farmacología, y el sistema endocannabinoide, en Fisiología».

La psiquiatra habla del «boom de los viejitos cultivadores», pero remarca que aún hay barreras a superar: «Hoy la oposición es una combinación de ignorancia, sectores médicos más conservadores bastante alineados a la industria farmacéutica y el prejuicio creado en un sector de la sociedad, como si la marihuana fuese una planta asesina de la juventud, y nada que ver».



...
(Foto: Pedro Pérez)


Mamá cultiva soberanía


Las madres cultivadoras son una pieza esencial del mundo cannábico argentino, fundamentales para los fallos judiciales favorables al autocultivo. Su lucha se reflejó en la cantidad de gente que las visitó en el stand, de los más concurridos de la Expo.

Una de las estrellas fue La historia de Mamá Cultiva Argentina. El camino del cannabis terapéutico, el libro elaborado por Valeria Salech, presidenta de la ONG. Su hijo Emiliano nació con epilepsia. Tomaba cinco medicamentos diferentes, empezó a probar con cannabis y ahora utiliza sólo dos. «Uno de los medicamentos que él tomaba de manera crónica, ahora, el frasco, sale 6000 pesos. Estamos ahorrándole al Estado miles de pesos por mes, pero se está perdiendo en los laboratorios», subraya Valeria, y pone énfasis en la necesidad de «construir soberanía sanitaria, con una perspectiva de género, comunitaria e inclusiva». Dice que «nuestra cultura occidental puso la medicina alopática por encima de cualquier terapia; estamos muy colonizados por eso», y explica que el cannabis es una planta tan compleja, con tantas propiedades diferentes, que resulta casi imposible estandarizarla: «Al no poder hacerlo, no se puede vender en farmacias. Entonces, no es negocio.»










...
(Foto: Pedro Pérez)