La amenaza de que el trigo transgénico llegue a la mesa de todos los argentinos pretende convertirse en un hecho: se calcula que ya hay sembradas unas 25 mil hectáreas repartidas en al menos siete provincias. Mientras se espera su aprobación por parte de la Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad de Brasil (CTNBio), encargada de autorizar los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) para su comercialización y uso en el país vecino, distintas organizaciones proponen, en el mes de la Pachamama, un “Panazo” nacional con el fin de visibilizar el rechazo a “un exponente más de lo que representan los transgénicos: monocultivos industriales que utilizan millones de litros de agrotóxicos”.

“El Panazo surgió por la preocupación de las organizaciones ante otro posible impacto de este modelo extractivista. Nuestro país pasaría a tener un trigo transgénico que es resistente al glufosinato de amonio, un herbicida mucho más tóxico que el glifosato y que está prohibido en la Unión Europea para su uso agrícola. A diferencia de la soja transgénica, que es mayoritariamente para alimentar ganado y producir biodiésel, el trigo es la base de nuestra alimentación, todos los días está en nuestras mesas, lo que impactaría de manera directa sobre nuestra salud”, explica Daniela Verzeñassi, integrante del Foro Ecologista de Paraná y de la Coordinadora Basta es Basta, de Entre Ríos.

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El Panazo es apenas una de las muchas actividades que se desarrollarán durante la semana del 16 al 20 de agosto, que incluyen desde el reparto de panes artesanales y tortas fritas elaborados con trigo agroecológico en la Plaza de Mayo hasta un “amasado virtual” para quienes no puedan movilizarse.

“Se van a hacer un montón de acciones en distintos territorios, en algunos que son el corazón del modelo, como Tandil o Rosario, y donde hay varios ensayos de siembra de trigo transgénico”, destaca Rosalía Pellegrini, de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT).

Pese a que todavía no está aprobada su comercialización, la misma empresa Bioceres, que desarrolló la variante HB4, convoca a productores a través de sus redes sociales a realizar “testeos” de su trigo transgénico, y se ufana de sus campos sembrados en Bower (Córdoba), Quimilí (Santiago del Estero) y Coronel Suárez (Buenos Aires), entre otros lugares.

“La articulación –agrega Pellegrini– de organizaciones ambientales, pequeños y medianos productores y académicos en esta Plataforma Socioambiental es un freno a la avanzada del agronegocio que viene a concentrar la matriz productiva, y sirve para visibilizar el impacto del paquete tecnológico en lo que comemos. El trigo está muy presente en la dieta de los argentinos, no queremos que haya restos de herbicidas en el pan y la harina que comemos”.

Las causas

Actualmente la Justicia tramita tres expedientes que piden un freno al trigo transgénico. La primera es la causa “Giménez, Alicia Fanny y otros contra el Estado nacional, Monsanto y otros, en la que el debate de fondo se centra en la suspensión de todos los OGM, sostén del actual modelo agroindustrial. La segunda es un amparo presentado por la Federación de Centros y Entidades Gremiales de Acopiadores de Cereales que, según Fernando Cabaleiro, abogado de Naturaleza de Derechos, “ven amenazados sus negocios”. A esa causa se sumaron los productores agroecológicos y consumidores de trigo y de productos derivados, solicitando la intervención de la Dirección Nacional de Agroecología para que emita un dictamen de protección. Por último, en la provincia de Buenos Aires está la causa “Trigo de libertad”, en la que se exige a las autoridades bonaerenses que “actúen y regulen la liberación de transgénicos dentro de la jurisdicción”, haciendo foco en la protección del trigo agroecológico.

“En la última audiencia –revela Cabaleiro– no hubo acuerdo porque las autoridades provinciales negaron que el derecho a la agroecología esté reconocido en nuestro orden jurídico. Un verdadero despropósito”. «