Marcelo Campagno –54 años, doctor en Historia por la Universidad de Buenos Aires (UBA); especialista en el estudio de los Estados primarios; director del Instituto de Historia Antigua Oriental Abraham Rosenvasser, el único con status universitario dedicado a estos temas de toda Latinoamérica– argumenta que lo suyo no es una rareza. «La egiptología –empieza– tiene un plus: siempre es convocante. Provoca fascinación o curiosidad, va más allá de lo que se enseña en las escuelas. Hay una construcción social en donde el Antiguo Egipto está asociado a los misterios, a lo oculto, a la sabiduría. Eso quiere decir que se sostiene socialmente, que existe cierto interés que no pasa, por ejemplo, con las civilizaciones de la Mesopotamia, ni siquiera con el Imperio Romano».

Fue en la universidad cuando Campagno transformó ese interés o curiosidad inicial en el objeto de estudio de su vida. «El caso mío es particular –cuenta– porque mucha de la gente que se dedica a la egiptología entró de chica al ver las pirámides en la escuela primaria, pero yo me decanté por el Antiguo Egipto en la carrera de Historia. Me llamó la atención cómo se pudo pasar de sociedades tribales a otra cosa donde el rey es considerado un Dios; es el primer momento en que ves el proceso de cambio, el surgimiento del Estado, la aparición de la civilización. Esa pregunta por el origen me siguió acompañando y ya hace más de treinta años que estoy con este tema». Hoy está al frente del Congreso Iberoamericano de Egiptología que se realizará de manera inédita en la Ciudad de Buenos Aires, a partir de este lunes.

–¿Qué es la egiptología?

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–Una disciplina académica que forma parte de los estudios históricos del espacio temporal que comprende el Antiguo Egipto. Abarca la filología, que es el estudio de textos; la arqueología, que se ocupa del trabajo de campo y la historia del arte. Tradicionalmente esos fueron sus objetos de estudio, pero se fue diversificando y abriendo a un diálogo interdisciplinario. Este 2022 es especial para nosotros porque son los cien años del descubrimiento de la tumba de Tutankamón y los 200 años desde que el francés Champollion (Jean-François) descifró por primera vez los jeroglíficos egipcios.

–¿Cuánto está extendida esta disciplina en la Argentina?

–Que la Argentina sea la sede del primer Congreso Iberoamericano de Egiptología realizado en este lado del océano (del 5 al 7 de septiembre en Buenos Aires) es un reconocimiento. El Congreso nació en España, donde la cuestión de Egipto es muy importante. Te diría, exagerando, que después del fútbol es lo que más les interesa. Que nos hayan elegido a nosotros demuestra que nuestros colegas españoles consideran que acá hay una masa crítica que está a la altura. Nosotros podemos hacer lo mismo que hacen allá, pero con el agregado de nuestra experiencia de vivir en países donde pasan otras cosas.

Símbolos

En nuestro país la egiptología tiene un pionero inequívoco. La pasión de Abraham Rosenvasser por la historia antigua lo llevó a embarcarse en los ’60 en una misión franco-argentina para salvar tesoros arqueológicos que iban a ser destruidos por la construcción de una represa sobre el río Nilo. También alentó la creación del Centro de Estudios Orientales de la UBA, hoy rebautizado con su nombre y con Campagno en el cargo de director. «Si lo comparás con el interés que despierta, por ejemplo, la Historia argentina, obviamente somos una minoría. Pero hay jóvenes que se están doctorando en este tiempo y que perfilan un futuro interesante para la egiptología en el país», destaca.

¿Por qué las pirámides y Tutankamón se impusieron en el imaginario construido sobre Egipto?

–Las pirámides siempre estuvieron presentes para el mundo occidental, fundamentalmente por esa idea de las siete maravillas del mundo, pero si tenés la posibilidad de conocerlas tienen una masividad que impacta por sí misma, se imponen por sí solas. Con respecto a Tutankamón, si bien no fue un rey muy importante, haber encontrado la tumba intacta con todo ese oro y objetos bellos generó un impacto muy fuerte. En algún sentido son símbolos potentes que transmiten esta idea del pasado. Pero no hay que pensar el Antiguo Egipto como una anomalía, sino en función de otras sociedades antiguas.

–¿Es posible encontrar alguna similitud con nuestra historia?

–El Estado del Antiguo Egipto es comparable con la historia argentina del siglo XV que estaba bajo control inca con reyes, una economía basada en tributos y agricultura y un Estado extensivo en términos sociales. Más allá de eso, lo importante es pensar estos procesos de cambios; la aparición del Estado te permite articularlo con otros momentos de la historia y no quedarte sólo con Egipto. Uno puede hacer comparaciones, pero siempre terminás en el plano de la metáfora. «