Me tomó por sorpresa una amiga que sigue la prensa argentina: me avisó que Isabel II había fallecido, horas antes del anuncio oficial. Hace años se anunció el plan de cómo se procedería cuando llegara elmomento. Diez días de luto. Lo sabíamos. Cuando finalmente llegó el anuncio, sentidos comunicadores hicieron una impecable narración sobre la vida de la monarca. Dejé de atender cuando un cambio de canal me llevó a reconocer a otros que repetían lo mismo. El guión quedó expuesto.

El jueves anunciaron que las escuelas estarían cerradas. El viernes hubo un giro (los niñxs retomarían sus actividades el lunes) cuando en las redes, la reacción generalizada de los progenitores laburantes, hicieron saltar las alarmas.

Así, el país entra en duelo, con continuidad productiva. En paralelo, un nuevo gobierno asume, con votos calificados de 80.000 miembros del Partido Conservador. Mientras que 67 millones quedamos de observadores. El gabinete se conformó un día antes del día aciago. Su composición escapa largamente a la imaginación muy próspera de los humoristas británicos, que catalizaron la bronca social de los últimos doce años. El PBI descendió un 9.3%, el más grave del G7.

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El comediante Jonathan Pie, un imprescindible, dijo que Liz Truss es una mezcla de Margaret Thatcher —por su odio a la clase trabajadora— con la incompetencia de Boris Johnson, y si con un trapo se le limpiara cualquier exceso de carisma, estaría describiendo sólo la mitad… Por eso no sorprendió con sus primeras medidas, incrementando el presupuesto de Defensa para sostener la guerra en Ucrania, coherente para una exempleada de la petrolera Shell. Su flamante ministra del Interior, hija de inmigrantes, ordenó parar los botes que cruzan el canal, con inmigrantes, contrariando las opiniones de los especialistas de su ministerio. La Marina rechazó formar parte de esta operación… El odio de esta política antiinmigración dio un nuevo giro, cuando firmaron un acuerdo con Ruanda, para trasladar a todos los refugiados a gestionar su ingreso desde ese país. Esto trajo complicaciones con el Convenio Europeo de DD HH del cual el país sigue formando parte y con la ONU por violación sistemática de los derechos a refugio. La nueva ministra promete hacer más eficiente el convenio con Ruanda y sacar al Reino Unido del último enlace con Europa.

Al mismo tiempo, el país tiene un nuevo rey, con notorios antecedentes. Recientemente recibió en un maletín un monto de 2.5 millones, provenientes de un multimillonario saudí conocido como «el dueño de Londres». Salió del apuro al anunciar que todo el dinero se depositó en las fundaciones de caridad del por entonces príncipe.

Lo que sigue, lamentablemente, es más que predecible, un partido en el gobierno con internas compitiendo por no generar espacio a su peor enemigo, los nacionalistas fascistas que en cualquier momento se quedan con el 60% del partido. Es muy posible que este gobierno no dure demasiado, tal vez no más de un año.

El partido opositor, purgado de izquierdistas, podría ganar las elecciones abiertas sobre la base de la derecha del Partido Conservador. Los jóvenes podrían cambiar el panorama, pero no van a votar, así que la base de votos de este país está en los mayores de 60… nostálgicos del imperio que hace 66 años no existe.

Mientras tanto, Jair Bolsonaro declaró tres días de luto. Mauricio Macri mostró su constricción cínica, como si despidiera a su abuela. La prensa tóxica de Argentina reproduce horas de halagos a un evento donde no están invitados. Todo suena bizarro, gestos de alabanzas, como si al proveerlas quisieran ganarse el ingreso al club al cual nunca pertenecerán.

Cuando la reina Isabel II hacía sus apariciones en pueblos y eventos alrededor del mundo, la rodeaban de un selecto grupo de personas con instrucciones precisas de no acercarse ni saludar a menos que su realeza decidiera hacerlo. Era y es establecer la desigualdad entre las personas. El rito se basa en una concesión del poderoso hacia los nadie.

Los imperios eligen sus socios, sólo si antes no lograron someterlos.   «