Las coberturas de las elecciones suelen ser políticos votando y hablando. Pero tienen su Lado B, desde el Norte al Sur del país.

Así, por ejemplo, se viralizó en redes una respuesta de la candidata por CABA y ex gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, que quedó como una ironía no buscada sobre los tiempos de descanso del ex presidente Mauricio Macri: “¿Habló con Macri, Vidal?”, le preguntó un cronista. Y ella respondió: “Todavía no, porque arrancamos muy temprano, no quise llamarlo a las 8 de la mañana”.

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Una persona vestida de carpincho acaparó las cámaras en una escuela de Tigre. O la de Crónica, para ser más precisos. También acaparó cámaras el presidente Alberto Fernández, a quien la fiscal de FdT le pidió foto, pero no solo ella. Su compañera de mesa, la fiscal de JxC, se llevó su foto presidencial.

En Barracas, Mario Adrián Gabaglio, de 53 años, licenciado en Economía, fue a votar vestido acorde a su mote legislativo. Se presenta como el Payaso Marulito, en la segunda ubicación de la lista del Partido Renovador Federal porteño. Y vestido de payaso votó.

Las elecciones en pandemia demandan protocolos. Y eso en muchos casos conlleva a demoras. En la Mesa 295 de la Escuela de Comercio de Tandil, por ejemplo, antes de las 10.30 la fila reunía a más de 70 personas. En la Ciudad de Santa Fe se relevaron colas de 200 metros. Lo vivió en primera persona el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, que debió esperar un largo rato para emitir su voto. En todos los casos fue con total normalidad.

En la capital santafecina quien ingresara al cuarto oscuro se iba a encontrar con un mar de nombres, colores y boletas: se presentaron 42 listas para concejales, la mayor cantidad desde que está la boleta única. En los partidos más pequeños una lista solo necesita el aval de cinco afiliados para presentarse.

En la zona del litoral la votación convive con la preocupación por la bajante histórica del Río Paraná, que lo llevó a ser tapa del New York Times con el título “el Paraná se marchita”. Ayer pegó otro salto en Santa Fe y en pocos días llegaría el pico del repunte. Midió 64 cm durante la noche en el puerto local, un crecimiento de 18 cm con respecto al viernes. Según el Instituto Nacional del Agua, alcanzaría 1,06 mts el martes 14, luego comenzaría a descender: “prevalece una tendencia descendente en todas las secciones del río Paraná en territorio argentino. Continuará predominando en los próximos tres meses”, alertó el INA. 

Siempre antes de una elección uno de los aspectos más difundidos es la veda obligatoria. En una elección en pandemia, la veda se hace más necesaria. Pero en Entre Ríos no todos la cumplieron. En la madrugada del domingo, efectivos de la Comisaría 7 de Paraná intervinieron una fiesta clandestina en un descampado, donde había un camión distribuidor y una larga mesa con bolsas de hielo y bebidas alcohólicas. A su alrededor, 18 personas, que fueron identificadas y notificadas.

En los parajes rurales, votar constituye todo un proceso que dignifica el valor de la democracia y el derecho soberano. Puede dar fe Pedro Meier, habitante de Quiñihual, en el partido bonaerense de Coronel Suárez. En 1994 dejó de pasar el ferrocarril y el vaciamiento fue expulsando a sus pobladores. Menos a Pedro, el único habitante del lugar. “Jamás me perdí una votación, menos lo voy a hacer ahora”, dice a sus 64 años. Para hacerlo, se subirá a su camioneta y recorrerá los 60 kilómetros que separan su casa de la escuela de Coronel Suárez, la ciudad cabecera. Antes del cierre de la estación, él y el resto votaban en la escuela del paraje. Después del tren también cerraron el colegio.

Las elecciones son, a su vez, un buen momento para que la Justicia encuentre prófugos. Un presidente de mesa de 37 años fue detenido este domingo en la escuela 503 de la localidad bonaerense de Santa Clara del Mar. Estaba prófugo de la Justicia de Salta y tenía orden de captura nacional por delitos contra la integridad sexual cometidos en esa provincia del norte.

Debido a los protocolos, esta elección generó el cambio de lugar de votación para miles de personas. Por eso las autoridades y candidatos instaron estos días a que todos se fijen en el padrón antes de ir a votar. Don Anastacio Ciprés tiene 96 años y esperó paciente más de una hora a que abran las puertas del colegio Dr. Mariano Moreno de General Güemes, en Salta. Pasadas las 9 abrieron, y le dieron la mala noticia: no votaba ahí. “Acá voté en las elecciones provinciales de agosto y ahora me dicen que me cambiaron de lugar. Me van a averiguar dónde tengo que hacerlo y me voy a ir para allá, porque en mis 96 años nunca falté a una votación”, se enorgulleció Don Arcadio. En El Calafate, “Mecha” también ejerció su derecho, a pesar de sufrir una patología pulmonar. Le acercaron la urna hasta el auto, y declaró: “Viví sin democracia muchos años, voy a votar hasta el último suspiro de mi vida”.

El contexto marcó una alta deserción de presidentes de mesa en un puñado de lugares del país. En Ingeniero Jacobacci, por ejemplo, la Justicia Electoral local habló de “casi el 80%” de renuncias. En Mar del Plata, un hombre dignificó el acto de votar. Fue el primero en presentarse a sufragar en la mesa que le correspondía, en el Instituto Argentino de la Empresa. Pero al llegar se encontró con lo inesperado: le comunicaron que, al haber faltado el presidente de mesa, y por ser él el primero en arribar, debía ocupar ese cargo. El señor, de 60 años, dejó el deber cívico de lado. Ante la mirada atónita de dos agentes de seguridad, se fue corriendo al grito de: “A mí no me van a agarrar”.