Ni una menos, con esa fuerza de transformación histórica y de disrupción en la arena pública, nos trae cada tres de junio la pregunta por la construcción de una sociedad transfeminista. Una pregunta por las formas, por cómo hacerlo (sin dudas que uno de los puntos más novedosos de NUM y el movimiento transfeminista ha sido esa otra forma de construir y ejercer poder), pero también por la composición de una agenda que involucra lo urgente, lo importante, lo estructural y lo impostergable.

Hoy creo que hay al menos tres coordenadas con las cuales orientar nuestra tarea colectiva, horizontal, rigurosa, artesanal y transformadora: violencia, justicia y trabajo.

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En el primer caso, principal razón que hizo nacer a NUM, necesitamos hacer de la violencia por motivos de género un tema que toque la fibra personal (y por eso política) en cada casa de nuestro país. Necesitamos que la violencia patriarcal que nos mata todos los días tome la dimensión real y terrorífica, genocida, de lo que en verdad se ha convertido. No podemos naturalizar los femicidios, no podemos acostumbrarnos a la rutina del horror, ni seguir haciendo estadísticas como si enfrentáramos a un hecho dado, natural, impenetrable. En este punto necesitamos de nuevas herramientas, creativas y continuas, que avancen a la vez sobre lo estructural y sobre la micropolítica, en toda la trama de la producción, reproducción y ejecución de la crueldad patriarcal. Tiempos violentos necesitan de acciones y formas radicales.

Por otro lado, tenemos la justicia patriarcal. Un poder casi monárquico, clasista, elitista, machista, racista. Hay que transformarlo todo. Dos pistas para pensar juntxs esa transformación. La primera es la conformación de quienes llevan adelante las funciones dentro del Poder Judicial. Tiene que haber una representación justa de personas con las distintas identidades de géneros, no solamente con dos, con el binarismo que todo trata de normativizarlo. La presencia de mujeres, lesbianas, travestis y trans implica otra mirada sobre las relaciones sociales  que se van a poner en juego en el marco de una sentencia, de una condena, de un acompañamiento a una víctima. Y, por otra parte, creo que es muy importante una formación continua al estilo de la Ley Micaela, pero con una incorporación de la diversidad sexual más presente, porque en eso después se ponen en juego las sentencias y las condenas que se dictan o, como lo vemos con Tehuel, la importancia que ponen en la búsqueda de una persona o no. Por fuera del punitivismo, con la construcción de criterios justos y reparadores que garanticen que no haya impunidad.

Por último, quiero apuntar a la importancia del trabajo como organizador de los proyectos de vida. Hace poco más de un mes para muchas personas travestis y trans fue el primer 1 de mayo con trabajo formal gracias al decreto de cupo laboral en el Estado. Una transformación en movimiento, con efectos cotidianos, concretos, reales, sobre una comunidad históricamente excluida y violentada. Ahora vamos por la ley, para tener la garantía de derecho y la fiesta transfeminista que nos debemos.

Como hermanxs transfeminista construimos lo justo, lo nuevo y lo bueno