En la casa de Gladys Rodríguez viven en Fase 1 desde que comenzó la pandemia. Tienen una “zona sucia” en la que dejan la ropa que usan en la calle y una “zona limpia” en la que hay mucho alcohol y desinfectantes. Convive con su marido, Gustavo, que es asmático, y con su hijo de 12 años. El nene es autista y casi no sale. No puede usar barbijo y si se contagia, el aislamiento sería peligroso.

Gladys Rodríguez es docente de la Escuela 16 del Distrito 13, en Parque Avellaneda. Presentó un amparo para trabajar de manera virtual porque las disposiciones del Ministerio de Educación de la Ciudad no contemplan licencia o dispensa para convivientes de personas de riesgo. La semana pasada, la Justicia porteña rechazó el recurso porque considera que va caminando a la escuela, que la enfermedad de su marido es leve y no es considerada una causal de vacunación anticipada y que, en el caso de su hijo, el “rango de incidencia etaria de la enfermedad es baja”. La titular del Juzgado Contencioso y Administrativo 21 porteño, María Soledad Larrea, sostuvo que es “incuestionable la existencia del derecho a aprender de los alumnos”.

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 Tiempo Argentino habló con la maestra.

-¿Cómo te sentís después de conocer el fallo?

-Estoy muy angustiada y me pasan muchas cosas por la cabeza. Me pone muy mal esta situación. Sinceramente creí que el amparo nos iba a favorecer. Me siento en una ciudad en la que no tenemos ley. Es terrible, un abandono total. No puedo dormir pensando en que puedo traer el virus, porque yo estoy vacunada, pero mis compañeros no. La jueza, en uno de los argumentos, dice que yo estoy a ocho cuadras de mi casa, pero la mayoría de mis compañeros vienen en colectivo, trabajan en otras escuelas y mis alumnos usan el transporte público. Las probabilidades de que yo traiga el virus en este momento son altas. Cuando empecé a trabajar no estaban tan altos los casos, pero ahora tengo miedo. Hay otras cepas nuevas, a las que aparentemente las vacunas no responden. No puedo dormir, tengo mucha bronca.

-Con respecto a la situación de tu hijo, la sentencia dice que “el rango de incidencia etaria de la enfermedad es bajo” y que “es absolutamente remota la probabilidad de que el contagio del niño lleve a una intervención intensiva con sedación”.

-El fallo es un mamarracho en su totalidad, parece escrito por Larreta. Ni siquiera menciona que mi hijo es autista, solo dice que pertenece al grupo etario niños. El aislamiento lo puede matar, el daño que le hace el aislamiento a un niño común, imaginate acá, es un caso cien veces más potente. Estoy atrapada. A mi hijo no lo va a matar el Covid, pero sí el aislamiento porque es un nene autista y jamás entendería algo así. No puedo dormir, pensando en él y en proteger a mi compañero que es asmático. Ni siquiera eso ven.

-Uno de los argumentos en contra es que las docentes son esenciales…

-La jueza cita algunos decretos y otros no. Igual que las resoluciones del Ministerio de Salud. Usa el DNU del Ejecutivo donde se nos declara esenciales, pero no usa el que suspende la presencialidad. Es un desastre. Estuve muy amargada por este tema, pero no quiero que molesten a mis compañeros. Por primera vez en la semana, pidieron el nombre y apellido de los que hacían paro.

-¿Hay más docentes en tu situación?

-En la última asamblea escuchaba a compañeros que decían que era necesario sostener el paro porque no pueden justificar la ausencia de otra manera y tienen familiares de riesgo viviendo con ellos. El paro como una manera de protección porque no les dan la licencia. Es terrible, pero es así. ¿Qué podemos esperar si nos ven como fracasados y zurdos? Acá los únicos que cuidamos a los nenes somos los maestros, eso es indignante.

-¿Qué pasa en la escuela?

-Cada vez estamos peor, hoy pasé un frío espantoso. Estoy tomando una sopa para templarme. Yo, que estoy abrigada, pasé un frío espantoso, no me quiero imaginar los nenes. No podemos prender las estufas porque no tienen salida al exterior y no hay ventilación cruzada. Nos ponen ese aparatito de realismo mágico que supuestamente filtra el aire. Salvo dos aulas, el resto no tiene ventilación cruzada. Tienen las aulas que dan a un patio interno cerrado.

Gladys Rodríguez llora y se interrumpe por un momento la entrevista.

-¿Te sentís desprotegida?

-No lo puedo sostener más, pensar en ir a la escuela y enterarme que el familiar de algún alumno falleció por una locura política me pone muy mal. No me pasó, pero lo pienso todo el tiempo porque son chicos muy vulnerables los que van a mi escuela. La otra vez había una alumna a la que le dolía la cabeza y no era por el Covid, era porque no había comido. Es muy triste. Estoy harta y no puedo creer que los ciudadanos de la Ciudad no reaccionen. A los docentes nos están matando y están enfermando a las familias de nuestros alumnos. No puedo más con mi angustia. Busco justicia y me responden de esta manera. Veremos qué pasa en la apelación. «