En el Media Day de la selección de Uruguay para el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá 2026, Marcelo Bielsa mira hacia abajo, los lentes sobre la nariz, las manos en los bolsillos del jogging, la mente en cualquier otra parte. Una cámara captura el momento. La foto recorre el mundo. Porque en un mundo acostumbrado a los postureos para las redes, el técnico argentino de Uruguay luce auténtico y genuino en la foto, con cierto halo post-punk. “La tensión entre la condición política de la imagen y su uso alcanza la gozosa y honorable categoría de ser foto de portada de disco”, ensaya la crítica cultural Bárbara Pistoia. Y la escritora Mariana Enriquez, quien supo definir a Bielsa como “un personaje de tics obsesivos, un profesor medio trastornado aunque adorable”, se exalta en Instagram: “Mejor foto del Mundial hasta ahora”.

“No soy modelo”, se limitó a aclarar Bielsa, quien después de haber donado 2,5 millones de dólares desde 2014 hasta 2018 para la construcción de un hotel en la concentración de Newell’s, había dicho: “Nos preparan para sobresalir y generar prosperidad material. Ricos y famosos, como en las revistas. Pero lo que verdaderamente vale la pena son las emociones que recordamos y los afectos que construimos”.

El tiempo, a Bielsa, a veces le da la razón. En la Copa América 2024, en una inolvidable conferencia, había dicho que Estados Unidos había creado el FIFAGate con el FBI para quedarse con la organización del Mundial. El de 2026, con las hydration break, es el primero con partidos de cuatro cuartos, la “americanización” del fútbol, acaso el punto de partida de otro deporte, del “postfútbol”.

Bielsa es el entrenador tercermundista que eligió la opción preferencial por los pobres hinchas. Optó por mirar de frente al negocio, hacia donde muchos hacen la vista gorda o, directamente, donde actúan como cómplices. Y, aunque haya sido con un gesto natural, sin pretensiones, dio cuenta de en qué convirtieron al fútbol. “El fútbol –había dicho en otra conferencia durante la Copa América 2024– es propiedad popular. Los pobres tienen muy poca capacidad de acceso a la felicidad porque no disponen de dinero para comprar felicidad. Ese fútbol, que es una de las pocas cosas que horizontalmente los más pobres mantienen, ya no lo tienen más”. El Mundial 2026 tiene las entradas más caras de la historia.

Bielsa, el entrenador tercermundista que eligió la opción preferencial por los pobres hinchas

Este domingo, desde las 19 por la segunda fecha del grupo H, Uruguay volverá al Hard Rock de Miami para enfrentarse a Cabo Verde, que empató 0-0 con España en su debut en un Mundial. En el 1-1 de Uruguay frente a Arabia Saudita, después de haber empezado abajo por el gol de cabeza de Abdulelah Al-Amri tras un córner, Uruguay se repitió en centros. Fueron, en total, 47. Vibras del Argentina 1-Suecia 1 que eliminó a la selección que dirigía Bielsa en el tercer partido del grupo de Corea del Sur-Japón 2002. Después de un primer tiempo con Federico Valverde atado a la derecha, alejado de la pelota, Bielsa corrigió la estructura del equipo: el mediocampista del Real Madrid se centró y, aún sin inspiración –Giorgian De Arrascaeta continúa recuperándose de una lesión–, cayó la lluvia de centros. Igualó Maximiliano Araújo tras un centro que cabeceó Federico Viñas. “Concedimos minutos en el primer tiempo que no indican que hayamos hecho las cosas bien”, dijo Bielsa. La Celeste jugará con el resultado puesto de España-Arabia Saudita, que se disputará en el primer turno del domingo. Del grupo K saldrá el potencial rival de Argentina en los dieciseisavos de final.

A Bielsa lo critican si responde monosilábico en una nota apenas después de haber bajado del avión que lo llevó hasta México, en plena pista de aterrizaje, seguramente cansado por el viaje. Pero también lo critican si responde largo, pausado, buscando las palabras que considera, durante una conferencia, porque ufff, qué pesado, qué aburrido. A Bielsa lo suelen criticar con mala leche, en el fondo, desde diferentes frentes: los que envidian el conocimiento; los que ni le llegan a los talones en cuanto a las convicciones; los snobs, plomizos, adultos de selfies en espejos de ascensores y de baños; y los fascistoides con olor a represión, a quienes les rompe que haya elegido la opción preferencial por los pobres hinchas. “Usted –le respondió cuando era DT de Argentina a un periodista funado por la altanería– es un enemigo que me enaltece. Cuanto más lejos estoy de lo que usted representa, mejor soy”. Al ángulo.

Los más capaces, como Bielsa, ven más lejos. En 2017, la Confederación Brasileña de Fútbol lo invitó, junto a Tite y a Fabio Capello, para que diera una clase en Río de Janeiro acerca de los sistemas tácticos. En el medio de la explicación de cómo reducir los espacios, Bielsa desarrolló: “Se nos presentan dos obligaciones al dirigir un equipo. En realidad, una: hay que ganar. Y la forma de ganar dejó de ser importante. En mi fantasía, como existe el doping económico, debería haber un castigo a aquel que ignora la belleza del juego para obtener un triunfo. Yo adoro al fútbol porque quiero a la gente que quiere al fútbol. Y la gente que quiere al fútbol, que a mí más me interesan, son los que encuentran en el fútbol una satisfacción que no consiguen de otra forma, es decir, los más pobres. Todos los demás tenemos un montón de alternativas para recrearnos. Pero los más pobres sólo tienen el fútbol. O lo que reemplace al fútbol. En el mundo, es el fútbol. Entonces, me cuesta aceptar que lo único que vamos a ofrecer son resultados. Porque si no les ofrecemos el fútbol como elemento estético, los estamos empeorando como seres humanos. La valorización de lo estético es una condición que tenemos los seres humanos vinculada con la sensibilidad, que no se puede ignorar. No se puede mercantilizar todo. Todo no puede ser según el mercado: el que gana es vivo y el que pierde es zonzo. La belleza también tiene algo que ver”.

Bielsa, el entrenador tercermundista que eligió la opción preferencial por los pobres hinchas

El colega Fermín Méndez apuntó ahora en la diaria de Uruguay: “Mientras el Mundial multiplica pantallas, patrocinadores y contenido comercial, Bielsa sostiene una vieja pelea: defender un juego que, según advierte, se parece cada vez menos al aficionado y cada vez más al empresario. En ese tablado del fútbol moderno, donde todo debe ser breve, sonriente y compartible, aparece un hombre que responde convencido de que las palabras tienen consecuencias. No hace falta estar de acuerdo con él ni mucho menos, pero hay que admitir que pertenece a una especie en extinción. En un deporte donde cada vez hay más especialistas en construir personajes, en buscar viralizaciones efímeras, Bielsa, sin embargo y pese a todo, insiste en combatir esa parafernalia”.

En Inglaterra, donde ascendió con el Leeds a la Premier en 2020, recordaron por estos días cuando llegó tarde y con ropa deportiva tras un entrenamiento a la cena de gala por el centenario del club. También que un chico que se había sacado una foto con él se la envió a la casa pidiéndole si se la autografiaba. Y que Bielsa se la autografió, pero que, en la devolución, le pidió si le firmaba una copia de la foto y se la enviaba porque quería guardarla como recuerdo. “Con Bielsa es muy sencillo: está aquí por el deporte y por la afición. Todo lo demás es secundario, sobre todo la comercialización del fútbolescribió Phil Hay en The Athletic–. Bielsa responde literalmente a todo lo que se le plantea. No permite que un jefe de comunicación intervenga ni le diga de qué puede o no hablar, en una época en la que intentan controlar la narrativa desde arriba”. Hay citó algo que dijo en una conferencia como entrenador del Leeds: “Si no cuidamos el planeta, nuestros hijos pagarán las consecuencias. Y con el fútbol ocurrirá lo mismo. Porque estamos destruyendo el fútbol, ​​y en el futuro veremos los efectos negativos”. Bielsa, quien en un mes cumple 71 años, es –junto a José Pekerman– el DT argentino en haber dirigido más Mundiales (a Argentina en Corea del Sur-Japón 2002, a Chile en Sudáfrica 2010 y a Uruguay en Estados Unidos, México y Canadá 2026).

A pesar del estereotipo de chúcaro impuesto –y un poco autocreado, contradicciones de sobreviviente al fin– y de los cruces públicos con futbolistas uruguayos hoy en el Mundial –como Agustín Canobbio–, Bielsa sabe reírse de sí mismo. En una conferencia antes del Mundial, un periodista le citó una frase que repetía José Pedro Damiani, contador y presidente de Peñarol entre 1993 y 2007: “Los números no mienten. Mienten los que hacen números”. Bielsa enarcó las cejas, asintió, tomó la birome y le devolvió: “La voy a anotar, y voy a decir que la inventé yo”. Todos rieron en la sala. En otra conferencia –su hábitat–, preguntó a los periodistas si recordaban la canción del Mundialito 1981 que ganó Uruguay. “Era hermosa, se me pone la piel de gallina”, dijo Bielsa, quien, por aquel entonces estudiante del profesorado de educación física, acudió al torneo jugado en el Centenario entre las selecciones campeonas del mundo. “Me acuerdo: ‘Vamos a cantar el gol…’. Soy malísimo entonando”, se frenó. La canción, de Roberto Da Silva y Alberto Triunfo, se llama Uruguay te queremos ver campeón. En un tramo, dice: “Vamos a alentar la idea / para que celeste sea / el triunfo otra vez / Para levantar el sol / y agitar nuestra bandera / Para que la patria entera / grite Uruguay campeón”. El Loco tiene una idea.