Hola, Burgo
En el Black Dolphin Lounge, uno de los salones de jazz más elegantes de Kansas City, sale de un saxo John Coltrane. Un trío en vivo hace Acknowledgement, primera parte de A love supreme. Hay unas guirnaldas de luces y otras que parecen peces globos colgados del techo con sus pinches iluminados. El jazz atraviesa Kansas City, el estado de Misuri.
El distrito 18th y Vine, al este del centro de la ciudad, es el núcleo de la cultura afroamericana. Hay mucha música en vivo. Una noche entré a otra sala, The Blue Room. Había una jam session, todo improvisado. Subían músicos que estaban entre el público. Unos al piano, otros cantaban, alguno llegó con un saxofón. Todo se fue armando.

El jazz es libertad, esta es una de las ciudades del jazz y te escribo en el Juneteenth, el Día de la Emancipación, el fin de la esclavitud. Esa historia divide a las Kansas City. Porque el estado de Misuri fue un estado esclavista y Kansas entró a la Unión como estado libre. Esta región dio mucha batalla contra la esclavitud.
Charlie Parker nació en Kansas City, Kansas, pero se crió en Kansas City, Misuri, que ya desde la década del 20 era una ciudad abierta, con música, vicios, mucha noche, cabarets, alcohol, prostitución y drogas. A Ed Murrow, un mítico periodista y locutor, le adjudican una frase: «Si querés ver el pecado, olvidate de París y andá a Kansas City». A Kansas City le pusieron, entonces, la París de las llanuras.
Era también una forma de resistencia. El jazz fue resistencia. Duke Ellington mostraba su orgullo afroamericano. Dicen que Coltrane, que era un activista, tomó las variaciones rítmicas de un discurso de Martín Luther King para componer Alabama después de un ataque del Ku Klux Klan en 1963. Coltrane era la música que inspiraba la lucha por la igualdad.
En este Mundial, al árbitro australiano Shaun Evans, antes del partido entre Alemania y Curazao, una cámara lo tomó haciendo un gesto supremacista, juntando los dedos índice y pulgar y estirando el resto de los dedos, como un ok, relacionado también con el Ku Klux Klan. Evans se defendió con que sólo fue un tic involuntario justo cuando lo enfocaron. Un comité de la FIFA dijo que no había violado ningún código antidiscriminatorio.
El jazz fue una respuesta al racismo, música para la libertad, un modo también de rebelión. Vuelvo a Charlie Parker, a Kansas City, la ruptura de la ley seca. Tiempos de las big bands y de la irrupción del bebop, otro ritmo, otro vocabulario, del que Parker fue una figura. El jazz de Kansas City construyó su propio estilo en clubes donde no se dormía, se tocaba toda la noche.
Aun con toda esa historia, querido Burgo, en el Fan Fest, un rato antes del partido que Estados Unidos le ganó a Australia por 2-0, no sonaba jazz. Un DJ animó la fiesta con música electrónica y luego el show perteneció a TechN9ne, un rapero local. Todo en los jardines del Museo de la Primera Guerra Mundial, con el Monumento a la Libertad de fondo, una construcción que tiene, curiosamente, una reminiscencia soviética.
Estados Unidos tuvo ritmo para ganarle a Australia y clasificarse a los dieciseisavos de final, algo que ya consiguió también México, como lo pudiste ver vos en el Azteca. También lo tuvo Brasil para vencer a Haití, su primer triunfo en el Mundial. César Luis Menotti, un melómano, solía comparar a un equipo de fútbol con una orquesta, el sistema en el que cada individuo dialoga con el otro.
Hace unos días, Beto Parrottino citó a Pierre Parlebas, profesor de educación física y sociólogo francés: “Un equipo no es la suma de varios jugadores, sino una interacción entre jugadores que crea algo nuevo: un compuesto nuevo con cualidades que no tenían los elementos que lo formaron”.

El fútbol necesita de swing y velocidad, pero también de pausas. Es práctica, pero también improvisación. En el fútbol, como en el jazz, hay disciplina para que haya libertad, un caos organizado. Es la música que todavía suena desde la noche de Lionel Messi con Argelia. Vos estás en México, donde se canta el Cielito Lindo y Las Mañanitas, donde están los colores y el folclore. Siempre hay música en el fútbol. En Kansas City hay jazz. Acá está la Argentina aunque ahora nos vayamos un rato para Dallas. Y si acá Parker creó un nuevo lenguaje con el saxo, quizá Messi lo haya creado con el fútbol.
