Nació en Malasia, creció en Australia y encontró su lugar en el mundo en Nueva York. Pero sería una simplificación atribuir la singularidad de Linda May Han Oh a la suma de esos desplazamientos geográficos. Lo que la convirtió en una de las músicas más respetadas del jazz contemporáneo no fue su cúmulo de millas aéreas o los sellos en su pasaporte, sino una extraordinaria capacidad para escuchar, absorber influencias diversas y transformarlas en un lenguaje propio. Contrabajista y bajista requerida por figuras como Dave Douglas, Pat Metheny, Vijay Iyer, Joe Lovano y Kenny Barron, construyó también una sólida obra como compositora y líder de proyectos que la ubicó entre las creadoras más inquietas de su generación. Por primera vez llegará a la Argentina al frente de su cuarteto para presentarse el lunes 8 y martes 9 de junio en Bebop Club.
Su recorrido biográfico funciona, entonces, como el primer paso para entender la construcción y consolidación de su mirada artística. “Pienso que crecer entre distintos mundos me dio cierta flexibilidad y apertura. Siempre indagué dónde podía encajar musicalmente, y creo que esa búsqueda terminó formando parte de mi manera de tocar”, explica. Su historia no responde al relato clásico del jazzista formado exclusivamente dentro del género. Comenzó estudiando piano clásico, pasó por el rock y el bajo eléctrico, descubrió el contrabajo a través de Ray Brown y Charles Mingus y terminó encontrando en Nueva York el lugar donde todas esas experiencias podían convivir sin jerarquías. “No crecí dentro de una única tradición, así que nunca sentí que tuviera que permanecer encerrada en una sola”, resume.

Para esta primera visita al país como líder –ya nos visitó junto a Pat Metheny– estará acompañada por el pianista Fabian Almazan, el saxofonista Greg Ward y el baterista Mark Whitfield Jr., tres músicos con los que comparte una historia artística extensa. El repertorio incluirá composiciones de Walk Against Wind (2017), The Glass Hours (2023) y Strange Heavens (2025) y material nuevo que integrará su próximo álbum. “Con este cuarteto en particular existe una historia compartida muy fuerte, así que incluso cuando tocamos repertorio conocido nunca suena igual dos veces: evoluciona con nosotros y con la sala”, señala.
En 2023 ganó el Grammy al Mejor Álbum Instrumental de Jazz por New Standards Vol. 1, disco que grabó junto a Terri Lyne Carrington, Kris Davis, Nicholas Payton y Matthew Stevens. Pero que músicos de universos tan diferentes como Dave Douglas, Pat Metheny, Vijay Iyer o Joe Lovano hayan recurrido a ella una y otra vez quizás diga más sobre su arte que cualquier premio. Linda May Han Oh posee una cualidad especialmente valorada en el jazz: una capacidad profunda para escuchar. Su forma de tocar puede sostener una estructura rítmica compleja, dialogar de igual a igual con un solista o retirarse discretamente cuando la situación lo requiere. Esa misma sensibilidad atraviesa sus composiciones, donde cada instrumento parece encontrar el espacio exacto para desplegarse sin perder de vista el conjunto. «No se trata sólo de tocar las ‘notas correctas’, hay que escuchar de verdad y responder a lo que está ocurriendo en la música».
Escuchar los discos de Linda May Han Oh permite advertir una característica poco frecuente: sus composiciones parecen contar historias incluso cuando prescinden de las palabras. No hay en ellas una intención descriptiva ni programática, sino una narrativa construida a partir de climas, tensiones y desplazamientos emocionales. “Muchas veces compongo a partir de una imagen emocional o conceptual, algo que quiero evocar o examinar”, explica. El propio título del brillante álbum Strange Heavens nació de una idea casi literaria: la tendencia humana a preferir un infierno conocido antes que un paraíso extraño. Esa intuición no aparece en forma de manifiesto: se filtra en melodías que avanzan con cautela, armonías que evitan las resoluciones fáciles y silencios que dicen tanto como las notas.
La amplitud de su mirada también se refleja en las influencias que reconoce. “Me acerqué al bajo en parte gracias a músicos como Jaco Pastorius, James Jamerson y Flea”, cuenta. La combinación resulta reveladora: el revolucionario del jazz eléctrico, el arquitecto silencioso del sonido Motown y el bajista explosivo de los Red Hot Chili Peppers. Lejos de encerrarse en una ortodoxia jazzística, Linda construyó una identidad artística alimentada por tradiciones diversas. Desde Entry (2009) e Initial Here (2012) hasta álbumes más ambiciosos como Walk Against Wind (2017), The Glass Hours (2023) y Strange Heavens (2025), su catálogo revela una creadora interesada en expandir las posibilidades expresivas del jazz contemporáneo. Aunque el contrabajo sigue siendo el eje de su trabajo, no duda en recurrir al bajo eléctrico cuando la música lo requiere, reforzando esa idea de una artista más interesada en los colores y las texturas que en las fronteras entre géneros. En tiempos de mensajes instantáneos, su música todavía se toma el trabajo de sugerir.

A medida que su prestigio creció también se volvió una referencia para nuevas generaciones de músicos. No sólo por su talento como instrumentista y compositora, sino también por la manera en que fue afirmando su lugar dentro de una tradición que durante mucho tiempo estuvo dominada por hombres y que a menudo tendió a simplificar las diferencias culturales. “Cuando llegué al mundo del jazz era muy consciente de ser una mujer en espacios predominantemente masculinos”, recuerda. Por eso valora especialmente el impacto que tuvieron artistas como Geri Allen y Terri Lyne Carrington durante sus años de formación. Algo similar ocurrió con la decisión de recuperar el “May Han” en su nombre artístico. “La industria musical tiene una larga historia de aplanar identidades”, afirma. Para ella, reivindicar ese origen fue una manera de resistir esa lógica y asumir plenamente quién era. Después de todo, el jazz siempre avanzó gracias a quienes encontraron una forma singular de decir las cosas.
La mención de nuestro país le despierta enseguida recuerdos y reflexiones: “Argentina tiene una cultura musical muy rica y llena de matices, y soy consciente de ello desde mi primera visita junto a Pat (Metheny). Cuando estaba comenzando en Perth, toqué brevemente con un acordeonista con quien interpretábamos repertorio de Piazzolla. La profundidad emocional y el groove del tango –la forma en que aborda la nostalgia, la pérdida y la pasión– siempre resonaron conmigo. He conocido y tocado con algunos músicos argentinos, y espero aprender y escuchar mucho más durante esta visita. Voy a dar una clínica en Buenos Aires, así que espero tener la oportunidad de conocer y conversar con músicos locales”.
Linda May Han Oh
La contrabajista y compositora se presentará junto a Fabian Almazan (piano), Greg Ward (saxo) y Mark Whitfield Jr. (batería). Lunes 8 y martes 9 de junio, a las 20 y 22.30 en Bebop Club, Uriarte 1658 (CABA).