“Aprendo más una noche en un bar de Nueva York junto a Bird que un año entero ahí adentro”, le dijo Miles Davis a su padre al abandonar Juilliard. Entendió desde el principio que el jazz sólo puede ser narrado desde el presente y que toda tradición nace para ser profanada.

Al asumir que nunca alcanzaría el virtuosismo de Dizzy, tomó una decisión retrospectiva: buscar en su interior hasta encontrar su voz. La encontró junto a una sordina Harmon y en una síntesis borgeana que privilegió el misterio por sobre la velocidad. “Lo más importante es poder desarrollar tu sonido”, decía con la certeza de quien sabe que la trompeta es una extensión de la propia voz: “menos es más”.

Realizó el disco más vendido de la historia del jazz y lo dejó en el olvido. Cuando su público le imploró la repetición, estaba cambiando la historia del jazz por quinta vez. Mirar hacia atrás no era una opción: Miles no fue alguien que habitara sus propios monumentos. Feliz cumpleaños número 100.

Miles Davis 26 de mayo 1926 – 28 de septiembre 1991
* Titular seminario Música e identidad latinoamericana