Van ocho minutos del primer tiempo. Argentina casi no pasa la mitad de cancha ante la inesperada presión de Suiza en campo contrario. Lionel Messi recibe la pelota recostado en el sector derecho del estadio Arrowhead. Nahuel Molina galopa por su costado y el capitán se la entrega para que vaya hasta el fondo. Es la primera pelota que toca Messi en el partido. Es el primer avance de la Selección, la antesala para el 1 a 0 de Alexis Mac Allister. El 10 también está en esa foto con una asistencia, la que lo ubica como el máximo asistidor en la historia de los mundiales. Son diez, cada una a un compañero distinto. No habrá goles, su cuenta seguirá en ocho. Pero habrá festejo y semifinales.

Van 112 minutos. Recostado por derecha, Messi recorta hacia el centro en esa jugada marca de agua en su carrera. Las camisetas rojas van quedando atrás, pero el zurdazo del 10 encuentra otra vez la respuesta de Gregor Kobel. Pero Argentina se activa. Impulsado por el camino marcado por el capitán, Julián Álvarez mira el arco y, con una rosca maravillosa, hace temblar la red. Es el 2 a 1, la oportunidad para que Messi enfrente por primera vez a Inglaterra en una Copa del Mundo. Para que sume un partido más que, en realidad, serán 34 porque el equipo se aseguró jugar la competencia de punta a punta. Será Messi nada menos que hasta el final.

Esta vez, Messi no gritó un hat-trick en el Arrowhead Stadium, la casa de los Kansas City Chiefs de la NFL, el punto de partida del equipo de Lionel Scaloni contra Argelia. Todo fue más espeso en estos cuartos, donde se estancó su racha goleadora que había empezado justamente en este estadio. En un desarrollo de juego con la posesión repartida, Messi tuvo apariciones en un partido, bravo, enredado. Aunque cada vez que entró en juego, activó al equipo en ataque. Tuvo, de hecho, la chance para su noveno gol en un remate esquinado de derecha que se fue cerca del arco. Ya el trámite se había quebrado por la expulsión por simulación de Embolo, una roja que volcó el dominio en favor de Argentina. Pero no podría evitar su segundo tiempo suplementario.

Repartidos en seis mundiales desde que debutó en Alemania 2006, Messi acumula 32 partidos en las Copas con presencia perfecta desde Sudáfrica 2010: jugó en todos los encuentros que disputó la Selección en cada competencia. Entre ellos, claro, estuvo la victoria agónica en suplementario ante Suiza en Brasil 2014. El capitán argentino se resiste a entregar su último baile. Es el abanderado de esa lista de los «últimos» que llegaron al 11 de junio.

Desde ese día se fueron cayendo de a uno. Manuel Neur (40 años) fue el primero en despedirse en los heroicos penales de Paraguay ante Alemania en dieciseisavos. Luka Modric cerró su ciclo ante el Portugal de Cristiano Ronaldo, quien después también se fue con su sexto Mundial en su currículum ante España. Neymar también sucumbió en octavos, ante Noruega.

Del otro lado ahora estará Inglaterra, que consumió 120 minutos ante Noruega para instalarse en las semifinales. En Kansas City hubo una cinta que unió a los futuros rivales del miércoles, en Atlanta. Cada jugador argentino exhibió brazalete negro por la muerte de Antonio Ubaldo Rattín, símbolo de Boca y la selección, expulsado en la caída ante Inglaterra en los cuartos de final del Mundial de 1966, cuando había rojas, aunque no existían las tarjetas físicas. Rattín ese día también estrujó el banderín local, de los ingleses, en una muestra de rebeldía. Es acaso la cualidad de la que se alimenta la Argentina: es la resistencia del continente, la que pelea contra toda Europa, la que canta “Por la última de Leo” al ritmo de Gilda. Hacia allá va. Será nada menos que ante Inglaterra, con el aniversario redondo del Azteca, el día más memorable en la historia maradoneana, en el espejo retrovisor. La fantasía -aunque sea en Atlanta y no en el DF- es que se vuelva imborrable para Messi.