El entendimiento que proponen los Estados Unidos a través de la Pax Sílica implica la entrega de recursos naturales y el sometimiento político, en lo que es apenas una nueva configuración de la guerra fría.

Festejan los Estados Unidos con este asunto de la Pax Sílica. Basta ver como se florea el Departamento de Estado, ese nombre que tiene el ministerio de relaciones exteriores norteamericano. Así es como afirman que tal Pax Sílica es la nave insignia que podrá asegurar las cadenas de suministro necesarias para la Inteligencia Artificial, tanto como asegurar “la seguridad económica entre aliados y aliados confiables”.

Es el momento de imaginamos largas columnas de humo que surcan el cielo de Washington, provocadas por la quema de toneladas y toneladas de papeles que durante tantos decenios nos hablaron de las bondades del libre comercio. ¿Acaso no era una de las condiciones de la libertad? Y usted con esas mechas. Todo porque son las corporaciones estadunidenses dedicadas al algoritmo que precisan las materias primas, los centros de datos, la energía y el agua… de otros países, para provecho propio. Que para eso son imperio. O lo fueron. O lo quieren ser. O ya no lo son, pero la nostalgia, ¿vio? Pero no deja de ser algo lastimoso ver al Estado de los EE UU ejercer una representación por cuenta y cargo de monopolios privados. Atrás quedaron los tiempos en que un Charles E. Watson, capo de la General Motors destinado a ser Secretario de Defensa de Einsenhower podría decir “durante años pensé que lo que era bueno para nuestro país era bueno para General Motors, y viceversa. La diferencia no existía. Nuestra empresa es demasiado grande. Va en consonancia con el bienestar del país. Nuestra contribución a la nación es considerable”. Fue en 1953 y EE UU aún era una nación industrial. El aporte empresario contribuye al bienestar general, al menos en los dichos. Pero hoy ni siquiera es eso: lo que es bueno para Palentir es bueno para Palentir.

Porque el asunto de la Pax Sílica no es sólo otro emprendimiento imperialista más de los EE UU, sino que expresa sobre todo la necesidad de las corporaciones dominantes en Washington que financian y dominan al gobierno federal y al congreso. Con claridad, el Departamento de Estado nos dice que si el siglo XX fue de petróleo y acero, el siglo XXI será de las computadoras y de los elementos necesarios para que funcionen. ¿Presidente de EE UU? Puesto menor. Apenas un representante de las corporaciones que responden sólo a Silicon Valley que fija las reglas del juego mundial sobre los territorios que controla. “El eje de la alianza” dicen los amigos de The Cradle, “busca dominar todo el ciclo de la economía relacionada con la Inteligencia Artificial, con el control estricto de los encadenamientos productivos que precisa, desde materias primas y rutas marítimas hasta flujos de datos y fabricación de microprocesadores”. Continúan: “sobre la base de la seguridad económica y las asociaciones confiables, sirve como instrumento geopolítico para aislar a China y favorecer la supremacía occidental sobre las industrias del futuro”.

En perspectiva política, “la Pax Sílica es la arquitectura económica de una nueva guerra fría. La declaración firmada en la cumbre de Pax Sílica en Washington y la selección de los países miembros -Japón, Corea del Sur, Singapur, Los Emiratos Árabes Unidos y Australia- son el espejo de la política de contención de tiempos anteriores”, cuando los malos eran los chinos y los rusos. Como ahora, bah. Por eso la Pax Sílica no es acuerdo comercial sin más. Es un una imposición económica basada sobre las relaciones de poder aún existentes entre Estados Unidos y países vasallos. A cambio, la potencia garantizara la permanencia política en el gobierno de las administraciones que cumplan con las exigencias. Por supuesto que implica la entrega de los recursos naturales de esos países, entre los que sobresale Argentina, que expide los permisos de saqueo sobre tierras y recursos naturales, al tiempo que ofrece agua y energía para que funcionen aquí los centros de datos de las corporaciones imperiales. A cambio, habrá suficiente apoyo político para que las dirigencias corruptas locales realicen los acostumbrados desmanes como estafas, privatizaciones, evasión de capitales, endeudamientos externos, especulación financiera. Business as usual.

Llamar “Pax Sílica” a ese emprendimiento es todo un desafío. Es como si quisieran ponerse las armaduras de los emperadores romanos, acaso demasiado grandes y pesadas para los aspirantes al imperio digital, y esas coronas de laureles son de mayor talle que las actuales frentes de los dignatarios. Además, esa “Pax Romana” de la que presumen debería ser una advertencia para quienes la acepten o la sufran, pues devela las intenciones de quienes la ejercen. Así es como refiere Publio Cornelio Tácito (55-120) esa mentada “Pax” cuando escribe en el 98 en La vida de Julio Agrícola. Allí nos relata la advertencia que Calgaco, conductor de los caledonios (actuales escoceses), realiza en la arenga previa a la batalla del Monte Graupios (83) acerca de los romanos: “son los saqueadores del mundo; ahora que ya han devastado todas las tierras, miran al mar: si el enemigo es rico, son avaros; si es pobre, ambiciosos, porque no los han saciado ni sus conquistas a Oriente ni a Occidente. Son los únicos que desean las tierras ricas y pobres por igual: robar, asesinar, saquear es su definición para ese falso imperio; donde lo arrasan todo, dicen que hacen la paz”.   «