De 1912 a hoy cambió el campo, cambió el país y cambió el mundo. Pero lo que no cambió es la matriz injusta de distribución de la tierra, ni la relación de abuso por parte de quienes convirtieron en grandes negociados algo tan sensible como la producción de alimentos, y la posibilidad de vivir en armonía con el terruño que nos da sentido como productores y como argentinos. Al fenómeno histórico de la concentración de la tierra se sumó la concentración de la producción. Los monopolios de ayer son las corporaciones trasnacionales de hoy, que siguen pretendiendo quedarse con la renta de quienes producen y trabajan la tierra. Pero de nuestro lado tampoco cambió la vocación de resistencia y de disputa del modelo de país; no cambió nuestra tozudez en seguir exigiendo que se respete a quienes trabajamos la tierra y proponemos una sociedad justa e igualitaria.
Hace 114 años, en el sur santafesino, unos 2000 chacareros se plantaron y dijeron basta. Aquel Grito de Alcorta fue el primer acto fundacional de un movimiento que llega a nuestros días.
El camino no fue lineal ni sencillo. Intentaron derrotarnos decenas de veces en la historia, pero no lo lograron. Cada crisis y cada intento por profundizar el modelo concentrador parió un nuevo ciclo de resistencias y nuevas organizaciones continuadoras de la misma tradición de lucha.
Hoy la Mesa Agroalimentaria Argentina reúne a familias productoras y comunidades indígenas, a chacareros y chacareras de la pampa húmeda, a campesinos y campesinas del norte y el litoral, a cooperativas que agregan valor en los territorios. Apostamos a la agroecología como forma de vida y como proyecto de soberanía alimentaria. Somos el campo que alimenta, que produce la comida que nutre a nuestro pueblo, que cuida nuestra soberanía y nuestro suelo.
En este 114° aniversario del Grito de Alcorta, el gobierno actual profundiza el modelo que aquellos chacareros de 1912 resistieron: la concentración de la tierra, el poder de unos pocos para definir precios y costos abusivos, el desguace del Estado que debería acompañar y proteger a los pequeños y medianos productores, el vaciamiento del INTA, el ajuste en el SENASA, el abandono de las políticas de fomento a quienes lo necesitan, el retroceso en materia de semillas propias.
Frente a eso, desde la MAA seguimos impulsando proyectos legislativos para el acceso a la tierra, sostenemos modelos productivos que cuidan el agua y el suelo, construimos dinámicas de comercialización que acercan al productor con el consumidor, tejemos las alianzas necesarias y formamos a las nuevas generaciones campesinas e indígenas para la defensa del territorio.
El Grito de Alcorta, al igual que otras gestas de lucha de nuestro pueblo, demostró que cuando los de abajo se unen, los de arriba tiemblan. En cada cooperativa, en cada feria, en cada semilla que se resiembra, en cada producto agroecológico que comercializamos, en cada movilización y en cada verdurazo renovamos ese grito. Hasta que los enemigos del campo y del país que hoy gobiernan vuelvan a temblar, hasta que logremos imponer una agenda de Soberanía y Justicia Social.
La Mesa Agroalimentaria Argentina está integrada por la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Tierra (UTT), el Movimiento Nacional Campesino Indígena Somos Tierra (MNCI-ST), la Federación de Cooperativas Federadas (Fecofe), Bases Federadas y la Federación de Organizaciones Nucleadas de la Agricultura Familiar (Fonaf).
