El primer Mundial del que participó la Selección Femenina

El 15 de agosto de 1971 quedará marcado a fuego en la historia del fútbol de mujeres en Argentina. Ese día, la Selección femenina debutó en un Mundial. La foto en blanco y negro tardó 47 años en salir a la luz: las dieciséis mujeres que aparecen sosteniendo un banderín fueron las primeras futbolistas del país que representaron a Argentina en la máxima competencia del fútbol.

La imagen se tomó en el Distrito Federal, pero el sueño había comenzado un mes antes, cuando el equipo mexicano vino a Argentina a jugar un amistoso en la cancha de Nueva Chicago. Un manager de apellido Harrington, según el recuerdo de las futbolistas, armó aquel duelo. Argentina no tenía ni camiseta: jugó un tiempo con la de Chicago y otro con la de Universitario. La crónica de la revista Así, titulada “Las Evas del fútbol”, destaca que hubo policías en las afueras del estadio, y que más de un fanático “quiso penetrar a la cancha con ganas locas de brindar cariñitos a las chicas, la mayoría de físico espectacular”.

Aquel partido contó con el arbitraje de Guillermo Nimo, que expulsó a una jugadora por equipo -de Argentina vio la roja la delantera Betty García-, y que hizo ejecutar dos veces un penal en favor de Argentina: el que convalidó fue el gol de Elba Selva, con el que la Selección ganaría 3 a 2. Ese día se recaudaron 438.350 pesos de la época.

Harrington les dijo que, desde México, la organización del Mundial quería invitarlas. De los pocos clubes y grupos de mujeres que había salió el equipo que fue al Mundial. Eligieron dieciséis jugadoras.

La imagen en blanco y negro fue tomada en agosto de 1971, en la puerta del hotel en el que concentraron durante los cuarenta días que estuvieron en Ciudad de México. Aquella selección parecía huérfana: viajó sin médico, sin masajista, sin entrenador y con una camiseta que al primer lavado ya no sirvió más. La ropa deportiva que tienen en la foto se la había regalado la Unión Tranviarios Automotor (UTA), un sindicato que en la previa al certamen les prestó también canchas para entrenar. La camiseta que usaron en el campeonato se las obsequió una Federación de fútbol femenino que nada tenía que ver con la FIFA, junto con los primeros botines de sus vidas.

En el ‘71 el certamen contó con seis participantes: además de México y Argentina estaban Italia, Dinamarca, Inglaterra y Francia. El plantel argentino estaba compuesto por Ofelia Feito, María Ponce, Susana Lopreito, María Fiorelli, Marta Soler, Angélica Cardozo, Zunilda Troncoso, María Cáceres, Virginia Andrada, Betty García, Blanca Brucoli, Elba Selva, Eva Lembesis, Virginia Catáneo, Zulma Gómez y Teresa Suárez.

Algunas de las que viajaron a México jugaban en Universitario: Marta Soler, Eva Lembesis, Angélica Cardozo, Betty García, Ofelia Feito y Blanca Brucoli. Carmen Brucoli, hermana de Blanca, era una defensora rápida que se entrenó con sus compañeras hasta antes de partir, pero no pudo viajar porque estaba embarazada.

En ese entonces, cuando tuvieron que seleccionar más jugadoras, Eva Lembesis invitó a Elba Selva, quien terminaría siendo la número 10 de la Selección. Replicaría en México aquello que demostraba en las prácticas: era una gran gambeteadora y muy hábil con la pelota.

Por otro lado, Virginia Andrada había llegado a Buenos Aires desde La Rioja poco tiempo antes del inicio del Mundial. Se había ido a probar a los entrenamientos que se armaban en Lisandro de la Torre y había quedado. Ella cuenta cómo fue que la seleccionaron para ir al Mundial: Un día vinieron Betty García, Angélica Cardozo y Marta Soler a ver el entrenamiento y me eligieron. También recuerdo que ahí eligieron a Virginia Catáneo y a María Cáceres, “Pelusita”, que era también riojana.

Recuerda también cómo fueron aquellos primeros días en Ciudad de México: Cuando llegamos ya estaban todos los seleccionados. Íbamos a las prácticas, nosotras jugábamos amistosos con equipos mexicanos de mujeres. Las danesas practicaban contra hombres, eran muy grandotas.

La arquera Marta Soler, que como era menor de edad necesitó la autorización de sus padres para viajar, fue la última en sumarse al equipo: llegó la noche previa al debut con las locales.

El 15 de agosto, Argentina hizo su debut contra el combinado local. Ni bien se acercaron al túnel, la sorpresa fue total: en el estadio Azteca había miles de personas para ver a ambos equipos. Las argentinas nunca habían jugado ante tanto público.

México se puso en ventaja rápidamente: a los 30 minutos del primer tiempo ya ganaba 2 a 0. Angélica Cardozo marcó el descuento para Argentina, pero las mexicanas marcarían un gol más en la segunda etapa para sellar un triunfo por 3 a 1.

Las jugadoras argentinas coinciden en que en aquel duelo el arbitraje fue un escándalo. El juez anuló un gol argentino de Lembesis, que había anotado tras el rebote que dio la arquera luego de un penal que pateó García, porque determinó que el juego había terminado después de la atajada. Estaba claro que la organización necesitaba que México llegara a la final. Allá los diarios titularon: “Despojaron del partido a las Che”. En México y acá, las mexicanas nos hicieron cobrar. Nosotras volábamos y no cobraban nada. A ellas las tocabas y cobraban penal. ¿Sabés cómo nos pegaron? Acá en Chicago y allá, cuenta Andrada.

El segundo encuentro se jugó el 21 de agosto. Antes del partido, Norberto Rozas, un argentino que había jugado en el fútbol mexicano, fue a ver a sus compatriotas al hotel. Se ofreció para dirigirlas. No había mucho que pensar: Inglaterra era el segundo rival y la ayuda les venía bien.

El día del partido, cuando la Selección salió a la cancha y vio la altura y el físico fornido de las inglesas, pensó Dios mío. Cuando arrancó, se dieron cuenta de que les sacaban ventaja a sus rivales con la pelota en los pies. Fue un baile. Elba Selva anotó los cuatro tantos de la victoria por 4 a 1.

En ese momento, no tuvieron en cuenta que tenían otro motivo para quedar en la historia: este fue el primer triunfo de una Selección Argentina ante un combinado inglés en una Copa del Mundo. Las mujeres lo habían logrado.

El segundo iba a ser el que los varones conseguirían en el mismo país, pero en 1986: la vez que Diego Armando Maradona marcara dos goles históricos.

La mala noticia de este encuentro fue la lesión de la defensora y capitana Angélica Cardozo, que terminó con un yeso en la pierna después de la patada de una rival. En su lugar, Betty García se pondría la cinta para el resto del campeonato. Tras el triunfo contra Inglaterra, el dueño del hotel donde paraba el equipo les regaló un día entero de excursión en Cuernavaca.

Durante esos días en México, y mientras transcurría el Mundial, las futbolistas argentinas buscaron formas de ganar algo de dinero. La arquera Marta Soler, por ejemplo, trabajó en un restaurante que estaba cerca del hotel donde se hospedaban. Allí cantaba tangos, boleros y algunas canciones melódicas, algo que ya hacía en Argentina y que incluso la había llevado a participar de un programa muy popular de la época: “Sábados Circulares”, conducido por Pipo Mancera.

El resto vendía fotos autografiadas del equipo por las calles y a quienes se acercaban a saludarlas. Con eso varias lograron regresar con algo de dinero.

El tercer duelo en ese Mundial fue contra Dinamarca, el 28 de agosto. Las danesas eran una verdadera potencia. Venían de ganar el campeonato anterior, se habían entrenado compitiendo contra varones y tenían una potencia y estado físico muy superior al del resto de las jugadoras del certamen. Parecía que estábamos en el jardín de los gigantes, recuerda Andrada.

Argentina había tomado ritmo de partidos, tenía técnica, pero cuatro días antes del partido, el micro que las llevaba a entrenar chocó contra una camioneta y algunas se lastimaron. Para colmo, Marta Soler se lesionó la rodilla jugando al fútbol en una excursión: se infiltró para poder atajar lo que quedaba del campeonato. Las danesas golearon 5 a 0.

A la Selección le quedaba entonces pelear por el tercer puesto contra Italia, en Guadalajara. Temieron no llegar a ese partido: algunas cuentan que el viaje en avión tuvo tantas turbulencias que, si hubiera existido la posibilidad, hubieran abierto las ventanas y se habrían tirado.

En la cancha, el equipo –arrastrando cansancio y con muchas lesionadas- no pudo evitar el 4 a 0 con unas rivales que eran superiores técnicamente.

La final del campeonato fue entre Dinamarca y México: las locales llegaron a la definición gracias a la ayuda de arbitrajes bochornosos, pero no pudieron contra las mejores del momento. Dinamarca se impuso por 3 a 0 y defendió su título.

En nuestro país, el diario Clarín publicó solo tres recuadros sobre aquel certamen. En uno, el reconocido periodista uruguayo Diego Lucero, pseudónimo que utilizaba Luis Alfredo Sciutto, fue categórico: “El fútbol no es para chuchis”. En esa nota escribió: “Las ves moverse con esa torpeza insuperable (…) Esto solo es cosa para varones de pelo en pecho y galladura fuerte”. Sin embargo, cerró: “90 mil tabloneros van al Azteca a hacerse el plato con ellas. Salute pibas de la pelota”.

Para Argentina, el balance fue positivo: en su primera actuación internacional y a puro pulmón, se había consolidado un equipo compacto en el que, además de Betty García y Marta Soler, se destacaron Zunilda Troncoso, como una número 5 con elegancia, Eva Lembesis, como una volante derecha aguerrida y la incansable Angélica Cardozo en el mediocampo.

Una vez concluido el torneo, Argentina fue invitada a quedarse una semana más para jugar un amistoso con México, una excusa para recaudar dinero y repartir ganancias entre ambos equipos.

Eva cuenta que ella esperaba que una multitud las recibiera en Ezeiza, pero eso no ocurrió. Ella es muy meticulosa y guarda un montón de documentos, notas periodísticas, fotos y otros recuerdos. Dice que tuvo que traer otra valija para trasladar todo. El equipo se volvió con un trofeo muy alto, que le dieron por participar en el amistoso. También obtuvieron medallas, pero ninguna se las pudo quedar: el hombre que había enviado Harrington para acompañarlas las vendió porque eran de plata.

Blanca y Virginia intercambiaron camisetas con las italianas. Betty trajo la suya en la valija y aún la atesora, con el número 9 de cuero cosido en su espalda. Todas tienen un montón de anécdotas, miles de momentos compartidos y la certeza de saberse parte de la historia. Reconocen que esa participación mundialista le dio en ese entonces mayor difusión al fútbol femenino en nuestro país. Ellas siguieron jugando en equipos diferentes, en lugares distintos, pero con la misma pasión.

Sobre las autoras

Mónica Santino (Buenos Aires, 1965). Fue una de las primeras jugadoras de fútbol y es directora técnica, profesora de Educación Física y periodista. Fundadora del Club La Nuestra que impulsa el fútbol feminista en la porteña Villa 31. Trabajó como asesora en la Comisión de Mujeres de la Legislatura de la CABA y es parte de la Coordinadora de Futbol Feminista Sin Fronteras. Integró el Comité Asesor en Género y Diversidad Sexual .

Tamara Haber (Buenos Aires, 1989). Es antropóloga social (UBA), donde ejerce como docente. Jugadora y fundadora del Norita FC. Miembro de la Coordinadora de Fútbol Feminista Sin Fronteras.

Julieta Ossés (Mar del Plata, 1981). Politóloga, militante feminista, cofundadora del Norita FC. Fue directora de la Comisión Mujer de la Legislatura Porteña entre 2016 y 2019. Desde allí fue una de las redactoras e impulsoras de la Ley del Día de las Futbolistas. Forma parte de la Coordinadora de Fútbol Feminista Sin Fronteras.