A medida que el Mundial camina hacia su torneo centenario de 2030, la FIFA le da más fuerza a un proyecto destinado a mover las estructuras del fútbol: una Copa del Mundo cada dos años y torneos continentales de selecciones cada dos años. Es parte de la apuesta de Gianni Infantino para medir fuerzas con los clubes, en una pulseada con final abierto pero que por ahora parecen llevar ventaja las ligas. Una solución, dicen desde Suiza, para los problemas de calendario y de citaciones de los futbolistas, el gran tema de la última semana, en la que la FIFA no logró imponer su voluntad. La idea es agrupar los partidos de clasificación en dos ventanas internacionales, en octubre y marzo, y que al final de cada temporada se realice el Mundial o el torneo continental.

Es una idea que aún no penetra en los fanáticos del fútbol, capaces de hacer caer el proyecto de la Superliga Europea hace solo unos meses. No es un detalle. Acaso por eso la insistencia. “La idea es mejorar la calidad del juego de las competiciones. No hay ninguna intención financiera detrás, menos aún cuando la FIFA reparte dinero a todas las federaciones del mundo”, aseguró este viernes al diario L’Équipe el ex entrenador francés Arsène Wenger, actual director de desarrollo de la FIFA, principal mentor de un proyecto que tiene como fecha posible de inicio 2028, porque hasta ese año ya están comprometidas las sedes para los Mundiales de Qatar 2022 y Estados Unidos, México y Canadá 2026, la Eurocopa Alemania 2024 y la Copa América Ecuador 2024.

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Wenger aseguró que el proyecto está avalado por al menos 166 países miembro. Además, la FIFA prepara un comité con 40 figuras del fútbol que hayan competido en un Mundial para evangelizar en todo el planeta futbolero la idea de hacer una Copa del Mundo cada dos años, conscientes de que el ambiente de la pelota suele ir de la mano de las tradiciones. Y que no hay tradición más grande que un Mundial.

En ese grupo, Infantino cuenta con Javier Mascherano, el actual director del Departamento de Metodología y Desarrollo de la AFA, con cuatro Mundiales en el lomo, en 2006, 2010, 2014 y 2018. La semana pasada, Mascherano también salió públicamente a defender la idea de Wenger, en la agencia española EFE. “No sólo tiene sentido, sino que es una parte fundamental de un cambio más amplio y positivo del calendario internacional. La primera vez que lo escuché parecía extraño porque estamos acostumbrados a pensar sobre la Copa del Mundo cada cuatro años, pero después lo pensé más”, dijo el excapitán argentino, que también aseguró que el cambio no se debe a una cuestión financiera, sino de contexto. “Lo que eran ciclos normales antes, ya no lo son ahora. Creo que es demasiado tiempo para todos tener que esperar cuatro años para ver el evento más hermoso en el mundo. Los jóvenes ahora tienen tantas otras formas de entretenimiento, que hay que captar su atención. No queremos seguir usando las mismas fórmulas que hemos usado durante los últimos 100 años”, subrayó.

Además de a los hinchas, la FIFA deberá convencer a los futbolistas, que en los últimos meses elevaron su voz crítica por la saturación del calendario post pandemia. Lo definió el alemán Toni Kroos, campeón del mundo en Brasil 2014, en la comodidad de una entrevista realizada para el podcast de su hermano Felix, exfutbolista del Eintracht Braunschweig de la segunda categoría del fútbol alemán, retirado a los 30 años. “Con estas cosas nuevas -dijo el mediocampista del Real Madrid- nosotros los jugadores solo somos marionetas de la FIFA. Nadie nos pregunta nada”.