Del dolor, del olvido, de la muerte, del punto ciego donde todo es negro, de la fantasmal vuelta al continente, de la pervivencia de los vestigios del absurdo y lo innombrable se vale la dramaturgia argentina para seguir hundiendo la llaga en la herida abierta de Malvinas, 40 años después de la guerra.

En la actualidad tres obras en cartel recorren el significante Malvinas desde distintas perspectivas: el teatro documental de «Campo minado», de la argentina Lola Arias, que se puede ver en el Teatro San Martín y donde tres excombatientes argentinos y tres británicos ponen su cuerpo sobre el escenario y toman la palabra para continuar dilucidando un enigma indescifrable.

«Cuando era joven y elegí unirme a los Royal Marines no creo que realmente tuviera una visión sobre la guerra y ni por un minuto pensé que estaría peleando una guerra convencional», cuenta a Télam el británico David Jackson, excombatiente de Malvinas, actualmente psicólogo que asiste a veteranos de distintas guerras y actor de «Campo minado».

«No se trata de tener una visión de la guerra porque la guerra y la lucha por la tierra y los recursos es un rasgo humano y ha estado ocurriendo durante miles de años. Para mí se trata de lo que sucede después de la guerra y cómo las sociedades apoyan las necesidades de los veteranos de guerra y sus familias dentro de una sociedad determinada. Los veteranos de todo el mundo no tienen voz cuando las bombas han dejado de caer y las armas están en silencio», agregó Jackson.

Otra de las obras que vuelve a escena por ocho únicas funciones, los jueves en el Teatro El Grito (Costa Rica 5459), escrita y dirigida por Fabián Díaz e interpretada por Iván Moschner es «Los hombres vuelven al monte», que corporiza el fantasmal peso de un regreso y una huida de los que fueron a Malvinas cuando volvieron al continente.


Localizada en el monte chato y espinoso del Chaco, «Los hombres…» se ubica en la vuelta de Malvinas y está escrita por el hijo de un excombatiente nacido en Villa Ángela («mi viejo fue a Malvinas con 18 años, volvió con 19 y yo nací cuando tenía 20») con la decisión insobornable de no solemnizar una guerra desgraciada y brutal, hablada por un padre y un hijo.

«Malvinas no resuena. Hay silencio. Malvinas es un off. Habrá algún acto alegórico en torno al 2 de abril. Estará ensanchada la pasión porque pasaron 40 años. Hay mucha confusión, y un alto grado de ignorancia. Hay desinformación. Malvinas es una parte por el todo de lo que el Estado no puede: obtener soberanía política, territorial, económica y discursiva. No posee ni el dinero, ni las armas, ni la psique para recuperar esa tierra. ¿Qué significa que el Estado las quiera recuperar? ¿Qué significa habitar esas tierras? Dudo de que ese lenguaje de soberanía sea algo más que una miopía patriótica», destacó Dìaz en charla con Télam.

«A 40 años de Malvinas -agregó Díaz- el Estado tiene que pedir perdón. Las Malvinas son, me apena mucho decirlo, el fondo agrio de una sopa que no se termina nunca. Y está bien que estén ahí: perdidas, olvidadas, mutiladas y llenas de muertos. Son nuestro patio trasero lleno de cuerpos sin vida, como gran parte de nuestro territorio. Ese patio de huesos me recuerda que soy hijo de un pibe -18 años tenía mi padre- que fue a la guerra y nunca volvió. Ese patio le recuerda al Estado su responsabilidad -su deuda- sobre la vida arrasada durante los meses de abril, mayo y junio de 1982».

La tercera obra en cartel es «El visitante», de Marcelo Galliano y con dirección de Anabella Valencia, que se puede ver los sábados en el teatro El Popular (Chile 2080), que pone el acento en la guerra y las consecuencias familiares que atravesaron y atraviesan hoy los seres cercanos de aquellos jóvenes obligados a pelear por la recuperación de un territorio y que no regresaron.

«La obra es a la vez una metáfora sobre la sociedad en su conjunto y el tratamiento u omisión sobre lo ocurrido. Una sociedad que soltó a sus hijos para ir detrás de un objetivo sin sentido, de la mano del peor de los gobiernos de la Argentina, la última dictadura cívico-militar», destacó Valencia, a cargo de la puesta, a Télam.

«‘El visitante’ construye una ficción familiar sobre un hecho real y plantea el siguiente dilema: ¿Es preferible creer una mentira para mitigar el dolor cotidiano de una pérdida irreparable o es mejor asimilar una verdad a fin de poder atravesar el duelo necesario para vivir un presente liberado del pasado traumático?»

Consultado sobre el modo como el trabajo en «Campo minado» modificó su visión de Malvinas, Gabriel Sagastume, que fue soldado en el conflicto del Atlántico Sur y es ahora uno de los actores de la obra de Lola Arias que se estrenó en 2016 en el Royal Court Theatre de Londres y desde entonces recorrió más de 30 ciudades y participó en distintos festivales de teatro internacionales, señaló que «el intercambio con veteranos británicos y de otras guerras terminó de formar mi opinión de que no hay motivos que justifiquen una guerra».

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«Si bien siempre tuve una opinión contraria a la guerra, pacifista, y la participación en la guerra de Malvinas me dio mayor convicción en mis ideas; el intercambio con los veteranos británicos y la posibilidad de conocer también veteranos de otras guerras: Afganistán, Irak, Bosnia, Corea, terminó de formar mi opinión: no hay motivos que justifiquen una guerra, sólo la legítima defensa como excepción. Pero no hay ‘guerras justas’. Creo que la guerra es sinónimo de muerte, nunca de justicia», destacó Sagastume.

Para Iván Moschner, quien asume distintas voces en una performance de altísima precisión para contar la huida alucinada de un hombre al monte luego de su regreso de Malvinas en la pieza de Fabián Díaz, su trabajo en la obra «modificó mi vida al encontrar a otro que estaba sintiendo igual que yo respecto a la memoria de la guerra».

«Ese encuentro -agregó Moschner- se dio a través del texto de la obra, la poesía, su estructura de tragedia clásica escondida en el poema. Modificó la soledad en que estaba esa memoria, al saber de otres, cercanos a los combatientes, que estaban latiendo igual. En línea con el trabajo de mantener viva la obra, acabo de leer un libro de reciente edición, de Leila Guerriero, que dialoga desde lo documental, con la obra. Y el encuentro se agranda y actualiza. Pensamientos similares entre los que recuerdan la guerra, y el dolor que provocó y aún está vivo en la memoria del pueblo».

Jackson señaló que no cree que estos aniversarios «sean realmente relevantes. Es algo para que tal vez cuelgues tu artículo de prensa». «Porque la guerra de las Malvinas -señaló- está conmigo todos los días. Cuando experimentas la guerra o cualquier trauma, para ser justos, esa experiencia se encarna dentro de ti. En mí llevo mis sentimientos de pérdida, mis recuerdos de la guerra de las Malvinas y mi tiempo en Irlanda del Norte. No me limito a reflexionar sobre los años clave de aniversario porque alguien en algún lugar haya elegido 40 como un aniversario especial. Creo que estos aniversarios son más importantes para la psique colectiva de la sociedad y reúnen a las personas para reflexionar quizás un poco más sobre la guerra que ocurrió en 1982. Sin embargo, puedo decirles con certeza que cuando todos subimos al escenario todos llevamos esa experiencia con nosotros. Nuestra guerra resuena dentro de nosotros a través de la obra de teatro en cada aniversario previo a este año. Ya lleva seis años. Está con nosotros todos los días de nuestras vidas..

«La Guerra de Malvinas resuena todavía en la Argentina, muy poco en el resto del mundo, incluida Gran Bretaña. Nos debe enseñar a ser modestos en nuestras creencias acerca del lugar que ocupamos en el planeta. Nos debe enseñar a no volver a usar la violencia para resolver cuestiones políticas o de otra índole. Malvinas está presente para mostrar nuestras diferencias y desencuentros, y debería enseñarnos a tratar de convivir en la diferencia. A trabajar juntos aunque pensemos distinto. Porque si hoy cumplimos 40 años de la guerra, también cumpliremos 40 años de la vuelta de la democracia, que se debió claramente a la derrota de la dictadura en la guerra», cerró Sagastume.

«Campo minado» se puede ver viernes, sábados y domingos hasta el 24 de abril en la sala Martín Coronado del Teatro San Martín; «Los hombres vuelven al monte» todos los jueves a las 21 hasta el 28 de abril, con una función especial el 2 de abril en el teatro El Grito; y «El visitante» todos los sábados a las 20 en el teatro El Popular.