No parece casual que, en forma concomitante con que sus heroínas clásicas como Blancanieves, la Bella Durmiente y Cenicienta son pasibles de ser canceladas, acusadas de racismo, pasividad y/o machirulismo, Disney ponga sus energías –y un presupuesto fenomenal– en reivindicar a sus villanas. 

Ya lo hizo en 2014 con Maléfica, con tanta originalidad que el personaje maldito de la versión animada de 1959 devino en saga, nueva franquicia y objeto de adoración encarnado en la piel de Angelina Jolie.  Narrada desde su punto de vista, la historia de la bruja de La bella durmiente revelaba una existencia más intensa y de pasiones más diversas y subversivas que los de la de la princesa –que a su lado aparecía sosa y soporífera– y un estilo de mujer independiente y empoderada acorde con las luchas femeninas contemporáneas.   

Los personajes malvados de Disney siempre ejercieron fascinación por diversas razones. Parecían expresar la otredad política, racial o sexual negada o negativizada por los Estados Unidos: los terribles árabes de Aladdin en el contexto de la ofensiva de la presidencia Bush a los musulmanes; el perverso y afeminado Scar de El rey León; las pasiones prohibidas encarnadas en el capitán Garfio, obsesionado con el adolescente Peter Pan… Y en el cenit: Úrsula, la bruja del mar de La sirenita cuyo referente real es la drag queen fetiche de John Waters: Divine. Seguramente más pronto que tarde, Disney se ocupará de ella y redimirá su asesinato terrorífico en el mar con el estómago atravesado por el mástil del barco conducido por el machista Eric. 

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Hace tiempo que Cruella De Vil está vigente. Desde aquel lejano 1961 en 101 dálmatas en que era la personificación del capitalismo más salvaje envuelto en pieles y a la cual no detenía siquiera el sacrificio de los inofensivos cachorros perrunos, pasando por las divertidas secuelas animadas y la genial interpretación de Glenn Close en los años noventa, el personaje no ha cesado de ejercer fascinación con su exceso de sadismo y su adicción a la moda y al glamour que la convirtieron en icono gay, trans y drag. 

Si algo caracteriza la nueva versión de Craig Gillespie protagonizada por Emma Stone es el hacer suntuosa ostentación de esas desmesuras apelando hasta el paroxismo al vestuario extravagante, la ironía maledicente y a la comedia y el melodrama alternativos. También impresionan las incontables citas cinematográficas y literarias, revisión de clásicos e intertextualidades: Medea, Edipo en clave femenina, la Meryl Streep de El diablo se viste a la moda (Frankel, 2006), la protagonista de Yo, Tonya (Gillespie, 2017), Harley Quinn y la Joan “Alexis” Collins del serial Dinastía, entre otras. 

Pensada como precuela a las maldades narradas en 101 Dálmatas, todo parece caber en Cruella: una orfandad trágica al estilo Disney, una niñez y adolescencia pícara a lo Dickens y un intento de ascenso social y pasaje al lado oscuro basado en su naturaleza monstruosa –peligrosa hipótesis de una maldad congénita casi lombrosiana– expresada en el bicolor de sus cabellos. Asimismo, el film resalta una vida marcada por el resentimiento, el odio y la venganza contra la baronesa von Hellman (la extraordinaria Emma Thompson), su modelo y rival en el mundo de la moda. 

Pero a su vez, los orígenes de Cruella tienen ecos de la biografía de la diseñadora de modas Vivienne Westwood en su recurrencia a la estética punk y a los lemas de los Sex Pistols. Como la Gatúbela de Tim Burton, tiene su personalidad débil y vulnerable -Estrella- y su lado salvaje -Cruella- y también presenta reminiscencias del Joker versión Joaquín Phoenix en su costado destructivo y su tendencia a mostrar la anomia y decadencia social. 

Todo eso configura un cóctel desparejo y explosivo, quizás demasiado explosivo e irreverente para al antaño mundo rosa de Disney. Lo que mejor funcionan en la película son -amén de las interpretaciones de las Emmas- los duelos de trapos entre las dos divas que permiten un desfile de vestidos estrafalarios, alocados looks y alucinantes performances plenas de un excentricismo a toda prueba.   

Las vidas de las malvadas y los antagonistas siempre prometieron más aventuras que las protagónicas.  Se adivinaba en ellas un pasado misterioso que explicaba la génesis del mal y a la vez develaba –como en las últimas versiones fílmicas de Joker y el Guasón, los malos de ese otro imperio de la ficción llamado DC Comics– los costados oscuros y siniestros que escondía el sueño americano. «



Cruella

Dirección: Craig Gillespie. Elenco: Emma Stone, Emma Thompson, Paul Walter Hauser, Joel Fry. Disponible en Disney+.