Decano del Departamento de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad Nacional de Avellaneda, investigador y docente de la UBA e integrante de la Fundación Hábitat y Salud Urbana, Jaime Sorín es una de las voces más respetadas en el tema. Asegura que el modelo de Macri y, luego, Larreta es “expulsivo, una Ciudad manejada por los intereses inmobiliarios, no pensada desde el punto de vista de los ciudadanos. La prueba está en la cantidad de terrenos que se remataron y los grandes proyectos vinculados más con la renta inmobiliaria que con la necesidad de sus habitantes”.

Vivienda y espacio público, dice Sorín, son temas que el jefe de Gobierno porteño “rehuyó totalmente, y en pandemia se notó muchísimo. Lo único que ha hecho Larreta es modificar los códigos urbanísticos y de edificación en favor de las inversiones especulativas, incluso empeorando las condiciones de habitabilidad de las viviendas, permitiendo que se hagan de hasta 18 metros cuadrados. Este código borra las identidades barriales, y nos está dirigiendo hacia una ciudad invivible. Y todo ese panorama se agravó con el proyecto de un acceso a la Costanera prácticamente privatizado de norte a sur”.

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Para contrarrestar el déficit habitacional en la Ciudad, sostiene Sorín, “debe aplicarse una política impositiva a las viviendas ociosas. No puede ser que las veredas tengan más presupuesto que las viviendas. Esto debe estar segmentado por sectores: algunos necesitan créditos y otros, subsidios. No hay acción directa del Estado sobre la vivienda. Y no podemos esperar a que el mercado resuelva el problema. El principal problema hoy es la vivienda familiar. Muchas familias no pueden acceder más que a monoambientes, o a vivir en villas. Nos vamos a pegar una sorpresa grande en el censo del año que viene: prácticamente se duplicó la población en villas respecto de 2010. El Estado debería intervenir. En España, en Alemania, en EE UU, el Estado tiene propiedades que pone en alquiler para, también, regular el mercado.

Hay otro tema urbanístico que preocupa a Sorín: la pérdida de las identidades barriales. “Belgrano me da pena”, se sincera. “Está absolutamente destruido el patrimonio histórico, reemplazado por conjuntos de torres. Caballito también ha sido agredido fuertemente, y ahora se avanza sobre Abasto, Almagro… Tenían un patrimonio arquitectónico, social y cultural que narraba la historia de la ciudad, y están siendo destruidos por la política inmobiliaria de los últimos años. Demoliendo, atacando el patrimonio, la Ciudad borra la historia. Necesitan borrarla para avanzar en una ciudad como la que ellos quieren construir”.  «