Finalmente Sebastián Piñera fue electo presidente de Chile obteniendo el 54,57% de los votos con una diferencia de 9 puntos con respecto a su oponente Alejandro Guillier. La segunda vuelta se realizó con cierto grado de incertidumbre por los resultados obtenidos en la primera, donde Piñera obtuvo 7 puntos menos de lo que estimaban las encuestas.

Éstas a su vez en noviembre, subestimaron los votos del Frente Amplio (FA) en 11 puntos, quedando esta nueva fuerza política a tan sólo dos puntos de alcanzar la segunda mayoría relativa. Éste es el dato relevante de la contienda presidencial pues emerge una fuerza política que disputará el duopolio que ha gobernado el país trasandino desde el retorno de la democracia.

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Un Piñera exultante en un escenario montado fuera de un Hotel situado en la Alameda se dirige a sus adherentes, flanqueado por su familia, y a su izquierda, por el senador Manuel José Ossandón, señalando que va a ser “presidente de todos los chilenos”, aunque “el camino hacia tiempos mejores no va a ser fácil”. Así prepara el terreno para recular en sus promesas electorales.

Ossandón, ex militante del partido de derecha Renovación Nacional, fue quien condicionó su apoyo en segunda vuelta al presidente electo con la condición de que incorporara la gratuidad de la educación en su plataforma electoral.

Un segundo dato relevante es que un 51% de los electores no concurrió a votar. Aun así, creció la participación con respecto a la primera vuelta. Una explicación de esto es que Piñera, con el endurecimiento de su discurso, logró cautivar a la derecha más dura para que concurra e incluso a una parte del electorado que desistió de hacerlo en primera. También logro seducir a un sector liberal progresista que votó al FA en primera vuelta y que es crítico de la coalición política que acompaña a Michelle Bachelet.

Por otro lado, Alejandro Guillier no logró atraer a los votantes jóvenes del sector mayoritariamente de izquierda del FA, que prefirió quedarse en la casa. Señala un adherente de esta fuerza política: “yo voté por Guillier y me fui a dormir una siesta”.

Un nuevo ciclo político se abre en Chile, donde la fuerza juvenil del FA, opositora del duopolio que ha gobernado desde 1990, forzó a incorporar en sus plataformas políticas el debate por la gratuidad de la educación, la reforma previsional y una nueva constitución.

*Economista y docente UBA y UNM