De cuando la sub-20 valía el sueño; por Alejandro Wall

Columna de opinión.
20 de Mayo de 2017

Entre todo lo que se recuerdan del Mundial de Japón, en 1979, también están las madrugadas frente al televisor. El sueño se recortaba para ver al equipo de César Luis Menotti brillando con horario oriental. Era ver al adolescente Diego Maradona y a su socio, Ramón Díaz. La hipnosis que generó en la sociedad futbolera esa Selección juvenil –la primera argentina en ganar un campeonato del mundo– fueron las victorias, pero también el juego, un anzuelo menos tangible pero igual de efectivo que la acumulación de triunfos. En esas madrugadas también se construyó.

Casi dos décadas después, en 1997, el magnetismo trasnochador se repitió. Las selecciones juveniles no despiertan grandes pasiones, pero el equipo de José Pekerman que fue campeón en Malasia tenía imanes con los que atrasaba –o adelantaba– el sueño de quienes querían seguir los partidos. Algunos jugadores: Walter Samuel, Esteban Cambiasso, Diego Placente y, sobre todo, Pablo Aimar y Juan Román Riquelme. Cada equipo es irrepetible, pero algunos además se convierten en inolvidables. El campeón de Malasia, lo es.

Ambos instantes de fútbol en horas lejanas podrían repetirse ahora que la Selección Sub-20 debutó en el Mundial de Corea. Aunque es difícil, mucho más después de lo que se vio contra Inglaterra, la derrota por tres a cero, la expulsión de Lautaro Martínez a manos de unos visualizadores de video, el juego desinflado. Ahora tocarán dos partidos en la primera mañana, un horario más amable (el martes, frente a Corea, y el viernes, frente a Guinea, se jugará a las 8). Salvo un volantazo, un cambio de planes urgente o acaso una apilada de buenos resultados al menos por azar, no se visualiza que el equipo de Claudio Úbeda sea la clase de Selección por la que vale el desvelo. Tampoco se trata solo del sueño popular: lo más preocupante de la Selección juvenil es no saber cómo podrá maridar con la etapa que nace entre los mayores, con Jorge Sampaoli. Juveniles y mayores no debieran ser dos barcos navegando por mares distintos. Pero así se dieron las cosas, al menos por ahora.

Cualquiera podría argumentar que esto recién empieza. Pero empezó mal. Y no fue distinto el camino que llevó a este equipo hasta Corea. Siempre entre piedras. Por eso tampoco se acumulaba una gran expectativa entre los hinchas para el debut. Es el resultado y es, también, la imagen que entrega. Difícil encontrar acá alguna excusa: hasta ahora, no hay resultados y tampoco hay juego. Sin Lautaro, la Selección Sub-20 se tendrá que reconstruir rápido. Todavía necesita mucho, pero mucho, para ser un equipo que valga pasar el día entre bostezos. «

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