"Estoy metido en el cine por el gusto que tengo por ver películas antes que por hacerlo"

El joven cineasta codobés tiene una retrospectiva en la prestigiosa Sala Lugones del San Martín. Aquí habla de su última película de ficción, Otra madre
26 de Octubre de 2017

“Para mí es una alegría enorme, un honor que Luciano Monteagudo haya programado un ciclo mío en la Lugones; súper contento, porque mi obra no es tan basta.” El que parece no poder salir de su asombrosa alegría es Mariano Luque, director del largometraje Salsipuedes, los cortometrajes Sociales y Así me duermo, y el documental Los árboles, que será la película de clausura de la 17° edición del DocBuenosAires. La Lugones es la Sala del Centro Cultural San Martín, y el ciclo tiene un cronograma que se detalla aparte.

Con apenas 31 años, este cordobés se ha convertido en una cosa seria, cinematográficamente hablando. Y aunque no lo crea, a esa edad tiene bastante filmado para un director argentino. “Vas haciendo películas y medio sin darte cuenta vas haciendo una obra -intenta ahora una respuesta más de cineasta consumado-. Por más que tengas coherencia o te vayas desdiciendo. Buscando la sofisticación, cambiar lo que no te dejó muy contento con la que terminaste”, es así como Luque cree que fue armando, si bien no una obra, al menos un estilo.

Algo que se ve claramente en Otra madre: “Empecé trabajando hace cinco años en relación a Salsipuedes, a buscar más la sutileza, menos obviedad en lo que ocurría. Que no por eso eso son cosas menos importantes.” Así, en Otra madre lo primero que se ve es una mujer caminando sola en una noche que parece haber comenzado no hace mucho, en un plano medio que evidencia su premura por llegar a destino, que no es sólo un paso apresurado sino un gesto que parece decir que esto no puede seguir así. Lo que no puede seguir así es que llegue tan tarde a su casa después del trabajo, y más ahora que acaba de separarse y el tiempo con la hija, siempre importante para las partes, ahora se vuelve en algo tan esencial como el agua.

A Luque le interesaba mostrar la soledad de esa -y otras mujeres- frente a una situación de separación. “Por eso el hombre sólo aparece en el bar de la estación de servicio, donde ‘intercambian’ a la hija. Me interesaba que no fuera un padre ausente, sino alguien que se hace cargo porque me parece que así se ve mejor que en una cultura patriarcal la mujer de cualquier forma está sola.”

Claro que no tanto, porque ahí están las otras mujeres, antes que para socorrerla, para fortalecer esa solidaridad tan original como efectiva que han sabido establecer durante siglos, pero que en los últimos años además del tradicional “cubrirse” en el cuidado de los hijos o en tareas relacionadas con ellos, agregaron un cuidado de ellas mismas entre ellas mismas. “Pese al mandato que tienen las mujeres -dice Luque- se fortalecen, ayudan, se hacen cargo las unas de las otras, como la hermana de Mabel (Mara Santucho), que además de ayudarla cuida a la madre; creo que en eso son mujeres de hoy.”

Mientras Mabel se desvive y se remuerde entre cumplir con el trabajo que le permite mantener a su hija, ayudar a las mujeres cercanas y permitirse alguna salida y nuevos cariños después de su separación, Luque arma su estilo narrativo en base a intenciones propias y sugerencias ajenas. “En el cine hay actores, un equipo técnico, es el resultado de todo eso, y algunas veces se pierde el control y está bueno que así sea porque enriquece la película.” Cuando se le pide un ejemplo de esta situación en Otra madre, cuenta las escenas en la que juegan Mabel y su hija: “Yo le daba algunas instrucciones a Julieta (Nietzschmann), pero ella hacía otras cosas que al final quedaron mejor.”

“No, una película así no se podría hacer con la resolución 942 del Incaa”, dice contundente Luque respecto a la nueva iniciativa del Instituto. Las suyas forman parte del grupo de películas que no cuentan una historia “según el esquema literario muy basado en el guión, aunque me gusta todo tipo de cine: desde el clásico con un héroe y obstáculos a superar, al más alejado de la literatura; de hecho creo que estoy metido en el cine por el gusto que tengo por ver películas antes que por hacerlo”. A la idea lanzada maliciosamente ya hace unos años, sobre que esas películas no son cine, o son cine para pocos, Luque la refuta con un ejemplo entre varios: Dónde está la casa de mi amigo, de Abbas Kiarostami. “Ahí se puede ver que ambos campos se pueden abrir infinitamente. Esa película es un pequeño cuento, una fábula, pero el manejo de la imagen es artesanal, Kiarostami arma un lenguaje audiovisual propio, que es autónomo y a la vez integral a la historia.”

Por esa y otras cuestiones forma parte de un colectivo de cineastas en su Córdoba natal, desde donde organizan diversas actividades “para combatir esta idea que se tiene del cine independiente, que si avanza la resolución 942 se va a acallar, sólo van a quedar las películas que sostienen los intereses del mercado. No se puede hacer como el burdo informe de (Luis) Majul, decir que hay listas negras o que cualquier película que trata temas históricos es K. Si esa resolución avanza los directores no podrán hacer las películas que quieren”.

Funciones:
Viernes 20 a Jueves 26, 21:30 hs, Otra madre. Viernes 27, 21:30 hs, Salsipuedes y Sociales (cortometrajes)
Sábado 28, 21:30 hs, función especial de Los árboles y Así me duermo.

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