Roald Dahal (1916-1990) perseguido por los partidarios de la corrección política que ya expurgaron varios de sus libros suprimiendo palabras y expresiones consideradas ofensivas, lleva vendidos 300 millones de libros en casi todo el mundo y no cesa de producir acontecimientos editoriales de manera póstuma.

Esta vez se trata de la edición en España de las cartas que le envió a su madre. Prolífico, el autor de Matilda, Las brujas, Charlie y la fábrica de chocolate, Versos para niños perversos entre muchos otros libros dedicados a lectores infantiles y juveniles Dahal fue prolífico también en la escritura epistolar.

Así lo atestigua la compilación de las cartas  que el autor británico de ascendencia noruega le envió a su madre, Sofie Magdalene Dahl entre 1925, cuando tenía 9 años, hasta los 50.

La compilación apareció en lengua inglesa originalmente en 2016 en conmemoración del centenario de su nacimiento  y ahora se publica por primera vez en español a través de Gatopardo ediciones, bajo el título Te quiere, Boy. El libro abarca más de 40 años de vida del escritor, por lo que va desde  un relato íntimo de su infancia que pasó en diversos internados y también sus años de piloto y combatiente durante la Segunda Guerra Mundial

Quizá pocos autores infantiles y juveniles tan políticamente incorrectos como Dahal. Pero su desajuste con los conceptos que debe seguir la literatura destinada a los lectores más pequeños es una de las claves de su éxito. No sólo lleva vendidos más de 300 millones de libros, sino que, además, ha sido llevado al cine muchas veces porque sus ficciones rebeldes interesaron a cineastas de la talla de Tim Burton, Steven Spielberg, Quentin Tarantino, Walt Disney, Alfred Hitchcock y Danny de Vito, quien protagonizó la adaptación al cine de Matilda haciendo el papel de la niña que interpretó Mara Wilson. El mismísimo Alfred Hitchcock se interesó por sus cuentos y los llevó la pantalla chica.

roald dahl

Roald Dahl y sus cartas

Escritor atípico si los hay, Roal Dahl escribió para niños a contrapelo de las buenas intenciones pedagógicas.

Te quiero, Boy, reúne no sólo cartas, sino también fotografías, algunas de ellas  tomadas por el propio Dahl; documentos personales y dibujos y hasta una caricatura de Hitler.

Sus traductores fueron la española Mariana Sández,  quien también tuvo a su cargo el prólogo,  y el argentino residente en Francia Edgardo Scott.  Ambos son, además de traductores, escritores, lo que le agrega un plus a la traducción de las cartas del autor infantil y juvenil.

«Yo tenía mucho interés en que se pudiese leer en castellano, quería que se conociese mejor el origen de su obra. Complementa muy bien los relatos sobre su vida que constituyen Boy y Volando solo», le dice Sández al medio periodístico Papel.

Y agrega: «Ya sea para entrar en la obra de Dahl o para profundizar en ella, creo que los lectores quedarán tan fascinados como yo».

A diferencia de otros autores que pierden actualidad a la hora de narrar –añade-, él sigue siendo interesante por partida doble, porque es atractivo para el adolescente y para el adulto. Por mucho que algunos se empeñen, no solo no ha envejecido, sino que parece que es cada vez más contemporáneo».

Por su parte, el editor del libro, sostiene que las cartas son la primera prueba que tenemos de su imaginación literaria en funcionamiento. En ellas habla de las divertidas excentricidades de los adultos, como los absurdos hábitos de sus maestros de escuela».

“También juega mucho con el lenguaje -añade-. Las cartas están escritas para entretener, más que para informar, y a menudo están llenas de detalles cómicos”.

Dahal tuvo  una infancia difícil. En los internados ingleses al que concurrió los castigos físicos eran una “herramienta pedagógica”. En un texto de carácter íntimo escrito a los 9 años,  dice con  una letra en la que se percibe el esfuerzo de escribir con tinta y una caligrafía muy regular pero típicamente infantil: “La primera noche de desamparo y tristeza en St. Peter’s, cuando me acurruqué en la cama y se apagaron las luces, no podía pensar en nada más que en mi casa y mi madre y mis hermanas. No quería dormir de espaldas a ellas».

Si bien las cartas y otros textos íntimos presagian al gran autor que sería, su vocación o quizá, su dedicación completa a la literatura, se dio tardíamente a comienzos de la década del 40. Según el propio autor,  habría sido un golpe en la cabeza el que lo transformó en escritor.  La teoría tal vez sea incomprobable, pero sin duda es muy original.  

Lo cierto es que su primer cuento publicado apareció en la edición del Saturday Evening Post el 1 de agosto de 1942. Se llamaba Pan comido y en él describe un accidente sufrido en su avión, un Gloster Gladiato de la Royal Real Force, donde había ingresa en 1949. Ese accidente le valió nada menos que una fractura de cráneo.

Examinada por algunos “lectores sensibles” según la denominación que les dan algunas editoriales a quienes les encargan leer libros  en los que pueda detectarse una expresión que no responda a la corrección política, sus obras sobresaltaron. Con criterio más que discutibles se eliminaron de ellas palabras como “gordo” y “feo” para adaptarlas a los tiempos que corren. Sin embargo, fue imposible destronarlo del lugar que ocupa en la literatura destinada a chicos y adolescentes.

Es que quizá haya sido muy consciente de que la infancia no es un territorio sembrado de azúcar, sino una etapa en que se vive la hostilidad del mundo como en cualquier otra. La diferencia es que hay en esa etapa se tiene menos capacidad de defensa y las situaciones dolorosas dejan marca para toda la vida.