"Los entrenadores somos generadores de aprendizaje"

Con 36 años, Mariano Soso debutará en el fútbol argentino a cargo de Gimnasia. Sin haber sido jugador y con formación bajo el ala de Bielsa.
19 de Agosto de 2017

La Superliga comenzará con nueve entrenadores distintos a los que terminaron el último torneo. Tres, además, dirigirán por primera vez en el fútbol argentino. Entre ellos, estará Mariano Soso, en Gimnasia. A los 36 años, viene de salir campeón con Sporting Cristal de Perú y antes, en 2015, tuvo su estreno como conductor en Real Garcilaso. Su carrera acumula más de una década en el banco de suplentes: comenzó en Rosario, su ciudad, cuando a los 19 años dirigió en fútbol infantil de Newell's. Trabajó con Marcelo Bielsa durante su segundo ciclo en la Selección nacional y afianzó su relación con esa escuela: fue ayudante de campo de Claudio Vivas y de Javier Torrente, en distintos clubes.

–¿Qué es ser entrenador?

–En primer lugar siempre me gustó la conducción de grupos. Como entrenadores somos generadores de contexto, de aprendizaje. Somos formadores y mi inclinación tiene que ver con la pasión que siento por el fútbol profesional. Además, fui reconociendo que adquirí conocimientos que me permitieron proyectar como entrenador. Si bien me inicié en el fútbol infantil y formativo, alcancé un espacio de formación profesional y de prestigio desde el centro operativo que montó Bielsa en Rosario en su segundo ciclo en la Selección. Ahí empecé a emparentarme con Claudio Vivas y Javier Torrente, sus colaboradores, y a capacitarme para el fútbol profesional. Ahí me empecé a edificar y construirme como entrenador. A visualizarme en el fútbol profesional.

–¿Tu referente es Bielsa?

–Mi formación está vinculada a esa escuela. Pasé muchos años acompañando a entrenadores que fueron parte de la estructura estable de Marcelo. Entonces reconozco que tengo una matriz vinculada a esa escuela. También estoy hecho de un montón de entrenadores y persigo un estilo y un perfil propio.

–¿Por qué surgen tantos entrenadores de Rosario?

–Si bien vivimos en un país futbolero, en nuestra ciudad el fútbol tiene un rol protagónico. Hay una pasión muy marcada y coincide con que muchos entrenadores han surgido de Rosario. Es un fenómeno complejo de explicar y entiendo que hay entrenadores muy representativos que han marcado una escuela para que otros exploren. Hay un espacio de entrenadores muy inquietos y muy permeables y porosos al conocimiento y al aprendizaje.

–¿Qué ponés en juego con la llegada a Gimnasia?

–La expectativa está puesta en poder construir un equipo que tenga una idea de juego reconocible, que nuestra gestión proporcione un aporte significativo en el crecimiento de los futbolistas que componen el plantel y que hagamos de Gimnasia un equipo protagonista. El fútbol argentino obviamente prestigia a cualquier entrenador y lo nuestro no es la excepción. También destaco la valentía y el convencimiento que muestra Gimnasia al convocarnos a un proyecto en el marco de una renovación institucional.

–¿Qué equipo imaginás?

–Tratamos de construir equipos de carácter ofensivo. Intentamos disponer del balón la mayor cantidad de tiempo posible y que el equipo tenga una activación colectiva tras perder la pelota, lograr recuperarla en el menor tiempo posible y que podamos jugar en forma sostenida ocupando el campo rival. Como digo siempre, es una declaración de intenciones que solo va a ser valorada si lo materializamos y lo hacemos efectivo en el campo. También sueño con construir un equipo que tenga un modelo de juego muy claro, nítido y que pueda también acceder a la variabilidad de esquema sin tocar la esencia ni lastimar la identidad que responde a poder protagonizar el juego, tratar de imponernos y de poder decidir dentro del campo.

–¿Se le exige más a un equipo ofensivo?

–Reconozco que el equipo se tiene que atrever a asumir riesgos. Pero los primeros que nos exigimos somos nosotros en poder brindar los argumentos para que el futbolista disponga de recursos para resolver y ejecutar las situaciones que se presenten en el campo. Cualquier proyecto deportivo tiene exigencias. Hasta el más conservador.

–Después de la práctica estabas reunido en una oficina con el resto del cuerpo técnico. ¿Lo hacen siempre?

–Más allá del trabajo de campo, la gestión de un equipo requiere tareas complementarias. Iniciamos el día con una rueda que responde a poder ultimar detalles del trabajo a desarrollar y que, a su vez, fue planificado el día anterior. El encuentro posterior busca procesar el entrenamiento diario y planificar la sesión siguiente. Es un hábito, un trabajo vinculado al análisis de juego. Creemos que debe existir una secretaría técnica que le dé soporte al trabajo de campo, que es el más relevante. La idea es ver qué nos devuelve cada entrenamiento. Diariamente intervenimos al equipo y hay que ver qué saldo deja esa intervención.

–¿Qué es el fútbol?

–Es un lugar de encuentro. Junto a la escuela, es el primer colectivo significativo que encuentro en mi vida. Es un lugar en el que aprendí a compartir, aprendí el valor de lo colectivo y de lo que es conformar un grupo. Lo entiendo como un motor de desarrollo social y un espacio de inclusión vital.

–¿Qué poder tiene?

–Hace muchos años atrás desarrollamos talleres infantiles en los sectores más postergados de Rosario. Era un espacio de inclusión que, a través de lo lúdico y la potencia de este deporte, nos permitía laburar distintas problemáticas. Aunque pareciera que estoy hablando de otro fútbol que no describe el fútbol de elite ni competitivo. En mi vida es un lugar de encuentro al que entiendo como un fenómeno cultural y un motor de desarrollo social.

–¿Qué te llevaste de esos talleres?

–Del barrio te llevás mucho aprendizaje. En aquel momento fue poniendo el fútbol como argumento o como puente para poder conectarme con diferentes problemáticas. Por otro lado estudié algo que no tiene que ver con el fútbol: minoridad y familia en un terciario. La idea era intentar poner a andar el fútbol del barrio. Ha sido una experiencia edificante. Me permitió llegar y compartir la hondura de los sectores más postergados, conocer su dolor, poder acompañarlos, poder vivir con lo mínimo e indispensable, sentir que había dolores mucho más profundos que los que uno tenía.

–¿Hay un encuentro entre ese fútbol amateur y el de elite en el que estás hoy?

–Reconozco que ese espacio es más lúdico. Uno puede ir por el intento de que este deporte sostenga esa esencia que responde al juego y al amateurismo. Un futbolista está acompañado y movilizado por esos aspectos. Sería muy injusto decir que hay dos tipos de fútbol. El fútbol es uno mismo. Hay componentes de mi carrera en el fútbol infantil, el formativo y el de Primera que se contrastan. Una cosa es el fútbol como negocio donde aparece una lógica empresarial aplicada al deporte y otra el fútbol de barrio.

–¿Cómo te movés en el mundo profesional con esa mirada crítica?

–Reconozco el medio al cual pertenezco, lo asumo bajo esos parámetros e intento darle una impronta al proyecto deportivo que conduzco, siguiendo lo que creo que es la esencia del deporte: el juego, la construcción de determinados valores que responden a lo colectivo, con poder sentir que tenemos una identidad independientemente de la mirada ajena, de la aceptación de lo externo y de la valoración o no de los medios de prensa.

–¿Qué hacés en tu tiempo libre?

–La cultura es algo que también compone la identidad del sujeto. Me gusta la literatura, la música y poder conectarme con espacios que no están atravesados por la alta competencia. Cuando la profesión me lo permite intento acceder a otros espacios, trato de no divorciarme de la realidad.

–Fuiste parte del libro Pelota de Papel. ¿Te gusta escribir?

–Participé del proyecto desde Perú porque me parecía interesante que los jugadores también pudieran mostrar otro costado. Que pudieran expresar su creatividad fuera del campo. Suelo escribir, pero no publicar.

–¿Sobre qué?

–Son relatos un poco perdidos que no sabría dónde ponerlos. Escribo, aunque cada vez menos.

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