Macron designó a un conservador de otro partido como primer ministro

Edouard Phillipe tiene 46 años, es diputado y garantiza la apertura que necesita el nuevo presidente para las legislativas.
15 de Mayo de 2017

París

El presidente francés, Emmanuel Macron, nombró este lunes primer ministro a Edouard Philippe, un diputado del partido de derecha Los Republicanos. La designación de este diputado de 46 años, ajeno al movimiento presidencial La República en Marcha y allegado al ex primer ministro Alain Juppé, refleja la voluntad del joven presidente centrista y proeuropeo por atraer a una parte de los conservadores a fin de lograr una mayoría en la Asamblea Nacional en junio, y así poder llevar a cabo sus reformas liberales y sociales.

Un día después de haber asumido el cargo, el nuevo mandatario viaja a Berlín, prueba de la prioridad que otorga al eje franco-alemán y a la reactivación europea.

La doble agenda de este lunes ilustra los dos principales desafíos del joven centrista proeuropeo, que desea una "Francia fuerte en una Europa que proteja".

En su primer discurso oficial el más joven presidente de la historia de Francia -39 años- prometió el domingo "unir y reconciliar" a los franceses, devolverles la confianza, y refundar y reactivar a Europa, haciéndola "más eficaz, más democrática y más política".

El perfil de su primer ministro, y la composición del nuevo gobierno francés ofrece una primera oportunidad a Macron para demostrar su capacidad de sumar votos, a un mes de unas elecciones legislativas cruciales para el resto de sus cinco años de mandato.

Algunos miembros de la derecha moderada ya se han sumado a Macron, pero la llegada de Phillippe supondrá una fuerte señal de unión transpartidista para que los franceses le den una mayoría en el parlamento, lo que le permitiría llevar a cabo sus reformas liberales y sociales.

Encuentro con Merkel

El primer viaje al extranjero de Macron será a Berlín, donde se entrevista con la canciller Angela Merkel, que logró una importante victoria electoral el domingo en los últimos comicios regionales antes de las legislativas de septiembre.

Tras la victoria de Macron el 7 de mayo ante la extrema derecha, Merkel consideró que el joven centrista simbolizaba la esperanza "de millones de franceses y también de mucha gente en Alemania y en Europa". Sin embargo las conversaciones entre los dos dirigentes no serán fáciles.

"Como conservadora, su margen de maniobra con Macron es muy limitado", admitió un ministro alemán que requirió el anonimato. Pero "humanamente, habrá buena conexión".

Para la diputada europea Sylvie Goulard, allegada al nuevo presidente francés y que podría entrar en su gobierno, "no se prevé un enfrentamiento" con Berlín.

"Hay que ser exigentes con nuestros socios, no solamente con los alemanes, cuando se trata de defender los intereses del país. Creo que los defenderá bien pues nuestros enfoques son cooperativos" afirmó la diputada en la televisión pública francesa.

La prensa alemana, por su parte, ya ha adelantado cuáles pueden ser las fuentes de desacuerdo entre París y Berlín.

Macron aboga por un "tratado de refundación" de la Unión europea, tras el rechazo por referéndum en Francia de la Constitución Europea en 2005. Pero ese proyecto es mal visto por Alemania.

El nuevo presidente francés contempla, además, un presupuesto, un parlamento y un ministro de Finanzas para la zona euro, pero estos temas pueden crispar en Berlín, ya que tanto la canciller como su partido democristiano, el CDU, están muy apegados a la ortodoxia financiera.

'Los alemanes van a pagar'

"El amigo querido. Macron salva Europa... y los alemanes son los que pagan" titulaba el sábado el semanario Der Spiegel.

Macron fue investido el domingo como sucesor del presidente socialista François Hollande, quien a su vez había reservado su última visita oficial a Berlín, el lunes pasado.

La victoria electoral de Macron revolucionó el panorama político francés, al término de una sorprendente campaña marcada por un resultado histórico de la extrema derecha, la eliminación de los tradicionales partidos de derecha (LR) e izquierda (socialistas), y las profundas fracturas en un país dividido entre los ganadores y los perdedores de la globalización.

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