Una nueva audiencia virtual del juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos en los centros clandestinos de detención Pozo de Banfield, Pozo de Quilmes y Brigada de Lanús esta semana continuó con el testimonio de Ernesto Borzi, quien tenía 7 años cuando su padre, Oscar Isidro, fue secuestrado y desaparecido.

Oscar Isidro Borzi tenía 34 años cuando fue secuestrado el 30 de abril de 1977. Vivía con su compañera Ada Miozzi y sus tres hijos en Lanús, militaba en la Juventud Trabajadora Peronista y era delegado del gremio del vidrio. Sus restos no fueron hallados y testigos dicen haberlo visto en la Brigada de Lanús (El Infierno de Avellaneda).

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Ernesto, uno de sus hijos, continuó con el relato iniciado en la audiencia pasada. Comentó que su madre consiguió trabajo en una escuela, a partir de la cooperadora, y trabajaba hasta la noche e incluso, muchas veces ella y los tres nenes se debían quedar a dormir allí porque temían caminar solos por la noche.

“En 44 años es la primera vez que puedo hablar”, le respondió al Tribunal cuando se solicitó encauzar la declaración, ya que habían sido reprogramados los testimonios de sus hermanos para hoy (tampoco se escucharon). Reclamó que se extiendan las audiencias a tres por semana y que la Corte arbitre los medios y el presupuesto necesario para hacerlo posible. “Me considero avasallado en mi derecho y en una garantía constitucional de primer orden como es que se me interrumpa de esta manera”, aseguró.

Al dar inicio al testimonio, había advertido que “mueren a cuentagotas” los imputados, mientras los familiares de las víctimas esperan justicia, aludiendo a la muerte del ex policía Miguel Angel Ferreyro, frase que recobró fuerza con el reclamo de acelerar el proceso judicial y ampliar las audiencias. Vale aclarar que el juicio continuará durante la feria judicial de verano y la semana próxima habrá dos audiencias.

Finalmente, Ernesto continuó con su testimonio refiriéndose a la fábrica Saric, donde se desempeñaba su padre como delegado. “Sus compañeros, durante un año, hacían horas extras para poder reunir el salario que cobraba mi papá y lo alcanzaban a nuestra casa”, recordó, y precisó que lo hicieron hasta que comenzaron los despidos y las acusaciones de sabotaje. También dio cuenta de las acciones que hizo la familia para dar con su padre, que todas fracasaron.

“Nuestra búsqueda de justicia sigue. En el 2000, un hecho nos conmocionó, cuando Ricardo Brinzoni se solidarizara con Luciano Benjamín Menéndez por haber sido citado en los tribunales para responder y movilizara a todos los organismos de DDHH porque tal situación implicaba un riesgo y un peligroso antecedente”, recordó, y explicó que luego fue parte de la convocatoria de las Madres de Plaza de Mayo, denominada “la marcha de la resistencia”. Allí fue contactada por Mónica Torres, quien dijo haber militado con su padre en Avellaneda y luego descubrió que había formado parte de la inteligencia de la dictadura, en el Batallón 601.

En el cierre de la declaración, Borzi solicitó “llenar las urnas con Memoria”, el 14 de noviembre, y advirtió que dentro de los dirigentes de la oposición hay “negacionismo”. Apuntó precisamente contra el intendente de Lanús y jefe de campaña de Diego Santilli, Néstor Grindetti, y el candidato a diputado Ricardo López Murphy.

El juicio pasó a un cuarto intermedio hasta el lunes 8 de noviembre, una audiencia semipresencial porque se unirán dos causas (Brigadas y Garachico), debido a que son los mismos testimonios y solicitaron no declarar dos veces. Al día siguiente, el 9, declararán Luis Alejandro y Juan Manuel Borzi.