Con el fin de la feria judicial de enero, se reanudaron las audiencias en el juicio contra 19 represores por los crímenes cometidos en el Pozo de Banfield, el Pozo de Quilmes y El Infierno de Avellaneda. La audiencia se centró en la declaración de Stella Segado, ex titular de la Dirección Nacional de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario del Ministerio de Defensa de la Nación, quien expuso ante el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata el funcionamiento y la estructura de la inteligencia de la última dictadura y detalló las particularidades de ese entramado en territorio bonaerense.

La palabra de Segado puso en evidencia el altísimo nivel de organización y planificación de inteligencia al servicio del secuestro, torturas y desaparición de personas. “La inteligencia ha sido el nudo de la represión. Sin inteligencia jamás se podría haber tenido ese nivel de represión al igual que de operaciones. Ambas van de la mano. Todo se relaciona de una manera en términos de responsabilidades: quién planifica, quién ejecuta, quién da la logística. Nada podría hacerse si no está la otra parte”, respondió la especialista ante la consulta del fiscal Juan Martín Nogueira.

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“Lo que presentaré aquí irá de lo general a lo particular”, aclaró al iniciar su testimonio, que acompañó con material digital. De esa manera explicó el funcionamiento del Sistema Nacional de Inteligencia (SNI) durante la dictadura y señaló que en el centro de ese sistema se encontraba la Central Nacional de Inteligencia (CNI), que debía planificar las operaciones de inteligencia. Allí se reunían las jefaturas de inteligencia de cada Fuerza Armada, el Servicio Penitenciario y las fuerzas de seguridad.

Segado detalló el “ciclo de inteligencia”, que aclaró que “no es un proceso lineal, aunque se presente como tal, porque si bien es un ciclo, puede empezar en cualquier lado”. “Planificación”, “Búsqueda” y “Reunión de Información”, primero. “Procesamiento”, “Interpretación” de toda la información obtenida, y “Elaboración”, después. Por último, la “Difusión”, mediante la que los órganos remiten la información de inteligencia hacia arriba (a los comandos y jefaturas), al canal “técnico” de inteligencia y al sistema que conforma la comunidad informativa.

Dentro de este ciclo, destacó lo referido al “procesamiento” de la información reunida que incluye su valoración en función de su grado de “confiabilidad”. Luego es la etapa de “interpretación o elaboración de inteligencia” con el objetivo de proveer inteligencia confiable en un formato operacional práctico”. Este proceso desemboca en la toma de decisiones.

En otra parte de su relato, evidenció el rol del Batallón de Inteligencia 601 dentro del esquema represivo. “Las unidades de inteligencia como el Batallón 601 y los destacamentos de inteligencia funcionan bajo las órdenes de los comandos de las zonas donde están emplazados”. Los otros destacamentos militares tienen un jefe de inteligencia, “esta acción permite entender que todos operaban en conjunto”, sostuvo Segado.

En lo particular de este juicio, Segado se refirió al destacamento de inteligencia 101 de La Plata, que dependía del Comando del Primer Cuerpo del Ejército. La especialista explicó que “faltan los libros históricos de los años 76 y 77”, pero aclaró que se puede reconstruir su funcionamiento cruzando otros documentos como por ejemplo el “resumen numérico del personal” donde figuran quienes prestaban servicio en esa unidad.