Nos reciben en un depósito del Polo Obrero en Parque Patricios. Allí realizan talleres de percusión y formación musical para jóvenes. Están preparando los instrumentos para la murga que va a participar de la marcha a veinte años de la rebelión popular. Germán “Pecho” Anzoategui y Hernán “El Cabra” De Vega lideran la banda de rock de protesta Las Manos de Filippi. Participaron en forma directa e incluso indirecta de aquella rebelión popular.

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Es que, ya desde mediados de la década del noventa, fueron aportando en el ámbito del rock nacional al proceso de luchas primero contra el menemismo y luego contra el gobierno de Fernando De La Rúa. En 1994 compusieron Sr. Cobranza, el tema popularizado por Bersuit Vergarabat en 1998 que adelantaba el clima que se estaba incubando.

Luego aportarían temas vinculados con el movimiento piquetero. Primero Cutral–Co en el que, ya en 1998, largaban sin pelos en la lengua que “Hay que matar al presidente” y más adelante, entrado el 2002 y en el marco de la rebelión popular, “Los métodos piqueteros”. El Cabra recuerda que “antes del quilombo las radios estaban copadas por las compañías discográficas y solo pasaban música lavada. Tipos como Pergolini decían que las bandas contestatarias ya eran el pasado y que la canción de protesta era de los ’70. Nos tildaban de Pedro y Pablo”. Sin embargo, “después del 19 y 20 de diciembre Pergolini abría todos los días el programa con ‘Hay que matar al presidente’. Fue un avance muy bueno de las bandas pero que tuvieron todas las organizacionesjunto al movimiento piquetero”.

De Vega cuenta que “en 1997 habíamos estado tocando en Cutral Có en pleno piquete. Veíamos que se venía pudriendo pero estaba tapado, como las bandas. Los piquetes rompieron el cerco y llegaron a la capital. La clase media que decía esa pelotudez de que el ‘derecho de uno empieza donde termina el del otro’, el 20 de diciembre, cantaba‘piquete y cacerola la lucha es una sola’”.

Más allá de sus aportes artísticos, ellos mismos participaron poniendo el cuerpo de esas jornadas y lo siguen haciendo. De hecho, participan activamente de la lista naranja Músicos Organizados que en estas horas disputa la conducción del Sindicato Argentino de Músicos (SADEM).

Sobre aquellas jornadas, Pecho Anzoategui recuerda que “la cosa venía muy mal. En las giras en Neuquén nos pagaban con Patacones y -ironiza- en Córdoba con ‘cordobacheck’”. “El 19 de diciembre tenía fecha para tocar con una banda amiga, Las Trolas, en el Salón Pueyrredón, en Pacífico. Estábamos probando sonido y De la Rúa dictó el estado de sitio. Nos asomamos por el balcón y por Santa Fé se veía fuego en toda la avenida y hasta Cabildo. De repente, estábamos prendiendo fuego todo en la esquina. A la hora subimos al salón y desde el balcón no se veía más fuego sino una marea humana. Con otro de los músicos nos fuimos a la Plaza de Mayo. La banda tocó igual, pero los que nos fuimos a la plaza, ya no volvimos a tocar con ellos”.

Pero para El Cabra, el salto en la organización de los músicos vino después: “En ese momento estábamos todos en modo Pomelo (por el personaje de Capusotto). No había llegado Cromañon que fue un shock de conciencia obligatorio. Los músicos empezaron a sentirse trabajadores y ya no importaba el género. No era solo el rock de protesta el que tenía que militar. Hay luchadores en el tango y en todos los estilos. Se empezó a entender la necesidad de organizarse y salir a defender nuestros derechos como laburantes”. Ahí, interrumpe Pecho, “armamos primero Músicos Unidos por el Rock (MUR) y luego Músicos Organizados (MO), para pelear por lugares donde tocar y poder vivir de la música como laburantes. Armamos lista para presentarnos tres veces en la elección del sindicato. Una vez nos estábamos en el padrón, otra vez no nos dejaron votar y ahora nos desafiliaron junto con miles de músicos porque no pagamos la cuota en la pandemia por problemas de plata y porque la sede estuvo cerrada cuando los músicos más lo necesitábamos. Salvamos la lista y vamos a pelear por un sindicato que defienda a los trabajadores”.

Pero el sello de banda solidaria con los conflictos de los trabajadores no quedó nunca de lado, “hacíamos festivales en ‘Filo’ para los fondos de huelga de Zanón y Brukman. Hicimos en Plaza de Mayo con los piqueteros y con la FUBA por Mariano Ferreyra.  También estuvimos en el festival en Parque Centenario contra el vaciamiento de Tiempo Argentino”. Pecho agrega: “Mucho lo aprendimos en festivales con la FUBA, hicimos uno con dos escenarios para que las bandas pudieran tocar. Pero no éramos una productora, la idea era luchar contra el Estado por nuestros reclamos. Fuimos a Honduras a tocar contra el golpe. Eso no era joda, no era con piedras la cosa, había fierros y francotiradores”.

La pandemia golpeó en particular a los músicos y artistas que viven en la precariedad. Allí también se pusieron al hombro la tarea de organizar asambleas para exigir asistencia al Estado. “La pandemia nos liquidó. Fuimos los primeros en dejar de laburar sabiendo que seríamos los últimos en volver. Todavía no volvimos a tocar. Nos cagamos de hambre pero seguimos organizados de manera virtual con juntadas de firmas y festivales virtuales. El gobierno no dio respuestas pero la encontramos, de nuevo, con las organizaciones piqueteras”. El trompetista recuerda que bajo el gobierno de Macri participaron de un festival en Desarrollo Social con las organizaciones sociales y sumaron en el pliego el reclamo de los trabajadores de la cultura. «Lo aceptaron y, ahora lo ejecutó Alberto. Conseguimos Potenciar Trabajo para músicos desocupados que dan talleres en los barrios. Está buenísimo porque le resolvemos parte del problema a los músicos que no tienen laburo y los pibes aprenden, salen de la calle y se ligan a la idea de que hay que estar organizados y en lucha. Es muy positivo, estamos muy entusiasmados aunque sabemos que necesitamos terminar con la precariedad del trabajo creando circuitos públicos para garantizar el acceso a la cultura de la población”.

A la hora de un balance, para Pecho, al final, “No se fue nadie. En los sindicatos y en los gobiernos siguen los mismos. Para El Cabra “los problemas se acentuaron, hay más pobres que antes. El kirchnerismo acomodó un poco las cosas para que el sistema siga funcionando. Eso sí, con organizaciones que existen la próxima que haya que salir a prender fuego todo, no se va a disipar, nos va a agarrar mejor parados”. “Claro -refuerza Pecho- tenemos 20 años de experiencia”.