Este 4 de julio, los Estados Unidos de América celebraron los 250 años de la Declaración de Independencia y de la construcción, históricamente conflictiva, de una democracia liberal estable. Esta fue lograda después de una sangrienta guerra civil entre los estados del norte y los del sur. Hoy constituye la potencia económica, militar, científica y tecnológica más vigorosa del occidente colectivo. Mas ese proceso histórico merece un análisis crítico y desprejuiciado para entender las vicisitudes en el siglo XXI.

Los Padres Fundadores de los Estados Unidos plasmaron sus ideales y promesas políticas en dos documentos centrales: la Declaración de Independencia (1776) y la Constitución de los EE. UU. (1787). A lo largo de su historia, el gobierno de los Estados Unidos ha avanzado con dificultades o ha postergado estas promesas debido a contradicciones internas o conflictos externos. Con perspectiva histórica, analicemos lo ocurrido con la excelsa Declaración de Independencia que redactó Thomas Jefferson.

Estados Unidos: los contrastes de un imperio que cumplió 250 años

Esa Declaración proclamó la igualdad de todas las personas. Los Padres Fundadores, incluido Jefferson, poseían esclavos y protegieron la esclavitud legalmente en la Constitución original. La segregación racial institucionalizada (leyes de Jim Crow) violó este principio hasta mediados del siglo XX. En cuanto a los derechos inalienables (vida, libertad y búsqueda de la felicidad), el gobierno estadounidense arrebató las tierras a las naciones nativas, tal como hicieron los conquistadores españoles en América Latina.

El consentimiento de los gobernados y la promesa de que el gobierno extrae su poder del voto y consentimiento del pueblo fue selectiva. Las mujeres no obtuvieron el derecho al voto hasta la Decimonovena Enmienda en 1920. Las minorías étnicas enfrentaron bloqueos sistemáticos para votar hasta la Ley de Derechos de Votación de 1965.

Respecto al derecho a la privacidad y el debido proceso, la Cuarta Enmienda constitucional protege a los ciudadanos contra la intromisión estatal en sus comunicaciones y garantiza el debido proceso con la presunción de inocencia como su piedra angular. Sin embargo, los programas de vigilancia masiva (como el espionaje de la NSA revelado en la década de 2010) vigilaron las comunicaciones de millones de ciudadanos sin órdenes judiciales individuales. Asimismo, la prisión de Guantánamo retuvo a prisioneros de forma indefinida sin cargos formales ni acceso a juicios civiles.

Sobre evitar las expansiones imperialistas, en su discurso de despedida, George Washington advirtió firmemente contra las acciones imperiales en el extranjero. Pero durante los siglos XIX, XX y XXI, el país adoptó un rol de intervencionismo extranjero recurrente en América Latina, Asia y Medio Oriente.

Estados Unidos: los contrastes de un imperio que cumplió 250 años
Foto: AFP

Pero sería injusto no señalar otros roles luminosos que jugó el país en la Primera y Segunda Guerra Mundial, así como en la creación del sistema institucional surgido después de 1945. En la Primera Guerra fue fundamental su aporte con dos millones de soldados, con los apoyos financieros a Francia y el Reino Unido, y posteriormente con la creación de la Sociedad de las Naciones que fervorosamente impulsó el presidente Woodrow Wilson.

En la Segunda Guerra combatió al Japón militarista en el Pacífico y lideró el desembarco de Normandía para apoyar la colosal lucha del Ejército Rojo de la Rusia Soviética y acompañarlo en la liberación de Europa del nazi-fascismo. Igualmente fue cardinal el liderazgo estadounidense en la creación de las Naciones Unidas (ONU), entidad que hoy pasa por una crisis existencial, pero que en sus 80 años de existencia ha contribuido a evitar una tercera guerra que, por su carácter termonuclear, retrotraería a la humanidad a la Edad de Piedra.

Hoy ese país está ante gigantescas disyuntivas:

Estados Unidos: los contrastes de un imperio que cumplió 250 años
  1. Preservar su sistema electoral, amenazado por maniobras impulsadas desde la Casa Blanca que intentan modificar el sistema electoral en distritos y convertir al ICE en un ejército privado que aterre a votantes de origen racial distinto a los angloamericanos quienes, según encuestas, son mayoritariamente adversarios de las políticas migratorias de Donald Trump. El objetivo es conseguir su ausencia en las urnas en las elecciones intermedias de noviembre. También la Casa Blanca pretende impulsar fraudes cibernéticos en las urnas, como denuncian intelectuales y políticos opositores al inquilino de la Casa Blanca. La otra opción es conseguir frenar en la calle y en las cortes de justicia esos intentos fraudulentos y autoritarios.
  2. Volver a los acuerdos con Rusia de la cumbre de Alaska, reanudar la normalización de las relaciones entre las dos mayores potencias nucleares y restablecer los acuerdos de estabilidad estratégico-nuclear, o mantener la actual situación de incertidumbre jurídica que fomenta la proliferación nuclear.
  3. Cumplir lo acordado con China en la cumbre de Xi Jinping y Trump celebrada en Beijing, abandonando seriamente la guerra arancelaria que sólo trae incertidumbre e inestabilidad a la economía mundial, o aceptar que esa incertidumbre se prolongue en beneficio de quienes usan la información privilegiada que les otorga el poder político para acrecentar su riqueza personal a costa de los consumidores en el mundo.
  4. Cumplir el memorándum de entendimiento que iniciaba el camino a la paz con Irán o aceptar que continúe el incendio bélico en el Medio Oriente, olvidando las lecciones de la historia que enseñan que la invasión a Irak, la destrucción de Libia o la guerra de Afganistán solo fueron aventuras fracasadas. La guerra de Irán amenaza con transformarse en un conflicto prolongado que termine con fracasos semejantes a los de Bahía de Cochinos en Cuba, la guerra de Vietnam o la ocupación de veinte años de Afganistán, cuyo resultado fue que el poder continúa en manos de los talibanes. La alternativa es resignarse a la opción de que la «paz mediante la fuerza» fracase una vez más en su pretensión de sustituir a la diplomacia profesional para solucionar controversias internacionales.
  5. Abandonar su rol de gran potencia administradora y beneficiaria del narcotráfico mundial como principal demandante e impulsor de la oferta de estupefacientes, distribuidor eficaz de las drogas por bandas estadounidenses que circulan por el territorio nacional, principal exportador de las armas que utilizan los carteles contra los estados que combaten seriamente a las bandas narcotraficantes, y primordial lavador del dinero de procedencia ilícita —como los 300.000 millones de dólares de Joaquín «El Chapo» Guzmán depositados en la banca estadounidense—. O, por el contrario, resignarse a que ese papel terrible lo siga cumpliendo Estados Unidos en el mundo y que, además, lo use como instrumento de su cambiante política exterior. Un ejemplo fue el famoso caso Irán-Contras, cuando se traficó drogas del Medio Oriente para financiar a los insurgentes nicaragüenses contra el régimen sandinista en el gobierno de Ronald Reagan. Otro caso reciente ocurrió cuando el presidente Trump, del mismo partido que Reagan, indultó al narco expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, condenado a 45 años de prisión por la justicia estadounidense.
  6. Ponerle fin a la política antimigrante que se ha vuelto una persecución ilegal de migrantes documentados o indocumentados. Un Estado tiene pleno derecho a regular legal y racionalmente las migraciones. Mas no puede racializar la sociedad y perseguir a cualquiera por su aspecto físico o el color de su piel. Ese comportamiento provoca incidentes que, solo en el caso de los mexicanos, ha cobrado la vida de 17 personas asesinadas por el ICE. La tétrica opción contraria es aceptar la creciente fascistización del gobierno, traicionando la propia historia de Estados Unidos como receptor de migraciones que construyeron el país durante 250 años.
  7. Coadyuvar en la necesidad mundial de regular la esfera digital por sus terribles efectos negativos en la política, en la cultura, en el deporte, en la vida cotidiana y en las capacidades cognitivas de los seres humanos, hoy inundados por noticias falsas construidas con inteligencia artificial y difundidas por redes sociales. Los consumidores ya sufren en ciertos supermercados de Estados Unidos y España la epidemia —que puede volverse transnacional— de «los precios personalizados», debido a que los centros comerciales poseen la información de sus clientes y adaptan los precios de forma individual.