“Creemos que el futuro del fútbol se encuentra en un momento crítico -dijo el viernes Yasser Al-Misehal, presidente de la Federación de Arabia Saudita, durante la videoconferencia del Congreso anual de la FIFA-. Ha llegado el momento de considerar qué es lo mejor para la gestión de nuestro deporte”. Al-Misehal, entonces, elevó la propuesta: que los Mundiales sean cada dos años, en lugar de cada cuatro, una temporalidad que se mantiene desde la primera edición de Uruguay 1930. Con 166 federaciones a favor y 22 en contra, la FIFA estudiará la “viabilidad”. El anuncio hizo crujir la estructura del fútbol mundial. En enero, Gianni Infantino, presidente de la FIFA, se había reunido con el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed bin Salmán, en el marco de la cumbre del Consejo de Cooperación del Golfo. Es la misma FIFA que puso el grito en el cielo porque perdía el control del negocio cuando un grupo de clubes ricos de Europa intentó crear la Superliga. Ávida de captar “nuevos consumidores”, la FIFA pretende ahora transformar los Mundiales en un videojuego: que cada dos años salga una actualización. El costo acaso sea terminar de romper los Mundiales, ese fútbol que conocimos.

A través de un fondo de inversión del gobierno saudí, Mohamed bin Salmán intentó comprar el año pasado el 80% del Newcastle de la Premier League, a cambio de 388 millones de dólares. Se convertiría en el propietario de un club con el patrimonio más alto (368.000 millones de dólares). Criticado por violaciones a los derechos humanos, asesinatos y censura, pero sobre todo a partir del reparo de la cadena qatarí BeIN Sport, dueña a cambio de 500 millones de dólares de los derechos de la Premier League para transmitir en África y Oriente Medio, Arabia Saudita (Mohamed bin Salmán) se quedó sin el Newcastle. BeIN Sport había denunciado por robo de sus transmisiones a la emisora ​​pirata beoutQ con sede en Arabia Saudita en la Organización Mundial del Comercio. En un comunicado, la FIFA le exigió a ese país “tomar las medidas necesarias”.

Mohamed bin Salmán, según un informe de inteligencia estadounidense, aprobó “una operación para capturar y matar” al periodista Yamal Jashogyi, crítico de la monarquía saudí. ¿No irá ahora Arabia Saudita por la organización de su Copa del Mundo, después de Qatar 2022, primer Mundial en la historia que se jugará en Oriente Medio, en diciembre por el calor y no a mitad de año, como dicta la tradición? Arabia Saudita, cuya federación propuso los Mundiales masculino y femenino cada dos años, no tiene una selección femenina de fútbol. “Debería quedar muy claro para todos en la FIFA que Arabia Saudita está intentando utilizar el glamour y el prestigio del deporte como una herramienta de relaciones públicas para distraerse de su pésimo historial de derechos humanos”, advirtió Amnistía Internacional después de que Infantino promocionara las relaciones públicas con Arabia Saudita en un video en el que destaca que la comida saudí es “deliciosa”. “Arabia Saudita tiene un paisaje asombroso, una historia increíble -dice el presidente de la FIFA en el spot-. El mundo debería venir y verlo”.

En el primer año como presidente de la FIFA, Infantino extendió de 32 a 48 las selecciones participantes en un Mundial, formato que se estrenará en Estados Unidos, Canadá y México 2026. La intención era que los 48 equipos se presentasen en Qatar 2022. Bloqueado hasta enero por el resto de los países del Golfo Pérsico, Qatar no encontró un socio para la organización. Rusia 2018 le generó 6000 millones de dólares en ganancia a la FIFA, entre derechos de transmisión y acuerdos comerciales. “¿Si tendremos un Mundial cada dos años? Sólo el tiempo lo dirá”, dijo Infantino. Un Mundial cada dos años afectaría a los amistosos internacionales, a las clasificaciones a la Copa del Mundo, a las Copas de cada confederación, a los clubes y, sobre todo, a los futbolistas. FIFPro, sindicato de jugadores, apuntó que pueden aumentar las lesiones. “Somos esclavos de la FIFA”, había marcaddo Toni Kroos, futbolista de Real Madrid y la selección de Alemania. ¿Y los hinchas, la masa de fanáticos que convirtieron a los Mundiales en lo que son, clave en la caída del proyecto de la Superliga, cómo podrán intervenir en las decisiones de la FIFA?

La organización del fútbol atraviesa momentos cruciales. Infantino quiere remodelar la estructura. Y colocar a la FIFA en el centro de las reformas. En 1999, Joseph Blatter, entonces presidente de la FIFA, había propuesto una Copa del Mundo cada dos años. “Una cita cuatrienal está ya desfasada -le dijo Blatter al diario SonntagsBlick-. Data de la década del 30, cuando los equipos viajaban de un continente a otro en barco. ¿Queremos fútbol de selecciones o solamente entre clubes?”. Se había formado el G-14, grupo antecesor a la actual Asociación de Clubes Europeos, con el objetivo de armar una Superliga. La historia se repite. Ahora vuelve con un calendario saturado, en plena pandemia mundial. La Asociación de Clubes Europeos ya calificó a la idea de “irreal”. “El punto de partida -contraatacó Infantino- no es que los calendarios sean ya muy apretados y nada pueda cambiar. Todo lo contrario. Estamos ante una hoja en blanco. Para después de 2024, estamos abiertos a cualquier sugerencia. La FIFA tiene un rol clave, es la única que genera beneficios y los distribuye. Los miles de millones que generan las principales ligas, ¿dónde terminan?”.

En la burbuja económica del fútbol, los Mundiales inflados podrían hacer perder la magia, esa pausa temporal cada cuatro años en la vida. “Hay que prestarle atención al riesgo de convertir al producto en menos especial, lo que puede llevarlo a ser menos prestigioso y de ahí que el impacto económico también sea incierto”, apuntó Raffaele Poli, director del Centro Internacional de Estudios del Deporte (CIES). Si la Superliga Europea no prosperó fue porque los creadores no llegaron al “acuerdo esencial” con “W01”, como figuraba en el contrato confidencial de fundación. “W01”, contó el periodista Tariq Panja en New York Times, era la FIFA, escandalizada en público, negociadora en charlas privadas durante meses. Después de que la UEFA aprobara que, a partir de 2024, la Champions League tendrá más equipos y más partidos, la FIFA movió a la Dama en el tablero del fútbol: los Mundiales, la Copa del Mundo, un torneo que tendrá su centenario en 2030. “Quizá deberíamos preguntarle a la UEFA y a la FIFA si pueden ampliar los años -ironizó Pep Guardiola, entrenador del Manchester City, finalista de la Champions-. Quizá podríamos tener 400 días por año”.